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miércoles, 19 de diciembre de 2012
"David Reboredo", por Manuel Rivas
"Este Gobierno, haciendo uso de su potestad, ha
indultado, entre otros, a políticos corruptos, a malversadores, a
prevaricadores, a cuatro mossos condenados en firme por tortura, y a dos penados
por el caso del Yak 42. Y así. El indulto que levantó más polvareda fue el de
los cuatro agentes que infringieron tormento a un detenido. En un inusual
pronunciamiento, 200 jueces calificaron esta medida de gracia como “una
decisión política indigna”. El anterior Gobierno, antes de cesar, también
acordó algunos indultos que hicieron tambalear con estrépito la balanza de la
Justicia: un banquero y un defraudador. El indulto puede ser razonable, y
remediar sentencias desproporcionadas, extremas e incluso injustas. Lo que
causa escándalo es el uso de diferentes varas de medir según el peticionario,
la antipática aplicación de esta gracia como un exclusivo privilegio clasista.
Ahora mismo la alegoría de la Justicia en España tiene el culo al aire. Y no se
sabe quién ha birlado la balanza. Este Gobierno de manga ancha ha negado por
dos veces el indulto para David Reboredo. Este vecino del Calvario, un barrio
obrero de Vigo, ha tenido que ingresar a los 43 años en prisión, con una
minusvalía que le afecta a la mitad del cuerpo. Deberá cumplir siete años en
chirona. ¿Cuál es el delito? La entrega de dos papelinas de heroína, un total
de 0,4 gramos, en sendas recaídas (2006 y 2009) del tratamiento de
desintoxicación. David se enganchó a los 16 años, como tantos, cuando el
caballo entró a trote en los sueños de una generación inquieta y los convirtió
en pesadillas. Se llevó a muchos. Pero hubo prófugos de la muerte que buscaron,
que buscan, una segunda vida. David inicio esa dura búsqueda en 1999. Tuvo esas
recaídas, pero ahora llevaba limpio tres años y comprometido hasta el cuello en
trabajo social. Un abrazo de solidaridad habría que darle. Pero nos lo tienen
secuestrado en la cárcel."
Manuel Rivas, diario El País, 15 de diciembre de 2012.
martes, 18 de diciembre de 2012
En Recoletos
Camino por el Paseo de Recoletos, una tarde húmeda y ventosa, rumbo al antiguo Palacio de Correos. Pretendo ver la exposición El legado de la Casa de Alba, una muestra de los tesoros que posee el ducado, de la que os hablaré en un comentario posterior. No podéis dejarla pasar, pese a que cobran diez euros por la entrada. Un robo a mano armada. Aunque la muestra lo merece, creo que los ciudadanos deberíamos tener derecho a contemplarla gratuitamente, por muy propiedad privada que sea. Pero vengo de disfrutar de una deliciosa comida con amigos, estoy de buen humor y acepto incrementar su fortuna, por esta vez. En cualquier caso, los doy por bien empleados dado el placer que me proporcionó.
Madrid, a las puertas del invierno, brillante de lluvia, está preciosa. Furiosas rachas de viento levantan las hojas esparcidas por el suelo formando remolinos. La gente camina presurosa, intentando que el viento no voltee sus paraguas. Cuando se apacigua, comienza a caer una lluvia fina y persistente que me obliga a acelerar el paso. Entonces le veo.

Un hombre joven está tumbado sobre la hierba, durmiendo, con la cabeza apoyada en su mochila. La lluvia no parece molestarle. La gente pasa a su lado sin reparar en él, pero yo me quedo clavada en el suelo sin saber qué hacer. Mi protector espíritu maternal no me deja moverme. ¿Estará borracho? Si es así, puede no percibir la lluvia y coger una pulmonía. ¿Debo avisar a un guardia? Supondría una injerencia quizá imperdonable. ¿Y si me acerco y trato de despertarle? No me atrevo. De manera que me mantengo a la espera de que ocurra algo y, al final, le abandono a su suerte.

Cuando salgo de la exposición está anocheciendo. Se ha ido, respiro aliviada. Quizá alguien menos cobarde que yo le haya despertado. Madrid se viste de Navidad, no sé si para todos.

Madrid, a las puertas del invierno, brillante de lluvia, está preciosa. Furiosas rachas de viento levantan las hojas esparcidas por el suelo formando remolinos. La gente camina presurosa, intentando que el viento no voltee sus paraguas. Cuando se apacigua, comienza a caer una lluvia fina y persistente que me obliga a acelerar el paso. Entonces le veo.

Un hombre joven está tumbado sobre la hierba, durmiendo, con la cabeza apoyada en su mochila. La lluvia no parece molestarle. La gente pasa a su lado sin reparar en él, pero yo me quedo clavada en el suelo sin saber qué hacer. Mi protector espíritu maternal no me deja moverme. ¿Estará borracho? Si es así, puede no percibir la lluvia y coger una pulmonía. ¿Debo avisar a un guardia? Supondría una injerencia quizá imperdonable. ¿Y si me acerco y trato de despertarle? No me atrevo. De manera que me mantengo a la espera de que ocurra algo y, al final, le abandono a su suerte.
Cuando salgo de la exposición está anocheciendo. Se ha ido, respiro aliviada. Quizá alguien menos cobarde que yo le haya despertado. Madrid se viste de Navidad, no sé si para todos.
lunes, 17 de diciembre de 2012
La Filarmónica de Londres trae a Bruckner al Auditorio
Escuchar a la Filarmónica de Londres dirigida por Vladimir Jurowski interpretar a Brahms es un privilegio incomparable. Una orquesta poderosa, uno de los directores con mayor personalidad que conozco y Brahms, poco más se puede pedir. El sábado nos ofreció un concierto maravilloso, comenzando con la Obertura Trágica. Esta pieza hermosísima fue compuesta muy probablemente como introducción del Faustode Goethe con motivo de una representación en el Burgtheather de Viena, en contraposición a la Obertura para un festival Académico, la primera alegre y la segunda triste, "una ríe y la otra llora", en palabras del propio compositor. Después llegó el Concierto para piano y orquesta núm. 17 de Mozart, con Nicholas Angelich como solista, un respiro delicioso para llegar a un compositor y una sinfonía que me entusiasman, la Sinfonía núm. 1 de Bruckner. Palabras mayores. Aquí la orquesta se superó, y Bruckner sonó poderosísimo. La música de Bruckner es honda, trascendente, no te da un respiro. En palabras de Novalis: "La emoción que produce su música es el velo que recubre la esencia ignea, arrebatadora, del rostro de Dios". Todas sus sinfonías son estremecedoras.
Os la ofrezco:
Os la ofrezco:
domingo, 16 de diciembre de 2012
"Un hombre, una perspectiva", por Fernando Aramburu
"Para qué queremos la literatura sino para que nos represente, desde perspectivas particulares, con relieve estético, el mundo y los que están en él amando y odiando, creando y destruyendo? No es rara la tentación de prefijar al escritor lo que ha de ver y cómo ha de transmitirlo. De tal imposición no se salva ninguno que haya de ejercer sus aptitudes en sociedades donde impera la tiranía o dónde campa a sus anchas el terror. No es fácil ser libre en presencia del verdugo. Y acaso, según según las circunstancias, tanto mérito como la protesta a cara descubierta desde el exilio entraña la verdad solapada o sugerida del que está más expuesto al castigo. El seudónimo Mo Yan significa "no hables". Quien de este modo firma sus libros aprendió de niño la cautela que le ha permitido sobrevivir donde tantos perecieron. Ojo con los reproches".
Cuando todavía colean los reproches recibidos por la concesión del Nobel de Literatura al escritor chino Mo Yan, me ha interesado esta reflexión firmada por Fernando Aramburu en El Cultural del diario El Mundo del 14 de diciembre. Los juicios morales dirigidos a desacreditar la obra de un artista siempre me han producido incomodidad; en más de una ocasión lo he comentado en Mi casa. No he leído nada de este escritor pero pretendo hacerlo y entonces os daré mi opinión sobre su obra, independientemente a que él sea un héroe o un villano.
Cuando todavía colean los reproches recibidos por la concesión del Nobel de Literatura al escritor chino Mo Yan, me ha interesado esta reflexión firmada por Fernando Aramburu en El Cultural del diario El Mundo del 14 de diciembre. Los juicios morales dirigidos a desacreditar la obra de un artista siempre me han producido incomodidad; en más de una ocasión lo he comentado en Mi casa. No he leído nada de este escritor pero pretendo hacerlo y entonces os daré mi opinión sobre su obra, independientemente a que él sea un héroe o un villano.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Pierre Gonnord, retratista
Uno de los proyectos más interesantes en el terreno de la difusión del arte desarrollados en
Madrid en los últimos tiempos es, desde mi punto de vista, el liderado por el
equipo de La Fábrica, galería y editorial. En la galería he visto últimamente
varias exposiciones memorables. Recuerdo especialmente la última, dedicada a la
fotógrafa norteamericana Sally Mann; o la protagonizada por Marina Abramovic,
coincidiendo con la ópera Vida y muerte de Marina Abramovic organizada por el
Teatro Real, de la que os hablé en su momento. Exposiciones espléndidas unidas
a una labor editorial de gran interés, fundamentalmente en el campo de la
fotografía.

He hojeado el libro dedicado al fotógrafo francés afincado
en Madrid Pierre Gonnord, editado con el cuidado y la calidad marca de la casa.
Cada vez que visito la librería disfruto y sufro a partes iguales. siempre
descubro alguna maravilla y me voy cargada de frustración al no podérmela llevar.
Deploro este afán posesivo que me domina.

Gonnord es un fotógrafo autodidacta que ha centrado su
trabajo en el retrato. En pos de rostros ha viajado por el mundo, sus últimos
trabajos dedicados a minorías étnicas como los gitanos o los habitantes de los
Balcanes o el Magreb. Resulta evidente la influencia en su obra de los maestros
de la pintura, desde Rembrandt a Velázquez. Quizá un punto demasiado evidente,
aunque no se puede negar que estamos ante un gran retratista.

viernes, 14 de diciembre de 2012
"1Q84", de Haruki Murakami
"Aquella noche había dos lunas. A ambas les faltaban dos días para el plenilunio. Aomame, con una copa de coñac en la mano, contempló durante un buen rato la pareja de lunas, la grande y la pequeña, como si contemplara un enigma irresoluble. Cuánto más miraba, más incomprensible le parecía aquella combinación. Si fuera posible, le gustaría inquirir directamente a la Luna."¿A qué se debe que de repente te haya salido esa pequeña acompañante de color verde?" Pero la Luna no le contestaría, por supuesto.
La luna había contemplado la Tierra de cerca durante más tiempo que nadie. Tal vez hubiera sido testigo de todos los fenómenos acaecidos en la Tierra, de todos los actos cometidos en ella. Sin embargo, permanecía en silencio, no los contaba. Cargaba con un voluminoso pasado, fría y certeramente. En ella no había aire ni viento. Su vacío era idóneo para conservar intactos los recuerdos. Nadie podía abrir el corazón de la Luna. Aomame alzó la copa hacia ella.
-¿Has dormido abrazada a alguien últimamente? -le preguntó Aomame.
La Luna no respondió.
-¿Tienes amigos? - preguntó Aomame.
La Luna no respondió.
-¿No te cansa vivir siempre así de impasible?
La Luna no respondió."
Por fin terminé 1Q84. Más de 700 páginas de desconcierto, de enfado, de enganche, de desprecio y fascinación. No sé qué deciros sobre esta novela de Haruki Murakami, la primera que leo del escritor japonés, propuesto para el Nobel de Literatura, cosa absolutamente inexplicable para mí. ¿Es una mala novela?. Yo no diría que es buena, desde luego, pero sin embargo he sido incapaz de dejarla pese a habérmelo planteado un sin fin de veces. O está pésimamente traducida, lo cual me extraña tratándose de la Editorial Tusquets, o la prosa de Murakami es de una vulgaridad y una planicie descorazonadora. La historia no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de mostrar una fantasía desbordante. Me ha costado un trabajo arduo encontrar unos párrafos con suficiente interés como para reproducirlos. Pero, insisto, algo tiene esta novela que, superando todas mis desafecciones, me ha conducido hasta el final. Este volumen consta de dos libros; me falta el tercero por leer. Quizá ese aporte algo de sentido al resto. Quizá lo lea. No sé qué deciros.
La luna había contemplado la Tierra de cerca durante más tiempo que nadie. Tal vez hubiera sido testigo de todos los fenómenos acaecidos en la Tierra, de todos los actos cometidos en ella. Sin embargo, permanecía en silencio, no los contaba. Cargaba con un voluminoso pasado, fría y certeramente. En ella no había aire ni viento. Su vacío era idóneo para conservar intactos los recuerdos. Nadie podía abrir el corazón de la Luna. Aomame alzó la copa hacia ella.
-¿Has dormido abrazada a alguien últimamente? -le preguntó Aomame.
La Luna no respondió.
-¿Tienes amigos? - preguntó Aomame.
La Luna no respondió.
-¿No te cansa vivir siempre así de impasible?
La Luna no respondió."
Por fin terminé 1Q84. Más de 700 páginas de desconcierto, de enfado, de enganche, de desprecio y fascinación. No sé qué deciros sobre esta novela de Haruki Murakami, la primera que leo del escritor japonés, propuesto para el Nobel de Literatura, cosa absolutamente inexplicable para mí. ¿Es una mala novela?. Yo no diría que es buena, desde luego, pero sin embargo he sido incapaz de dejarla pese a habérmelo planteado un sin fin de veces. O está pésimamente traducida, lo cual me extraña tratándose de la Editorial Tusquets, o la prosa de Murakami es de una vulgaridad y una planicie descorazonadora. La historia no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de mostrar una fantasía desbordante. Me ha costado un trabajo arduo encontrar unos párrafos con suficiente interés como para reproducirlos. Pero, insisto, algo tiene esta novela que, superando todas mis desafecciones, me ha conducido hasta el final. Este volumen consta de dos libros; me falta el tercero por leer. Quizá ese aporte algo de sentido al resto. Quizá lo lea. No sé qué deciros.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Encuentros con los años 30
"Desde sus inicios, en los siglos XVIII y XIX, las nociones de modernidad y vanguardia habían ido de la mano. La vanguardia era, por definición, moderna y la modernidad vanguardista. Lo moderno se oponía a lo antiguo, que respondía al orden establecido, y se situaba al margen de la sociedad. En la década de los treinta, sin embargo, modernidad y vanguardia dejaron de ser sinónimos. Fruto de las ideas estéticas promulgadas por las diferentes dictaduras que asolaron Europa durante esos años, se consideró que el arte moderno era individualista, amanerado e incompatible con los nuevos tiempos de la identidad colectivizada y uniforme.

La vanguardia se asociaba ahora a lo clásico y figurativo, lo moderno dejaba de ser la punta de lanza de la sociedad para convertirse en una rémora." Así nos acerca Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, a la exposición Encuentros con los años 30 de la que hoy quería hablaros. Una muestra interesantísima que nos ofrece una visión de lo que ocurrió en esta década caracterizada en lo político por el auge de los regímenes totalitarios, que impusieron su peculiar visión de "lo artístico", condenando al desprecio sino a la persecución a todo aquello que no se adaptaba a sus cánones. De ahí, el "arte degenerado" del que os hablé en una entrada anterior y al que me gustaría volver uno de estos días.

Pese a que la cultura parecía secuestrada por el discurso oficial, se crearon espacios de resistencia tanto en el mundo de la pintura como en el de la escultura o la fotografía. La exposición nos propone un itinerario que permite enmarcar en su contexto cada propuesta: realismos, arte abstracto, surrealismo, Exposiciones Internacionales, fotografía, publicidad y cartel.

Os traigo una muestra de algunos artistas que se hicieron resistentes y continuaron adelante con su obra al margen de las tendencias oficiales. Abro con el Portrait of Patricia Preece, pintado en 1933 por Stanley Spencer. Abajo, a la izquierda, Max Beckmann realiza este demoledor Gesellschaft Paris en 1931. Cinco años más tarde, Reginald Marsch firmaría Twenty cent Movie, al que sigue Cena familiar, de Ángeles Santos, pintado en 1930. Los realistas utilizaban su figuración como un arma, y los abstractos no les iban a la zaga. Os muestro cuatro obras: arriba, a la derecha, Llya Bolotowsky pinta Cobalto violeta en 1938; sobre estas líneas Marco negro, de Calder (1934) y Succession de Vasili Kandinsky, realizada un año después. Y cierro con una preciosa Pintura de Joan Miró, fechada en 1933.

La vanguardia se asociaba ahora a lo clásico y figurativo, lo moderno dejaba de ser la punta de lanza de la sociedad para convertirse en una rémora." Así nos acerca Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía, a la exposición Encuentros con los años 30 de la que hoy quería hablaros. Una muestra interesantísima que nos ofrece una visión de lo que ocurrió en esta década caracterizada en lo político por el auge de los regímenes totalitarios, que impusieron su peculiar visión de "lo artístico", condenando al desprecio sino a la persecución a todo aquello que no se adaptaba a sus cánones. De ahí, el "arte degenerado" del que os hablé en una entrada anterior y al que me gustaría volver uno de estos días.

Pese a que la cultura parecía secuestrada por el discurso oficial, se crearon espacios de resistencia tanto en el mundo de la pintura como en el de la escultura o la fotografía. La exposición nos propone un itinerario que permite enmarcar en su contexto cada propuesta: realismos, arte abstracto, surrealismo, Exposiciones Internacionales, fotografía, publicidad y cartel.
Os traigo una muestra de algunos artistas que se hicieron resistentes y continuaron adelante con su obra al margen de las tendencias oficiales. Abro con el Portrait of Patricia Preece, pintado en 1933 por Stanley Spencer. Abajo, a la izquierda, Max Beckmann realiza este demoledor Gesellschaft Paris en 1931. Cinco años más tarde, Reginald Marsch firmaría Twenty cent Movie, al que sigue Cena familiar, de Ángeles Santos, pintado en 1930. Los realistas utilizaban su figuración como un arma, y los abstractos no les iban a la zaga. Os muestro cuatro obras: arriba, a la derecha, Llya Bolotowsky pinta Cobalto violeta en 1938; sobre estas líneas Marco negro, de Calder (1934) y Succession de Vasili Kandinsky, realizada un año después. Y cierro con una preciosa Pintura de Joan Miró, fechada en 1933.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
"El veneno del teatro"
Vuelve Mario Gas a la dirección teatral y parece haber elegido para su regreso una obra que resulta una indagación sobre el teatro, su verdad y sus límites, una representación que deviene en pesadilla. El veneno del teatro es, en última estancia, un diálogo entre dos personajes sobre donde acaba la ficción y comienza la realidad. «El teatro no tiene que ser ficción, ni arte, ni técnica...
El teatro tiene que ser sentimiento, emoción y, por encima de cualquier otra
cosa, el placer de transgredir las normas establecidas... Hemos de poner en el
escenario todas nuestras miserias, nuestras angustias, nuestros inconfesables
deseos, nuestros temores», afirma Miguel Ángel Solá transmutado en "el marqués", un personaje enigmático y siniestro al que le da réplica Daniel Freire, excelentísimos actores ambos. Al primero ya le había visto en trabajos anteriores, tanto como actor (fantástico en El diario de Adán y Eva y en Por el placer de volver a verla) como dirigiendo Antes te gustaba la lluvia. Un actor polifacético, irreconocible en cada nuevo papel, siempre dotado de una naturalidad y una hondura que transmiten verdad. Hasta ahora no conocía el trabajo de Daniel Freire, y me ha impresionado. Su representación de la agonía de Sócrates pone los pelos de punta.
Si a la excelente dirección de Gas y al gran trabajo de los actores unimos un texto espléndido, firmado por Rodolf Sirera, el disfrute está asegurado. Solo dos actores en escena, y la hora y media que dura la representación se va en un soplo, con los cinco sentidos puestos sobre el escenario. Solo permanecerá en los Teatros del Canal, en Madrid, hasta el 16 de este mes. Si tenéis ocasión, no la dejéis pasar.
Os dejo el trailer:
Si a la excelente dirección de Gas y al gran trabajo de los actores unimos un texto espléndido, firmado por Rodolf Sirera, el disfrute está asegurado. Solo dos actores en escena, y la hora y media que dura la representación se va en un soplo, con los cinco sentidos puestos sobre el escenario. Solo permanecerá en los Teatros del Canal, en Madrid, hasta el 16 de este mes. Si tenéis ocasión, no la dejéis pasar.
Os dejo el trailer:
martes, 11 de diciembre de 2012
"La democracia, en peligro", por Josep Ramoneda
"Los movimientos sociales han conseguido que el drama
de los desahucios por impago de hipotecas entrara en la agenda pública. El Gobierno
ha querido hacer demostración de sensibilidad social y lo ha hecho de la manera
más miserable: con un decreto que ni toca nada esencial ni resuelve problema
alguno, simplemente los aplaza. Algunos pocos ciudadanos afectados se salvarán
del desahucio durante dos años, pero cuando termine este periodo no solo
tendrán el mismo problema, sino que lo verán sensiblemente agravado, porque los
intereses seguirán corriendo a favor del banco. El Gobierno no ha querido
cambiar una legislación injusta porque está muy decantada hacia los intereses
del acreedor. Y no quiere saber nada de algo tan de sentido común como la
dación en pago. Los bancos no querían ningún cambio esencial. Y este Gobierno
—como el anterior— se distingue por un temor reverencial a los dioses
financieros. Sin embargo, en este país la morosidad familiar es muy baja. Hasta
el punto de que se podrían evitar todos los desahucios de primera residencia
sin riesgo para el sistema.
Esta misma semana, Europa ha concretado el plan de rescate
de las cajas, en unas condiciones muy duras en términos de pérdida de empleo y
de reducción de actividad. Se completará así un proceso de transferencia de
dinero público al sistema financiero sin que los culpables de este desastre
hayan dado la cara. Algunos se han ido de rositas con millonarias
indemnizaciones. El comisario Almunia dijo que no es cosa de dar nombres de los
responsables de este desaguisado. ¿Por qué, si entre todos estamos pagando sus
desmanes? Vivimos en plena cultura de la irresponsabilidad: los Gobiernos
autónomos justifican sus políticas de austeridad argumentando que España y
Europa les obligan. El Gobierno español dice que no hace sino lo que Europa le
exige. Miguel Blesa, que gobernó Caja Madrid hasta 2010, niega cualquier
responsabilidad porque las cosas que ocurrieron eran imprevisibles y todos
hicieron igual.
Esta cultura de la irresponsabilidad es el caldo de cultivo
de la desconfianza, del cinismo y de la corrupción. La desconfianza y el
cinismo tienen efectos demoledores de descomposición social. La corrupción
amenaza al propio sistema democrático. “La cuestión del siglo XX fue:
totalitarismo o democracia. La cuestión de hoy es: democracia o corrupción”,
escribe André Glucksmann. Todo sistema de poder tiene su régimen de verdad. El
gobierno de nuestras democracias se legitima cada vez más por un tipo de verdad
tecnocrática que, construido sobre la triada crecimiento, competitividad,
consumo, “se caracteriza por una concepción de la economía como actividad
completamente separada de la vida social, que debe escapar al control de la
política” (Tzvetan Todorov). La política queda reducida a la ejecución de las
exigencias del dinero, y el valor de cambio se convierte en el único criterio
de toma de decisiones tanto en el ámbito de lo público como en el de las
opciones morales privadas. Un cultivo ideal para que crezca la corrupción.
Y sin embargo es inevitable plantearse una pregunta: ¿la
corrupción se ha extendido por el sistema más que nunca o el nuevo régimen de
verdad que opera en nuestras sociedades es más descarado, la hace más visible?
Antes el discurso que acompañaba la política ocultaba la corrupción y ahora no
alcanza a esconderla, ¿por qué ha aumentado o por qué ha triunfado el cinismo?
Probablemente se combinan las dos cosas: la ausencia de proyectos políticos más
allá del horizonte económico reduce las motivaciones de los que se dedican a la
cosa pública y desmoviliza a los ciudadanos. De ahí la sensación de mediocridad
creciente de los gobernantes. Pero, al mismo tiempo, un régimen de verdad
basado estrictamente en el dinero hace más visible la cruda realidad del
sistema de intereses. Michel Foucault lo llamaba el principio de Rosa
Luxemburgo: la incompatibilidad entre “la evidencia adquirida de lo que pasa
realmente, evidencia adquirida por todos, y el ejercicio de la gobernabilidad
por unos pocos”. Luxemburgo había dicho: “Si todo el mundo supiera, el régimen
capitalista no duraría 24 horas”. Todo el mundo sabe. Y el capitalismo no se ve
amenazado. Quizá la explicación esté en lo que Michel Foucault llama el
principio de Solzhenitsyn o del terror: “La gobernabilidad en estado desnudo,
en estado cínico, en estado obsceno. En el terror, es la verdad, y no la
mentira, lo que inmoviliza”. Lo vemos en el miedo ante la crisis que paraliza a
la sociedad. La democracia es incompatible con este sistema de gobernabilidad.
El capitalismo no está en peligro; la democracia, sí."
Josep Ramoneda, diario El País, 2 de diciembre de 2012
lunes, 10 de diciembre de 2012
"César debe morir", de los hermanos Taviani
Da gusto ver como los hermanos Taviani, esos venerables directores italianos, no han perdido con los años su gusto por el riesgo, por el cine comprometido, por la originalidad. No han perdido ni un ápice de talento. César debe morir es una película sorprendente, más si tenemos en cuenta que tanto la idea como la realización son obra de dos artistas octogenarios que ya no tienen nada que demostrar. Y lo que se les ocurre es encerrarse durante una buena temporada en una cárcel italiana de máxima seguridad y proponer a un grupo de presos (homicidas, mafiosos, traficantes de drogas, todos con largas condenas) representar el Julio César de Shakespeare. Seleccionan a los actores, reparten los papeles y comienzan los ensayos.

Todo en la película trasluce autenticidad, porque todo es verdad. Desde el escenario, la cárcel Rebibbia de Roma, hasta la fuerza expresiva de los actores representando un mundo de violencia y honor que conocen bien. Me gustó la adaptación de la obra de Shakespeare, el guión me pareció magnífico, espléndido el montaje y sobresaliente la interpretación de los protagonistas, especialmente Salvatore Striano como Bruto y Cosimo Rega como Casio. Muy merecido el "Oso de Oro" en el último Festival de Berlín, es la candidata italiana a los "Oscars 2013".
Os dejo un trailer:

Todo en la película trasluce autenticidad, porque todo es verdad. Desde el escenario, la cárcel Rebibbia de Roma, hasta la fuerza expresiva de los actores representando un mundo de violencia y honor que conocen bien. Me gustó la adaptación de la obra de Shakespeare, el guión me pareció magnífico, espléndido el montaje y sobresaliente la interpretación de los protagonistas, especialmente Salvatore Striano como Bruto y Cosimo Rega como Casio. Muy merecido el "Oso de Oro" en el último Festival de Berlín, es la candidata italiana a los "Oscars 2013".
Os dejo un trailer:
domingo, 9 de diciembre de 2012
El realismo mágico de María Blanchard
Volvemos a la exposición antológica que el Museo Reina Sofía dedica a María Blanchard. Hace unos días os mostraba algunos cuadros representativos de su época cubista, ya instalada en Montparnasse, exponiendo en la galería L'Effort Modern junto a las primeras figuras del movimiento. Pero su inquietud artística, su afán por indagar en nuevos lenguajes pictóricos no le permite detenerse ahí y a comienzo de los años veinte, como otros tantos pintores cubistas del momento, dirige su atención hacia el realismo.
No se trata de volver a la ortodoxia, nada más lejos, aunque sí se adivina un repliegue hacia el ámbito de lo privado, un retorno a la intimidad, un cierto orden. Aquí es donde su pintura adquiere su plenitud y una personalidad inconfundible.
Su paleta sigue prefiriendo la sobriedad y la contención. No hay estridencias en su pintura; sí ese poso de tristeza, una dulce melancolía que impregna figuras y atmósferas. Algo que flota en la luz, que se adivina al fondo de las miradas, algo profundamente conmovedor. También en esta selección de cuadros que os ofrezco he querido respetar el orden cronológico en el que se exponen en las salas del museo. Abro el comentario con Bodegón con juguetes, firmado en 1920, año en el que también pinta El borracho, más abajo a la izquierda. De 1923 y 1924 son Los dos huérfanos, La toilette y El niño del helado, así como El niño del canotier y La echadora de cartas que os muestro bajo estas líneas.
Pese a su regreso al realismo, como podéis observar, Blanchard no reniega del cubismo, cuyo sentido estructural se percibe en toda su obra. Y pese a que se decanta por escenas de la vida cotidiana, en todos sus cuadros flota un halo de irrealidad. Esos rostros que se repiten tan a menudo, de suaves facciones, algo tristes.
Sobre estas líneas, La cocinera, firmada en 1924, y Madre y niño, de 1925. Y abajo un delicioso pastel, La convaleciente, pintada entre 1925 y 1926. En 1927 la pintora sufre una crisis de espiritualidad y vuelve a la práctica católica. Entonces, como podemos ver en el cuadro con el que cierro el comentario, La niña dormida, pintado entre 1928 y 1930, su pintura se vuelve más traslúcida, pierde consistencia, los objetos parecen temblar y los rasgos deshacerse.

No dejéis pasar esta exposición. La figura de María Blanchard, su honestidad artística y la manera como vuelca no solo su talento sino también el corazón en su pintura bien lo merece.
sábado, 8 de diciembre de 2012
"Una solución", por Manuel Vicent
"Un día en el café Gijón sorprendí a un poeta maldito,
absorto en sus pensamientos. Le pregunté si la gravedad de su rostro obedecía a
que estaba elaborando algún verso insigne. “Así es”, me contestó. “En este
momento me debato en la duda de pegarme un tiro en la boca o tomarme un helado
de fresa”. En el monasterio de Kopan, en el valle de Katmandú, me dijo un
Maestro Venerable: si quieres saber hasta qué punto eres feliz y no lo sabes,
cómprate una libreta y apunta en ella cada noche cinco pequeños hechos agradables
que te hayan sucedido durante el día. Anota solo las sensaciones placenteras
insignificantes, las alegrías ínfimas, no los sueños desmesurados. Esta mañana
me ha despertado el sol en la ventana y he comprobado que esta vez no me dolía
la espalda. El perro me ha saludado con el rabo. El dueño del bar, donde suelo
desayunar hojeando el periódico, hoy se ha negado a cobrarme la ración de
churros. He leído la crónica deportiva: ayer ganó mi equipo. El autobús ha
llegado puntual y en la parada me han conmovido las palabras de amor que una
madre le dirigía a su niña que se iba al colegio. Le he preguntado al médico
por los análisis y me ha dicho que todo está bien. Al llegar a casa después del
trabajo me arrellano en el sillón para ver una película en la tele mientras me
tomo un gin-tonic.El Maestro Venerable aseguró que después de un tiempo en esa
libreta se habrá formado un tejido básico de actos felices, de sutiles placeres
efímeros, muy consistente, que sin darnos cuenta sustenta firmemente toda nuestra
vida y de paso resuelve la duda del poeta. De momento bastará con un helado
para evitar que se pegue un tiro. Puede que esto no sea más que esa
charlatanería que se expande mientras arden las consabidas barritas de almizcle
e incienso y que solo sirve para olvidar la terrible crueldad e injusticia que
nos rodea. Pero el Maestro Venerable, en medio de aquel aire transparente que
bajaba del Himalaya, dijo que todas las flechas aciagas que la vida nos lanza
casi ninguna da en el blanco. Caen a nuestro alrededor y somos nosotros los que
las arrancamos del suelo y nos las clavamos en el corazón, en la mente o en el
sexo. Tal vez esta enseñanza podría servir al poeta para enhebrar uno de sus
versos más excelsos: sale el sol, estoy vivo."
Manuel Vicent, diario El País, 2 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
"Canción errónea", de Antonio Gamoneda
"(...)
No hay causa en mí. En mí no hay
más que cansancio y
un antiguo extravío:
ir
de la inexistencia
a la inexistencia.
Es
un sueño.
Un sueño vacío.
Pero sucede.
Yo amo
todo cuanto he creído
viviente en mí.
Amé las manos
grandes de mi madre y
aquel metal antiguo
de sus ojos y aquel
cansancio lleno de luz
y de frío.
Desprecio
la eternidad.
He vivido
y no sé por qué.
Ahora
he de amar mi propia muerte
y no sé morir.
Qué equívoco."
Pero llega la luz en el siguiente poema, y eso nos da un respiro:
"(...)
En el fulgor de los equinocios eres roja y solar y estás ebria; estás ebria de ti misma y la música se desprende de ti.
Eres como el mar que se derrama sobre el corazón del pastor.
Tu desnudez hiende los manantiales. Ardes y, en torno a ti, giran las palomas.
Tú
ciega de luz, dame tu extravío, ven.
dame tu vientre y tu demencia, ven.
Liba mis llagas."
jueves, 6 de diciembre de 2012
"La parte de los ángeles", lo último de Ken Loach
La última entrega de Ken Loach es una delicia de película. Con un guión de Paul Laverty que se desliza durante todo el metraje sin altibajos, Loach cuenta las aventuras de un grupo de jóvenes perdedores que, a base de ingenio, logran sortear la ley y mejorar sus vidas. Podría tratarse de cine social si no primara el humor y cierta tierna superficialidad. Loach siente cariño hacia sus personajes y no trata de ocultarlo. El director se pone de su parte desde el inicio y los espectadores le seguimos de buena gana, lamentando sus desdichas y deseando que tenga éxito en sus pícaras andanzas.

Pese a lo amable del planteamiento, la película trata un tema tan serio como la marginalidad de un grupo de veinteañeros sin estudios ni trabajo, delincuentes de poca monta condenados a trabajos sociales, jóvenes sin futuro prácticamente destinados a terminar su vida entre rejas. Nada nuevo en nuestras sociedades postindustriales estancadas en la crisis. Lo mejor de la película son los protagonistas, actores no profesionales que aportan a sus personajes toda su frescura y credibilidad.
Os dejo el trailer:
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Pese a lo amable del planteamiento, la película trata un tema tan serio como la marginalidad de un grupo de veinteañeros sin estudios ni trabajo, delincuentes de poca monta condenados a trabajos sociales, jóvenes sin futuro prácticamente destinados a terminar su vida entre rejas. Nada nuevo en nuestras sociedades postindustriales estancadas en la crisis. Lo mejor de la película son los protagonistas, actores no profesionales que aportan a sus personajes toda su frescura y credibilidad.
Os dejo el trailer:
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