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sábado, 11 de abril de 2015

Ágrafa

Cada ciudad impone sus rutinas. Debo regresar a Madrid y no he escrito una palabra de mi viaje a Nueva York. No he dedicado un minuto al blog; cómo hacerlo cuando el aire huele a mar, te despierta el graznido de las gaviotas y todo te invita a salir a la calle y empaparte de esta luz. Nada comparable a Asturias con sol (o con lluvia, con niebla, vestida de gris: nada comparable a esta tierra).












De manera que retomo la rutina que disfruto en cada visita a esta ciudad: mis paseos mañaneros, el segundo café contemplando el puerto deportivo, las compras diarías, el rincón donde me siento con un libro por las tardes... Camino por el paseo de la playa y me dejo llevar por la nostalgia que sentiré mañana, lejos de aquí. Siempre añoro por anticipado. Atesoro este instante, estas sensaciones. Ya escribiré cuando la vida no me exija tanta atención.

viernes, 10 de abril de 2015

Una escapada a mi tierra

Tengo pendiente hablaros de mi viaje a Nueva York, del que he regresado hace unos días, uno de esos viajes inolvidables e irrepetibles, cuando he tenido que organizar una rápida escapada a Asturias y aquí me encuentro de nuevo, en Gijón, feliz de volver a casa, de oler mi tierra, de sentirla en la piel. He venido cargada con mi cuaderno de bitácora y el plano de Nueva York, con la sincera intención de sentarme ante mi portátil, bajo mi ventana, y contaros.












Pero antes permitidme traer a Mi casa estos rincones que adoro y a los que, por una serie de circunstancias, no podré volver. Acabo de llegar y ya me estoy despidiendo de este delicioso barrio, Cimadevilla; del puerto deportivo, de la pequeña Capilla de la Soledad, hoy silenciosa (se celebra la Soledad de la Virgen, no se escuchan esas piezas barrocas que me atraen a su interior como un imán, y me sosiegan).












El viento despeja el cielo de nubes y me empuja por la espalda hasta casi hacerme trastabillar. Camino por el Muro  con prevención. El mar está enloquecido, las olas chocan virulentas unas contra otras y estallan en crestas de espumas; golpean con furia el muro del paseo y pone perdidos a los viandantes, incluida a mi, que me he acercado a fotografiarlas.


Esta tierra mía.

jueves, 9 de abril de 2015

Giacometti y la mujer

Me resulta apasionante la actitud tan diferente con la que Giacometti aborda el asunto femenino. Cuando representa un varón lo hace siempre en movimiento, en un caminar eterno, eterna búsqueda, tratando de representar su mirada y dotarlo de alma. Se palpa su dolor cuando intenta apresarlo. A la mujer, en cambio, siempre la representa quieta, segura sobre sus piernas, totémica.















Giacometti retrata a las mujeres que ama. Sus pasiones determinan su obra. Representa a Annette, su mujer, pero también a mujeres que conoce en los bares y de las que se enamora irremisiblemente. Esas relaciones serán el motor de su creatividad y Annette las tolera.  En  un bar de Montparnasse, en 1959, conoce a Caroline, que marcó los últimos años de su vida.















Contemplando estos dibujos y la voluptuosidad de sus esculturas percibo la libertad de ejecución, la alegría y la pasión con la que la mano mueve el lápiz o la espátula, y se aleja algo la congoja que sus hombres me transmiten. Una exposición preciosa.










miércoles, 8 de abril de 2015

Giacometti, El hombre que mira

"Si la mirada -es decir, la vida- se convierte en lo esencial, no hay duda de que lo esencial es la cabeza. (...) La única cosa que quedaba con vida era la mirada. El resto, la cabeza se transformaba en cráneo, se convertía más o menos en el equivalente al cráneo de un muerto. Lo que lo hace vivo es su mirada, eso era lo que quería esculpir" Esto afirmaba Giacometti: "lo que lo hace vivo es la mirada".












Creo que ya os he hablado del magnetismo que esas miradas ejercen sobre mí, y sin embargo no es vida lo que encuentro en ellas. Por lo que me acongojan es porque esa mirada fija, subyugante, está vacía.















No dejéis de acercaros a la Sala de Exposiciones de la Fundación Canal y hallaréis una colección de esculturas y dibujos extraordinarios de Giacometti. La pieza que veis a la izquierda, sobre estas líneas, es una de las más impresionantes de la muestra. Cabeza-Cráneo, es su título, y está realizada en 1934 poco después de la muerte de su padre. Es, efectivamente, una evocación a la muerte.















Giacometti sufre lo indecible porque no consigue que su mano plasme la mirada, y lo intenta una y otra vez. Los cráneos se reducen, la mirada se amplía. Me resulta dolorosa su obra.

martes, 7 de abril de 2015

"Los heraldos negros", de César Vallejo

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
a resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros Atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.
Son las caídas hondas de los Cristos del alma
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.
Y el hombre... Pobre... ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!

lunes, 6 de abril de 2015

Sorolla: elegancia en la playa

Siempre me resulta delicioso visitar el Museo Sorolla, y no solo por sus jardines, una pequeña Arcadia en el centro de Madrid. Aunque la exposición permanente del pintor bien merece más de una visita, siempre encontramos en el museo exposiciones temporales que van centrándose en distintos aspectos de su obra. En esta ocasión me han encantado una serie de pequeños cuadros, muchos de ellos meros apuntes, que recogen escenas familiares en las playas valencianas.












En cuadro con el que abro el comentario vemos a su mujer, Clotilde, con sus hijos; un gran formato espléndido, pero son los sucesivos, pequeños lienzos solo abocetados, los que me resultaron más evocadores. Los dos que veis sobre estas líneas me recordaron escenas de la película Muerte en Venecia, de Luchino Visconti, una de las películas más hermosas que recuerdo, con la música de la 5ª Sinfonía de Mahler de fondo. El personaje sentado en la silla, mirando al mar, me recordó a Gustav von Aschenbach (Dick Bogarde en el film), en la playa del Lido, espiando el baño de Tadzio.























Bellísimos vestidos blancos de muselina brillando al sol, damas tocadas con enormes pamelas cosiendo bajo las sombrillas, la luz apresada por los pinceles de Sorolla. Una delicia.



viernes, 3 de abril de 2015

El mejor arte callejero de 2014

Os traigo una muestra de lo mejor que se ha hecho el año pasado en este tan controvertido arte callejero, que a mi me encanta. Lo que veis arriba está firmado por Hopara, en Casablanca (Marruecos).










Mirad la solución que han encontrado para esta medianera inhóspita, firmada por  Patrick Commecy en Francia. Antes y después.















En Brasil, con motivo del mundial de fútbol, proliferaron las pintadas denunciando la miseria en la que vivía gran parte de la población mientras se gastaban fortunas en la organización del evento deportivo. A la derecha os muestro una de ellas, realizada en Sao Paulo. A la derecha, Anarkia, Flantl y Belin firman esta pintura en Linares, España.













También es española la que veis a la derecha, firmada por Pichi y Avo en Valencia. La de la izquierda, firmada por Joe, no sé dónde está hecha, y cierro con otra obra de Pichi y Avo, esta vez en Grecia.


jueves, 2 de abril de 2015

Lloviendo en el jardín

Me disgusta la lluvia en la ciudad tanto como me gusta en el mar, en el campo o, simplemente, en un jardín. Lleva lloviendo todo el día en Madrid (por otra parte, bendita lluvia si limpia algo la atmósfera y nos libra de la contaminación que nos asfixia) pese a lo que pertrechada de paraguas y gabardina me dirijo al Museo Sorolla. Nada más traspasar la verja cierro el paraguas y dejo que la lluvia me cale lentamente, mientras recorro los rincones de este jardín secreto. Mi refugio.












Un jardín se transforma bajo la lluvia, Se abre como una ostra que deja entrever su perla. Brilla, palpita, se estremece. Se ahueca y se recoge, y si escuchas lo oyes susurrar. Un jardín bajo la lluvia es un lugar íntimo que arrulla los sentidos. El boj, la adelfa, el arrayán. El tintineo de la lluvia en el estanque. Las risas de la fuente. El temblor de las hojas. Los aromas.















Estoy sola en el jardín. El tiempo, destemplado, ahuyenta a los turistas. Bajo la lluvia, sonriendo, debo parecer la loca de Chaillot.


miércoles, 1 de abril de 2015

En Madrid

"No hay mejores brindis que los que hacen tus pestañas". Hay quien sabe despertar una sonrisa. Requiebros por el suelo....

y filosofía en las tapias. Me encanta Madrid.