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miércoles, 21 de julio de 2010

Lo sagrado hecho real


Lo sagrado hecho real, una de las exposiciones más impactantes que he visto y que recomiendo encarecidamente a todo el que pueda acercarse al Museo San Gregorio de Valladolid. Esta es la justificación de la muestra: el realismo que caracterizaba la escultura y la pintura que se hacían en la España del siglo XVII no tenía correspondencia con nada de lo que se estaba creando en el resto de Europa. Xavier Bray lo explica así: En la España del s. XVII nació un nuevo tipo de realismo artístico. Bajo la premisa de revitalizar y de dar un nuevo impulso a la Iglesia católica, pintores y escultores trabajaron conjuntamente con el fin de lograr que la imagen sagrada resultase lo más real y cercana posible. Este tipo de realismo no se parecía en nada a cualquiera de los que estaban surgiendo en otros países europeos. El de España era descarnado, crudo, austero y a menudo sangriento, con la intención de perturbar los sentidos y conmover el alma.














Y desde luego, lo consigue. La exposición está ideada para sobrecoger. Las paredes están pintadas de negro. Las salas se mantienen en penunbra, sólo las figuras reciben la luz directa, en algunos casos colocadas de manera que proyectan sus sombras sobre la pared, aumentando la sensación de realismo. Parece como si el San Ignacio con el que abro este texto fuera a comenzar a hablar en cualquier momento; parece que podemos escuchar los sollozos de las vírgenes o el aliento entrecortado de un Cristo agonizante. De fondo, a poco volumen, se escucha música sacra.


La pintura y la escultura se dan la mano. Las tallas son pintadas con verdadera maestría, logrando un verismo extraordinario. Para conseguir aún mayor verosimilitud, para las uñas y los dientes se utilizaba marfil, vidrio para los ojos y pelo natural para las pestañas.




Los escultores se afanaban con la pintura, y los pintores trataban de dar a sus figuras un volumen que les acercara aún más a la realidad. Y, efectivamente, este Cristo de Velazquez, a la derecha, parece salirse del lienzo, buscando la trimensionalidad, mientras que en el Cristo de Juan de Mena la tonalidad de la piel, los rastros de sudor y de sangre están maravillosamente conseguidos.
Pintura y escultura se influyen mutuamente, se complementan.


Martínez Montañés, Juan y Pedro de Mena, Juan de Mesa, Gregorio Fernández, y pintores como Alonso Cano, Zurbarán, Velázquez, Juan Pacheco, José de Ribera. Vas de una talla a otra, y no puedes evitar el escalofrío. Te asomas a las miradas, observas los gestos de las manos, de las bocas, y te conmueves profundamente. La imaginería española va más allá de la religiosidad, habla a sentimientos muy profundos que tienen que ver con la solidaridad ante el dolor y el temblor ante la muerte. Pero, sobre todo, tiene que ver con el virtuosismo de unas obras de arte de una belleza extraordinaria.

2 comentarios:

  1. Sombras inquietantes las que enmarcan al santo.
    Excelente foto.

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  2. Maravilhosas Imagens!

    Farei um post especial de arte sacra no meu blog que convido a uma visitinha (olhardabahia.blogspot.com)

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