
Mi tío el escultor, las señoritas con corsé y las repugnantes palomas
"Mi tío era escultor, pero no un escultor como los de ahora, que cogen una piedra, le hacen una nariz, y ponen debajo un título que dice: "Mi madre."
Mi tío hacía sus esculturas con todo detalle y, antes de ponerse a trabajar, observaba al que había de ser su modelo durante tres o cuatro años, le miraba por un lado y por el otro, le tomaba medidas del chaleco y del pantalón, le hacía análisis de sangre y curvas de glucemia, estudiaba sus costumbres y sus gestos más característicos, le preguntaba el nombre y apellido de sus abuelos, se enteraba de qué clase de enfermedad habían muerto, y después, ya sobre el barro, no se limitaba a hacerle la cara, el cuerpo, el bigote, el sombrero, la levita, los botones, los ojales, el reloj y los cordoncitos de los zapatos, como solían hacer los demás escultores. Mi tío, antes de todo eso, y como debe ser, le hacía los huesecitos, el corazón, los riñones y demás vísceras, después le ponía los calcetines y la ropa interior, y solo cuando todo esto estaba concluido le hacía la parte exterior, que es lo que veía la gente.
Su meticulosidad y su escuela realista, eran tan grandes, que a un amigo suyo, que padecía úlcera de estómago, le hizo también en su escultura la úlcera de estómago y, a los dos años, la escultura se murió entre horribles dolores." (...)


































