!!! Bienvenido ¡¡¡

Gracias por entrar. Antes de irte, echa un vistazo y comparte con nosotros. Nos interesa conocer todo lo que quieras compartir. ¿Has hecho algún descubrimiento deslumbrante? ¿Una película, un poema, un cuadro, un disco? ¿Una ciudad, un paisaje? Ábrenos una ventana y nos asomaremos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Se anuncia una exposición de Nicolás Müller en la Fundación Canal

Hoy he recibido una excelente noticia: la Fundación Canal está organizando una importante exposición de la obra del fotógrafo Nicolás Müller con motivo del centenario de su nacimiento, que se podrá visitar a partir del 28 de noviembr, 125 imágenes seleccionadas por el fotógrafo Chema Conesa, pertenecientes al archivo del fotógrafo del que es depositaria su hija, la también excelente fotógrafo Ana Müller. Ya era hora de que este país agasajara a Müller, un maestro de la fotografía perteneciente a la misma generación que Robert Capa, Brasaï o Kertész.















De origen húngaro, como el propio Capa, tuvo que abandonar su país cuando los nazis se hicieron con el poder, recorrió Europa y vino a instalarse a España, donde desarrolló la mayor parte de su trabajo. Captó como pocos la realidad de nuestro país, retrató a artistas e intelectuales de su época (abro con uno de los retratos que realizó a Pio Baroja, en esta ocasión paseando por El Retiro madrileño, en 1950), y terminó afincándose en Andrín, un precioso pueblo de la costa oriental de Asturias, donde tuve la suerte de conocerle y tratarle. Un hombre amable, humilde y acogedor, del que guardo un recuerdo entrañable.












"Müller es el fotógrafo que domesticó la luz", afirmaba Ortega y Gasset. En unos días podremos disfrutar de su obra.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Miquel Martí i Pol, "Amada Marta"

Amada Marta es uno de mis poemarios más queridos, al que vuelvo a menudo. Traducidos por otro excelente y querido poeta, Joan Margarit, del que creo haber traído poemas a Mi casa, sus versos siempre me emocionan. Un botón de muestra:

Mucho amé y amo mucho todavía.
Lo digo alegre y algo sorprendido
por tanto amor que a todo clarifica.
Mucho amé y amaré aún mucho más
sin ningún miramiento ni otras trabas
que me escatimen el placer profundo
al que muchos dirán incomprensible.
Digo feliz: amé y mucho amaré.
Deseo que lo sepa todo el mundo.
Desde la altura clara de este cuerpo
que es para mí tornavoz o respuesta
si el deseo reclama plenitudes,
desde la intensidad de una mirada
o bien desde la espuma de algún beso
proclamo yo mi amor: lo legitimo.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Maxim Vengerov, alarde de virtuosismo en el Auditorio

Dicen de él que es, si no el mejor, uno de los mejores violinistas del mundo Y posee un Stradivarius. adquirido por una fortuna en una subasta de Christies, que perteneció al violinista y compositor francés Rodolphe Kreutzer. Mi inexperiencia me impide valorar en su medida el extraordinario sonido de tan valioso instrumento, pero os puedo asegurar que es una gloria escucharlo. Pese a que el violinista ruso aparcó el violín durante unos años para dedicarse a la dirección, aseguran los críticos que su regreso, hace dos años, le confirma como uno de los mayores virtuosos de la actualidad. Hace unos días nos ofreció en el Auditorio un concierto memorable, acompañado de una menos recordable Polish Chamber Orchestra, a la que dirigía simultáneamente. Me da la impresión de que este hecho le hurtó algo de brillantez al conjunto, aunque su actuación fue excelente. Imagino el delirio si hubiera sido la Filarmónica de Berlín, por ejemplo, quien le arropase.

Me gustó mucho el programa, comenzando con los Conciertos núm. 4 y 5 de Mozart (y eso que no es el compositor que más me conmueve: el Núm. 5 es una preciosidad), pero fue la segunda parte, dedicada a Chaikovsky, la que me hizo volar. Entre los compositores rusos y yo debe haber algo personal, seguro. Su pasión, sus sentimientos desgarrados, lo excesivo de su temperamento tienen en mí un eco inmediato. Primero fue la Serenata melancólica, luego el Recuerdo de un lugar querido (absolutamente maravilloso) y, para terminar, el Vals-Scherzo Op. 34. Una delicia. Dado el entusiasmo del respetable, nos regaló dos piezas de Saint-Saëns, una Habanera y la Introducción y rondó caprichoso, esta última  solo apta para virtuosos, en la que se lució.

Os dejo con la Serenata melancólica:

viernes, 8 de noviembre de 2013

Un día casi perfecto

Ayer me planté un jacinto. Quiero decir, me hice un regalo: me regalé el día. Os lo voy a contar. La jornada comenzó como siempre: gimnasio, desayuno con los periódicos; pero después de las abluciones de rigor y de dejar "mi casa sosegada" (como decía un poeta, quizá Rosales, no recuerdo), hice caso a Benedetti (hoy, como veis, estoy inspirada) cuando escribió fabulízate de una vez por todas/ métete en tu ropita nuevamente/ mundízate milágrate y entonces/ apróntate a salir y a salpicarte/ calle abajo novada y renovada y me sumergí en la vorágine de la ciudad que estos días parece un vertedero, los transeúntes esquivando mondas de naranja, plásticos e inmundicias varias, con su panoplia de olores nauseabundos (regalo de la señora Botella, Alcaldesa por mor de su santo esposo, que vive en la pulcrísima Moraleja y viaja en coche oficial hasta el Palacio de Correos, con cristales ahumados no sea que las basuras esparcidas por la acera ofendan su aristocrática mirada), a punto de estallar. Me mezclé, y caminé hasta la calle Princesa, haciendo un alto en la verja del Palacio de Liria, para cotillear.












El Palacio está rodeado de una alta valla que hurta el jardín a la mirada curiosa, pero encontré un resquicio por donde asomar la nariz. Y muy cerca topé con esta casa de pisos cuyos balcones decoró el genial Mingote, alguno de cuyos regalos a la ciudad traje a Mi casa. Aquí tenéis a Baco, dispuesto a sacarle a la vida todo su jugo, y a la Venus del espejo, disfrutando se su propia belleza. Dos ejemplos a seguir.















Comí en una taberna vasca sita en una bocacalle de princesa, El Pimiento Verde, unas alcachofas fritas y una tortilla de bacalao exquisitas (muy recomendable). Todavía no resulta muy frecuente encontrar a mujeres comiendo solas y debí resultar pintoresca para un grupo de señores sentados a mi lado que no me quitaron ojo durante el almuerzo. Les interesó mi comida, el libro que leía y mi conversación con la camarera. En fin.











Después de comer, doble sesión de cine: La herida, de Fernando Franco, y Gloria, de Sebastián Lelio. Dos películas sobre mujeres de las que os hablaré uno de estos días. Y entre una y otra un café en la librería Ocho y medio, uno de los lugares más deliciosos para los amantes del cine, donde se pueden encontrar, además de libros y alguna película mítica, guiones originales, posters y objetos varios, todos relacionados con la cinematografía. Lo peor, dos euros veinte céntimos por un mísero café con leche. Un robo a mano armada. Lo doy por bueno si así logra sobrevivir un lugar tan encantador. Un día casi redondo.













jueves, 7 de noviembre de 2013

Los colores del otoño

Amarillos, ocres, verdes, rojos. En el otoño de mi infancia las aceras se tapizan con los erizos que caen de los castaños, se abren como cáscaras de huevo y dejan al descubierto la piel brillante y satinada de las castañas. Pocas cosas tan placenteras como salir a caminar una mañana de otoño, mejor si es día de fiesta y la ciudad parece adormilada, casi sin tráfico, casi silenciosa.






















Caminar, por ejemplo, por el Paseo de Recoletos y descubrir cómo recobra su romanticismo y su elegante y decadente belleza si nada lo disturba. Solo algún vecino madrugador pasea a su perro, con el periódico y la barra de pan bajo el brazo. Caminar hasta el Jardín Botánico, al que vuelvo una y otra vez, y siempre es diferente.












En otoño el jardín recobra un aire salvaje, un no sé qué indómito y desordenado que me enamora. Ya no se ven las flores perfectamente alineadas en los parterres, las plantas se desmochan y sacuden sus hojas a diestro y siniestro, incluso los árboles abandonan su uniformidad y se colorean a su antojo.












Voy huyendo de los pocos visitantes que descubro a lo lejos. Y termino sentada en mi rincón, mirando las copas de los árboles que forman una bóveda sobre mi cabeza, feliz.


miércoles, 6 de noviembre de 2013

Banksy y Nueva York

El grafiti con el que abro se encuentra en la calle Allen del Lower East Side neoyorquino, y es el primero de los que prácticamente a diario ha ido esparciendo Banksy por las cinco pedanías de la ciudad. Un buen día anunció en su página web que "mejor dentro que fuera" y viajó a Nueva York donde, durante el mes de octubre, ha ido burlando los sistemas de seguridad y colocando sus grafitis a diestro y siniestro. Esos dos chavales ataviados a la manera de los repartidores de diarios de principios de siglo, alcanzando un spray bajo el que se recuerda que está prohibido realizar pintadas, fue el primero de la serie.















Parece ser que ahora los responsables de la ciudad no saben si destruirlos o conservarlos, mientras que en el East New York los vecinos pretendían cobrar a los curiosos que desearan acercarse a "su" Banksy.










Lo que parece incontestable es que ha logrado mantener a una ciudad, que se caracteriza por no asombrarse de nada,  pendiente de sus andanzas. Y esta atención le ha servido como altavoz para lanzar dos mensajes: su defensa de 5pointz, un lugar mítico para los grafiteros que amenaza ser destruido por intereses inmobiliarios; y su crítica contra los rascacielos que se han levantado en la Zona Cero.



Forges

Forges, diario El País, 3 de noviembre de 2013

martes, 5 de noviembre de 2013

El cementerio de Luarca

La costumbre de visitar los cementerios durante estas fechas me ha hecho recordar algunos de los más hermosos que conozco, como este de la villa asturiana de Luarca, uno de los camposantos marinos más bellos de Asturias no solo por su ubicación, en un promontorio sobre el mar, sino también por su estructura y por la singularidad de sus panteones.












El primer enterramiento del que se tiene noticia data de 1849. Su orografía determinó que se estructurara en dos terrazas escalonadas, lo que permitió a la burguesía luarquesa erigir sus panteones en zonas estratégicas. Pero, al margen de la belleza arquitectónica de estos, este pequeño cementerio tiene un enorme encanto.












Quizá la tumba más visitada es la que os muestro sobre estas líneas, donde se encuentran los restos de Severo Ochoa (Premio  Nobel de medicina en 1959 y vecino de Luarca) y su mujer, Carmen Grande Covián. Una placa de mármol sobre la lápida reza: "Aquí yacen Carmen y Severo Ochoa. Unidos toda una vida por el amor. Ahora eternamente vinculados por la muerte". Ni una referencia a los honores recibidos por el científico.












Los arquitectos más importantes de la región fueron los encargados de proyectar los enterramientos de las familias más pudientes. A la derecha, el panteón de la familia de Ramón García, firmado a comienzos de los años veinte por Julio Galán Carvajal, compuesto por dos cubos superpuestos que corresponden a la cripta y la capilla, un cuerpo ochavado de tejado octogonal de pizarra. Revestido de piedra, los ornamentos son de temática geométrica y vegetal.



Me gusta especialmente el panteón de doña Germana González Rico, que os muestro arriba a la izquierda, una construcción neorenacentista de los primeros años del siglo XX, proyectado por Juan Miguel de la Guardia, responsable de muchos de los edificios más hermosos y emblemáticos de Oviedo. En la parte alta del promontorio se encuentra la Capilla de la Virgen Blanca, que veis a la derecha.



Y al otro lado de la atalaya se recorta la costa y esas casas colgando al borde del acantilado. Y cierro con dos imágenes sobrecogedoras: la tapia del cementerio, donde fueron fusiladas decenas de personas durante la Guerra Civil, y la panorámica que se contempla desde ella. 

lunes, 4 de noviembre de 2013

Piranesi: "Ruinas de una galería de estatuas en Villa Adriano"

En agosto de 2012, la Obra Social de La Caixa de Barcelona organizó en Madrid una magnífica exposición dedicada a Piranesi, a la que en su momento dediqué alguna entrada. He vuelto a recordarla al encontrarme en la Fundación Juan March con una de sus obras, Ruinas de una galería de estatuas en Villa Adriano, aunque en aquella ocasión las protagonistas eran sus Carceri.

"Cuando me percaté de que en Roma, la mayor parte de los monumentos antiguos yacían abandonados en campos y jardines, o bien servían de cantera para construir nuevos edificios, resolví preservar su recuerdo en mis grabados. Por lo tanto, traté de poner en ellos la mayor exactitud posible." No deja de resultar curioso que el afán del artista fuera documentar y preservar lo que quedaba del esplendor romano, y lo que realmente representan sus obras son espacios mágicos, en muchas ocasiones composiciones surrealistas, que te transportan más a mundos imaginarios que a escenarios reales.

Me fascina el romanticismo y la melancolía que transmiten estas construcciones semiderruídas, la naturaleza abrazando la piedra (recuerdo los templos de Angkor, en Camboya). Si ampliáis la imagen veréis a un personaje atravesando el arco de la derecha, quiero pensar que el mismo que se derrumba sobre ¿una tumba? abandonada, medita al amparo de la piedra, camina y se apoya en la pared de la izquierda. ¿Se abandona a alguna ensoñación?. Luego huye.

Estas imágenes son caldo de cultivo para mis delirios románticos. Los dominios de Drácula. No tengo cura.

Elvis Presley, "Are You Lonesome Tonight"



Una de las más hermosas baladas de Elvis Presley.

domingo, 3 de noviembre de 2013

"Un violín en el suelo", por Xuan Bello

"Nada hay más secreto que un castañeo. Un castañeo, para quien no sepa asturiano, es un bosque de castaños (en la lengua de aquí esos árboles son femeninos y se le llaman comúnmente 'les castañales'); nada más secreto y feliz que perderse por un castañeo, con una bolsa repleta de espectativas, y recoger uno a uno los dones de la intensidad. Después asaremos las castañas sobre la chapa de la cocina y ese olor y ese sabor tendrán la virtud de transportarnos a lo imprevisto pero infinitamente añorado. A mí, esa sensación cálida, ese roce en el alma como un susurro de arbustos sobre los hombros del silencio, me llevan a muchos sitios a donde vuelvo, con lágrimas a veces, muy alegre. Cierro los ojos y veo a mi abuelo Perfecto Bello en la cocina de Borrenes sacando del horno de la emoción unas castañas que había recogido, en el bosque del Chabarigo, aquella misma tarde; veo una esquina de Coimbra, en la rúa Ferreira Borges, y el vendedor que me alcanza un cucurucho y dice:
-O senhor estudante, ainda não sabe o secreto?
No, no sabía aún el secreto, pensé ante aquella frase tan misteriosa. El castañero me guiñó el ojo y me dijo que había estado una vez en España, en Zamora, y que por ver cómo era allí su oficio había comprado cinco escudos de castañas en un puesto.
-Aquí les echamos azúcar. Es el gusto portugués, muy diferente al de España. Ciclistas, abuelos con sus nietos, parejas que se pierden por el bosque en busca de ese rincón oculto que los latinos llamaban «imo» y donde es posible, de manos dadas, ver el reflejo, el rayo de oro, de la eternidad. Castañeos de Ponga libérrima, de Llanes acosada, de Piloña íntima o de Quirós trémulo y luminoso. Castañeos de Pravia, adonde fui por un día, en busca de la enamorada emoción del vagabundeo, y donde recordé que «el tiempo es oro / en el vuelo grave del otoño». Sensación de vida que se refugia, fraternidad con el musgo, pisadas que se deslizan furtivas sobre las hojas blandamente muertas. Una vez, en Madrid, coincidí con una chica, muy joven y simpática, que padecía de una nostalgia incurable de su Asturias. Estaba, además, indignada: le decía a mi mujer que había ido de excursión a Sierra Nevada y había visto desde lejos un castañeo inmenso. Se acercó con el corazón en un puño y vio un cartel y un guía. ¡Por veinte euros podía pañar cinco kilos de castañas!
-¿Páseslo a creer? ¡Por venti euros! -decía.

Los pagó, que echaba mucho de menos a su abuelo, y me contó una historia de su concejo natal, Llaviana. Algo había leído yo en una novela de Milio Rodríguez Cueto, algo sabía yo de la historia del rayo de oro. Aquella mocina me dijo que existía, en algún secreto rincón de Asturias, una castañal poderosa que producía un solo oriciu pero que sus castañas eran de oro purísimo y dormido. Cuando caía el oriciu y se abría por el efecto de la ley de la gravedad a la luz de la luna un finísimo rayo de oro iluminaba el mundo. Quien tuviese la suerte de verlo sentiría en su corazón una alegría súbita que explicaría su vida: podría ver la eternidad a través de la rendija del sueño y sería consciente de que todas las religiones son ciertas excepto la suya. Es muy difícil ver ese rayo enamorado de la vida pues un moro -en Asturias y en Galicia los tesoros ocultos los custodian moros y tienen título de funcionarios del Estado-lo recoge ávido y lo oculta en una cueva cercana. Si se descubre esa cueva -donde duermen secretos nada menos que tantos oricios como años tiene la castañalona- sólo una cosa hay que hacer; para poder entrar se debe tener en la memoria estos versos que podían ser de Maiakovski: «como un violín que acaba / de nacer en la altura». Neruda, a veces, tiene razón."

Xuan Bello, diario El Comercio, de Gijón, 27 de octubre de 2013.

sábado, 2 de noviembre de 2013

"El viaje definitivo", de Juan Ramón Jiménez

El viaje definitivo

Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando.
Y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido,
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y lejos del bullicio distinto, sordo, raro
del domingo cerrado,
del coche de las cinco, de las siestas del baño,
en el rincón secreto de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu de hoy errará, nostálgico...

Y yo me iré, y seré otro, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...

Y se quedarán los pájaros cantando.

viernes, 1 de noviembre de 2013

"La vida de Adéle", de Abdellatif Kechiche

Creo que La vida de Adèle es la película más hermosa, emocionante y creíble que he visto en mucho tiempo. Durante las tres horas que dura su proyección me mantuvo hipnotizada, pendiente de los gestos y las vivencias de sus dos protagonistas, absolutamente conmovida. Cuenta la historia de una adolescente que descubre su verdadera sexualidad al enamorarse de una joven culta y sofisticada, con la que conoce el amor, con su grandeza y su miseria, y la plenitud del sexo.









Extraordinariamente dirigidas por el tunecino Abdellatif Kechiche, las actrices protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Lèa Seydoux bordan una actuación memorable. Detrás de sus miradas, de gestos levísimos, logran transmitirnos una tormenta de sensaciones, todo el amor, el dolor, la desesperación, el deseo... Y las escenas de sexo son de una belleza deslumbrante.


Se ha llevado, con todo merecimiento, la Palma de Oro en el Festival de Cannes, y se habla de ella para los Oscar. Veremos si el puritanismo norteamericano no le hace luz de gas.

Gran cine, inolvidable película. No os la perdáis. Os dejo el trailer: