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martes, 21 de agosto de 2012

"Bestias", de Joyce Carol Oates

"Lo vi en el área de Oceanía del Louvre: el tótem.
Era una figura de madera primitiva y angulosa, de unos tres metros de altura, aparentemente una mujer con una cara tosca, larga y estrecha, ojos vacíos y un tajo por boca. Tenía unos pechos exagerados, dos listones de medio metro que caían desde los hombros como las ubres de una bestia. Y apretaba contra ellos lo que parecía un niño de teta. pero el niño era solo una enorme cabeza grotescamente redonda; el niño no tenía cuerpo. El tótem era descrito simplemente como una "figura maternal" indígena oriunda de la Columbia Británica, Canadá, y con al menos doscientos años de antigüedad.
  Ahí, ahí está.
  Después de todo no se quemó...
Estaba confusa, no podía pensar con claridad. En la fría y austera sala donde estaba expuesto, el tótem indígena desprendía un aire tan crudo, tan elemental, tan primitivo que apenas parecía humano. Mientras lo contemplaba noté un escalofrío. Le dí la espalda para marcharme, pero me sorprendí a mí misma regresando ante él, mirándolo de nuevo.Como si la madre criadora me hubiera llamado... ¿Gilliam? No tengas miedo. Somos bestias, ese es nuestro consuelo. Había algo de pesadilla. Algo obsceno. Imaginé cómo un hombre podía sentir que el deseo sexual se le encogía y marchitaba por dentro al contemplar esa cosa: el macho anhelante y ávido reducido aquí a una cabeza deforme apretada contra su madre casi hasta la asfixia. Una mujer sentiría desvanecerse por dentro toda la suavidad, la ternura que nos hace humanos."

Poco a poco voy leyendo todo lo que esta excelente novelista americana tiene publicado en castellano, en esta ocasión Bestias, traducida espléndidamente por Santiago Roncagliolo. Sé que es una perogrullada, pero qué imprescindible es una buena traducción, hasta que punto cuando es deficiente puede destrozar el mejor relato.

Te amo, podrida,
deliciosa podredumbre.

...gloriosas son las experiencias infernales,
órfico, delicado
Dionisio del inframundo.

Con estos versos de Birds, Beast and Flowers, de G.H. Lawrence, nos coloca Oates en el trampolín para sumergirnos en la narración. Y ya no poder salir a la superficie  hasta 158 páginas después. Novela gótica, cuento de horror, descenso a los infiernos de la depravación, una joya deliciosa, exacta, una prosa certera y brillante. Oates me tiene enamorada. Os traigo el arranque de la novela.

lunes, 20 de agosto de 2012

Adiós a Scott McKenzie


Esto fue más que una canción para mi generación. Ha muerto Scott McKenzie.

Hopper y el cine

Aunque Edward Hopper logró un lenguaje pictórico propio, una iconografía original e irrepetible, además de la influencia que su maestro Robert Henri ejerció en su formación, bebió de diferentes fuentes, comenzando por Velázquez y continuando por los realistas holandeses del XVII, Courbet o Manet.. Su estancia en París le permitió conocer de cerca a los impresionistas, aunque también otros pintores europeos influyeron en la definición de su lenguaje pictórico, como Albert Marquet, Félix Vallotton y el británico Walter Sickert. Pero quizá fue Degas quien con mayor nitidez dejaría su impronta en el tratamiento de la intimidad que caracteriza su obra.













También en el cine se pueden rastrear una serie de influencias recíprocas. Películas como Scarface, dirigida por Howard Hawks en 1932 y The Killers, de Robert Siodmak (1946) son buena prueba de ello. Paralelamente a la exposición de su obra, el Museo Thyssen  organiza un ciclo de cine en el que se puede comprobar esta recíproca influencia.

























Howard Hawks, Antonioni, Wim Wenders, David Linch, Terrence Malick, Todd Haynes, Douglas Sirk o Aki Kaurismäki son algunos de los cineastas cuya obra se hermana con la de Hopper.








Resulta apasionante rastrear a Hopper en el cine. Blue Velvet, Days of Haven, Sicosis, El amigo americano, Malas tierras o La Biblia de neón, en las imágenes que os muestro bajo estas líneas. Abriendo el comentario, una imagen de Home, de Ursula Meier.













Y termino con un trailer de The Hot Spot, de Dennis Hopper.


domingo, 19 de agosto de 2012

"Piedra de sol", de Octavio Paz

(...)

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
(...)

Fragmento del poema de Octavio Paz  Piedra de sol.  La imagen corresponde al monolito Piedra de sol.

sábado, 18 de agosto de 2012

Elvis Presley "Always On My Mind"



El día 16 se cumplieron 35 años de la muerte de Elvis Presley. Un excelente motivo para volver a disfrutar de su maravillosa voz.

"Prometheus", de Ridley Scott

Ridley Scott, director de Alien y Blade Runner, vuelve a la ciencia ficción con Prometheus, una película que confieso nunca habría ido a ver si no estuviera protagonizada por Michael Fassbender, actor que me tiene completamente fascinada. Su versatilidad es tal que hasta te da la impresión de poseer un físico diferente en cada película que interpreta. Y en esta hace un trabajo espléndido.
Por lo demás, Prometheus no me decepcionó, pasé hora y media muy entretenida, entre susto y susto, aunque en ocasiones el guión flojea y, no se si por que fue la primera, sigo prefiriendo Alien. Excelente la ambientación, la escenografía y la estética de la película. Os dejo el trailer.


viernes, 17 de agosto de 2012

Hopper; tras las ventanas

From Williamsburg Bridge, pintado por Hopper en 1928. Me resulta casi imposible hacer una selección de los cuadros que más me enamoran de la exposición que el Museo Thyssen está dedicando a Edward Hopper. Muchos los había visto reproducidos en libros, pero no por ello el impacto al tenerlos delante resulta menor. Otros, un verdadero descubrimiento. Pero ante todos me quedo fascinada. ¿Habrá existido algún pintor más literario?



El mismo año pinta Manhattan Bridge Loop y Freigtht cars. Gloucester, el óleo que veis abajo a la izquierda. House at Dusk, a la derecha, es de 1935.











Me fascinan estos paisajes urbanos. Un hombre solo camina bajo el sol  por el puente de Manhattan, al fondo las fachadas de los edificios, una sucesión de ventanas tras las que se supone vive gente. A veces se asoman, como en el cuadro con el que abro, y desde el puente de Williamsburd vemos una figura detrás del cristal, o quizá tenga abierta la ventana y esté entretenida mirando a los paseantes. En el cuadro de la derecha parece que estemos espiando algunas de las escenas de interiores que Hopper nos muestra en otros cuadros.




Room in New York y Hotel by a Railroad, firmados en 1932 y en 1952 respectivamente. ¿Qué descubre Hopper detrás de las ventanas? La soledad, la incomunicación. Cuando representa una pareja rara vez la muestra hablando, o compartiendo algo diferente al espacio físico. 










Sunday morning y Gas. El primero lo utilicé para ilustrar un texto del Libro del desasosiego, de Pessoa, que me vino a la mente la primera vez que lo vi. Lo podéis encontrar más abajo, a la derecha de esta página. Quizá sea Gas el cuadro que más me impactó de la exposición, una obra que conocía pero que hasta ahora no había podido ver. Su luz, desnuda y cegadora, brillando sobre las casas y el cemento de la calzada, cayendo a plomo sobre ese hombre solitario que se afana con la manguera. Una obra deslumbrante, nunca mejor dicho. Cierro con Cape Cool Evening y People in the sun, de 1939 y 1960, respectivamente. Dos extraordinarios cuadros en los que la luz del verano comparte protagonismo con esa incomunicación sempiterna en su obra: una pareja contempla desde el umbral de su casa los juegos del perro; un grupo de adultos toma el sol viendo caer la tarde. En silencio.












Más sobre la exposición de Edward Hopper en el Museo Thyssen de Madrid.

jueves, 16 de agosto de 2012

Forges

Forges, diario El País, 11 de Agosto de 2012

"El ocupante", de Sarah Waters

"Nunca he intentado recordar a Seeley su segunda y más extraña teoría: que a Hundreds lo consumió un germen oscuro, una voraz criatura de sombra, un "ocupante" incubado en el inconsciente intranquilo de alguien relacionado con la casa. Pero en mis visitas solitarias me he vuelto cada vez más vigilante. Alguna que otra vez intuiré una presencia o percibiré un movimiento por el rabillo del ojo y el corazón me dará un vuelco de miedo y expectación: me imaginaré que el secreto está por fin a punto de serme revelado; que veré lo que vio Caroline y lo reconoceré, como ella hizo."

Durante estos últimos días he vivido pegada a El ocupante, la última novela de la escritora galesa Sarah Waters, un texto que a veces me ha recordado los cuentos de Poe, otras veces el estilo de Henry James y que, sin llegar a los niveles de excelencia de ambos, me ha mantenido subyugada y expectante. He disfrutado de sus descripciones historicistas, he recreado fácilmente las figuras de sus protagonistas y sufrido la inquietud y el desasosiego de los acontecimientos que narra. Una novela muy entretenida, perfecta para estas tardes veraniegas.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Hopper, en el Thyssen Bornemisza

Hopper pinta Noctámbulos en 1942, inspirándose en un restaurante de la avenida Greenwich de Nueva York (restaurante que ya ha desaparecido), en Café de noche de Van Gogh, en las películas de gánsteres de los años treinta y de la novela Los asesinos, de Hemingway. Quizá sea este el cuadro más conocido de Hopper, el más sugerente, el más inspirador.

En 1914 pinta en Nueva York Soir bleu, un cuadro que cierra su etapa de aprendizaje y representa una escena en la terraza de un café de París. Él asume el papel de Pierrot, ocupando la parte central del cuadro. Y elige el título con toda intención, citando un verso de Rimbaud:

En las tardes azules de verano iré por los senderos,
picoteando por el trigo, a pisar la hierba menuda:
soñador, sentiré su frescura en mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.


Curiosamente no volverá a aparecer un payaso en su obra hasta su último cuadro, Dos cómicos, en 1965. De alguna manera Hopper se siente identificado con él, paradigma de la soledad. Este cuadro pertenecerá durante muchos años a Frank Sinatra, que en su canción Send in the Clowns parece referirse a la pareja de viejos cómicos que aparecen en él. Dos años después Hopper moría en su estudio de Washington Square.











Jo, su compañera de toda la vida, la modelo de muchos de sus cuadros, lo haría un año después. Aquí la tenemos en Mañana en una ciudad, de 1944  y en Sol de mañana, del 52. Dos cuadros similares: dos interiores domésticos, dos mujeres acaban de levantarse y contemplan abstraídas la ciudad a través de la ventana. La luz blanca del amanecer tiñe su piel con un viso mortecino.

Una instalación a cargo de Edward Lachman ilustra los recursos cinematográficos empleados por Hopper, herramientas de cineasta que él domina a la perfección. Pero de ello os hablaré en otra entrada. Volveré con Hopper, asiduo a Mi casa.

martes, 14 de agosto de 2012

"When You're Smiling". Louis Armstrong


Louis Armstrong nos invita a sonreir.

La televisión para Exley

No veo mucha televisión. No puedo decir que no me interese: cuando la enciendo suelo encontrar algo que despierta mi curiosidad y me mantengo atenta un rato pero siempre, invariablemente, termino levantándome del sofá y haciendo otra cosa. Al cabo de un rato la apago. A menudo comienzo a ver alguna de las películas que emiten a la hora de cenar, y las sigo con interés hasta que termino el postre y recuerdo el libro que me espera sobre la mesita de noche. Adiós película. Uno se ve obligado constantemente a elegir como gastar el tiempo, y atesora con avaricia lo que le queda empleándolo, en la medida de lo posible, en lo que más placer y felicidad puede reportarle. La televisión ofrece fundamentalmente entretenimiento, y "entretenerme" es exactamente lo que no deseo en absoluto.

Viene esto a cuento (o no) de unos párrafos que Frederick Exley dedica a tan popular electrodoméstico en su novela Desventuras de un fanático del deporte, de la que os hablé hace unos días. Dice así:

"Durante aquellos meses, ni una sola vez emanó de la pantalla una idea o emoción auténticas, y acabé por concebir que aquel medio era subversivo. Por su capacidad para el engaño, por sus mentiras sin ambages, por su falta de carácter, por su debilidad mental, por su violencia sin objeto, por las repugnantes personalidades que quiere que nuestra juventud emule, por su infinita y humillante concesión a nuestras fantasías, la televisión mina la fuerza del carácter, vacía nuestras venas y corrompe irreparablemente la noción de realidad. Pero es un medio tierno y encantador; y cuando ha completado su salvaje trabajo y reducido al adulto al estado de recién nacido baboso y balbuciente, se alza siempre equilibrada, semejante a una madre pechugona, para llevarnos otra vez al refugio de sus tetas de pardos pezones."

lunes, 13 de agosto de 2012

"Canción errónea", de Antonio Gamoneda


No hay causa en mí. En mí no hay
más que cansancio y
un antiguo extravío:
                             ir
de la inexistencia
a la inexistencia.
                         Es
un sueño.
               Un sueño vacío.

Pero sucede.
                    Yo amo
todo cuanto he creído
viviente en mí.
                      Amé las manos
grandes de mi madre y
aquel metal antiguo
de sus ojos y aquel
cansancio lleno de luz
y de frio.

              Desprecio
la eternidad.
                   He vivido
y no sé por qué.
                         Ahora
he de amar mi propia muerte
y no sé morir.

                     Qué equívoco.

Reproduzco este poema de Gamoneda publicado en El Cultural del diario El Mundo el 22 de junio de 2012. Forma parte de una recopilación de poemas inéditos recogidos por el periódico, bajo el título Doce poemas inéditos frente a la inclemencia. El poema que os ofrezco forma parte del libro Canción errónea que recoge la última obra de Antonio Gamoneda y que próximamente verá la luz.

domingo, 12 de agosto de 2012

Una mañana en el Reina Sofía

Mañana de sábado. Hace un calor de caen los pájaros pero, después de mi segundo café con periódicos, lo que menos me seduce es encerrarme en casa. El cielo es azul marino y la ciudad me tienta con infinitas posibilidades de placer, de manera que, como una guiri cualquiera, agarrada a mi botella de agua me entrego a la solana y aterrizo en el Museo Reina Sofía.












Este museo tiene varias cosas que me resultan muy atractivas, al margen de su espléndida colección de arte (Guernica incluido) y de sus siempre interesantes exposiciones temporales, que nos permiten hacernos una idea de las inquietudes artísticas más vanguardistas vigentes fuera de nuestras fronteras: su librería, su patio interior y la terraza, un lugar perfecto para descansar después de la visita, leer mientras tomas una cerveza y contemplar Madrid.












El espacio que ocupa la terraza es fantástico: acero y cristal, líneas y ángulos puros mientras el vidrio refleja el desorden de los tejados madrileños, coches y árboles, luz y sensualidad entre tanta pulcra exactitud.












Estoy en el llamado Edificio Nouvel, la ampliación del museo realizada en 2001 por el arquitecto Jean Nouvel, adaptado a la fachada sudoeste del Edificio Sabatini, antiguo Hospital de San Carlos mandado construir por Carlos III al arquitecto Francisco Sabatini, un edificio de estilo neoclásico que funcionó como centro sanitario hasta 1965. Su remodelación como museo corrió a cargo de Antonio Fernández Alba, en 1980.












El patio del Edificio Sabatini es una delicia. Imprescindible sentarse en un banco a la sombra, con el relajante sonido de las fuentes al fondo. Dos espléndidas esculturas acompañan a las fuentes: Carmen, de Calder, abajo a la izquierda, y Homenaje a San Juan de la Cruz, de Chillida, a la derecha.












sábado, 11 de agosto de 2012

Piranesi, Bach y el mundo de las sombras

Toda la obra de Piranesi es fascinante. Recorro la exposición organizada por la Obra Social de La Caixa en Madrid y me quedo pegada a cada grabado, se trate de una chimenea, un jarrón, una vista urbana o un interior. Pero ya os hablaré de todo ello otro día; hoy solo quiero compartir con vosotros mis sensaciones ante el conjunto de grabados que forman Carceri, aquellos que os mostré hace unos días con un texto de Marguerite Yourcenar. Un mundo cerrado, oscuro (no se ven ventanas, ¿por dónde entrará la luz?); un laberinto de piedra que vuelve sobre sí mismo eternamente, sin llegar a ningún sitio; un espacio claustrofóbico, húmedo y frío. El mundo de las sombras. Y sin embargo mi  espíritu romántico se siente en su casa, quizá porque me devuelve el universo de las novelas góticas, porque no me cuesta trabajo eliminar todas las figuras y traer a Drácula y sus seres infrahumanos a vivir entre estos muros. Dolientes espíritus enamorados arrastrando sus cadenas por el piso de piedra, sus lamentos multiplicados por el eco. Seres de la noche. No me extraña que escritores como Samuel Taylor Coleridge o Thomas de Quincey se inspiraran en ellos.

Y me ha fascinado el corto que se proyecta en la sala, realizado a partir de los 16 grabados de Carceri trabajados en 3D, un itinerario por sus estancias mientras suena la Suite para violonchelo nº 2 de Bach interpretada por Pau Casals. No lo he encontrado en la red, pero sí un fragmento de El sonido de Carceri, un trabajo realizado por el chelista Yo-Yo Ma y el director François Girard, en el que exploran la relación entre la música de Bach y la arquitectura de Piranesi, su contemporáneo, generado por ordenador y  reproducido en tres dimensiones. Merece la pena verlo.



viernes, 10 de agosto de 2012

Jitka Hanzlová en la Fundación Mapfre


"Todo mi trabajo gira alrededor de la idea de qué es hogar, de dónde se encuentra el hogar". En 1982, Jitka Hanzlová abandona Checoslovaquia, deja atrás su hogar y su familia, y se instala como exiliada política en Essen, Alemania. Hasta que no cayó el muro de Berlín, en 1990, no pudo regresar. Al mismo tiempo que aprendía el idioma se familiarizó con otro medio de expresión, la fotografía, un lenguaje para el que no necesitaría traductor.














Al recorrer la amplia exposición de sus obras, en la sede de la Fundación Mapfre del Centro Azca de Madrid, tengo la sensación de que, efectivamente, la fotógrafa busca el hogar: cuando se trata de un retrato, cobra importancia la calle donde se enmarca la figura; el paisaje que le rodea; el rincón de la casa desde el que posa. También es hogar el paisaje de su aldea, Rokytnik, a la que vuelve en 1990, donde reencuentra y fotografía a sus vecinos, sus calles y casas, sus recuerdos.













Hermosa e inquietante su serie Forest, en la que la fotógrafa se interna en la profundidad de un bosque al caer la noche. También me gustaron mucho sus retratos de las series Bewohner y Brixton. En ambos me da la sensación de que Hanzlová no fuerza al retratado en ningún sentido, dejando que se muestre con relajada naturalidad, logrando así una mayor profundidad sicológica.













En su último trabajo, el que compendia la serie There is Something I Don't Know, se inspira en el retrato clásico, fundamentalmente en el renacentista, aunque en algunas fotografías me ha parecido encontrar reminiscencias de nuestros clásicos, en especial Murillo y Velázquez. Abajo, a la izquierda, os muestro uno de los retratos de esta serie; y a la derecha La belle Ferronière, una maravillosa pintura de Leonardo da Vinci representando muy probablemente a Lucrezia Crivelli, amante de Ludovico Sforza, también llamado El Moro, Gran Duque de Milán. Os hablé de él en una entrada anterior. Las similitudes son evidentes.














Y termino con otro espléndido retrato y con una naturaleza muerta. Una bellísima exposición.