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lunes, 8 de agosto de 2016

Vivian Maier en la Fundación Canal

Por fin he tenido la oportunidad de colocarme delante de las fotografías de Vivian Maier y adentrarme en el mundo de un personaje que me apasionó desde que descubrí su obra, no hace mucho tiempo, cuando los medios de comunicación se hicieron eco del descubrimiento de esta genial fotógrafa callejera, niñera de profesión, que deambulaba por las calles de Chicago y Nueva York con su cámara en ristre, captando todo lo que llamaba su atención, fueran un par de zapatos, un mendigo o unos niños jugando.









El mundo a través de sus ojos. La fascinación de los objetos corrientes, de los instantes cotidianos. Maier no busca la belleza, sino la magia de lo insignificante que respira en este instante y se evapora. Su manera de entrar en contacto con los demás. Ella fue una mujer solitaria, una sombra casi invisible tras su reflejo. Me encantan las fotografías en las que descubres su figura detrás de la cámara reflejada en un escaparate, en un charco, en una bandeja de plata.









No conozco Chicago, pero adoro Nueva York, y me fascinan las imágenes de sus calles y tiendas de los años 50 y 60, los gestos adustos de las señoras de la alta sociedad sorprendidas por la impertinencia de la fotógrafa, mientras que en los barrios más pobres los modelos se muestran ante la cámara  con mayor desenvoltura. No sabéis cuánto envidio su mirada, su juicio certero, su falta de prejuicios, su maestría al captar la anécdota y el detalle más expresivo.














En la exposición se muestra también su obra en color y algunas películas que me interesaron menos. Pero si tenéis ocasión, no os la perdáis.


miércoles, 3 de junio de 2015

Miriam Vega, "El cuerpo expuesto"

Hace unos días se clausuró en el Centro Leonés de Arte la primera exposición individual de la fotógrafa Miriam Vega. No he visto la exposición, supe de ella a través de los medios de comunicación. Me llamó la atención la fuerza de las imágenes que reproducían, y busqué su obra en internet. El cuerpo expuesto, epígrafe bajo el que se organiza la  muestra, es un conjunto de 32 imágenes en blanco y negro cuyo objeto es su propio cuerpo, fruto de su investigación sobre su propia identidad.




























Vega se enfrenta a los cambios que su cuerpo está experimentando a consecuencia de la enfermedad que sufre, acromegalia, también llamada gigantismo, y de esa extrañeza nace su necesidad de objetivarlo, alejarse y tratarlo como un objeto ajeno, para después reconciliarse con él. Las imágenes son poderosas, impactantes, conmovedoramente sinceras. Y pienso que esta extrañeza es común a todos, que nuestro cuerpo se transforma con los años y la memoria de él se mantiene anclada en el pasado, hasta el punto de que a veces no nos reconocemos en la imagen que el espejo nos devuelve. Por eso me resulta tan próxima su mirada.












Me admira el coraje de esta mujer, y su sensibilidad a la hora de transformar su dolor en belleza.



viernes, 20 de marzo de 2015

Garry Winogrand, Nueva York en su cámara

Coinciden los preparativos de mi próximo viaje a Nueva York con la exposición en Madrid de la obra del fotógrafo norteamericano Garry Winogrand, organizada por la Fundación Mapfre en la Sala Bárbara de Braganza. Una muestra perfecta para ir abriendo boca, porque Nueva York protagoniza la mayor parte de su trabajo. "La ciudad es un gran teatro en el que continuamente se representan dramas espontáneos y preparados, cómicos y trágicos", sostenía Winogrand.










Me ha fascinado la exposición. "A veces siento como si el mundo fuese un lugar para el que he comprado una entrada. Un gran espectáculo dirigido a mí, como si nada fuera a suceder a menos que yo estuviera allí con mi cámara". Ahí está el quid de la cuestión. A nuestro alrededor se suceden acontecimientos banales: una mujer sonríe, una pareja se besa, un niño se agacha a recoger una moneda, alguien mira al cielo... y pasan ante nuestros ojos sin pena ni gloria. Pero todos estos hechos cotidianos e insignificantes resultan sustanciales para Winogrand y, al captarlos, los llena de significado. Siempre la mirada del artista.











"Él insuflaba en lo cotidiano una mezcla de novedad y extrañeza, de entusiasmo y desesperación". Nace en el Bronx neoyorquino en 1928, muy pronto se traslada a Manhattan y retrata incansable la vida en la ciudad. En esta muestra podemos ver más de 200 obras, y se articula a través de tres secciones: Bajando desde el Bronx, Un estudiante en Norteamérica y Auge y crisis.












Las fotografías que más me han interesado corresponden a la primera parte, la que recoge imágenes captadas en Nueva York desde 1950 hasta 1971, realizadas entre los almacenes Macy's y Central Park. No hace falta deciros como me excita la idea de volver a recorrer esas calles con las imágenes de Winogrand en la mente, cámara en ristre.  De ilusión también se vive.



Con motivo de la exposición, la Fundación Mapfre ha editado un catálogo espléndido. Si tenéis ocasión, no perdáis la oportunidad de disfrutarla.


martes, 17 de marzo de 2015

Alvin Langdon Coburn, el nacimiento del Modernismo

La Fundación Mapfre ha montado en la calle Bárbara de Braganza una sala dedicada a exposiciones de fotografía, donde hace algún tiempo descubrí la obra de este artista americano que hoy os traigo y que por alguna razón se me ha ido quedando en el tintero. Aunque su exposición ya haya sido clausurada (desde finales de febrero cuelga la obra de Garry Winogrand, que aún no he podido visitar) no quiero dejar de compartirla con vosotros.















Considerado como el primer fotógrafo modernista y abstracto, comenzó a hacer fotografías a los ocho años, y ya en 1909 y 1910 obtenía imágenes futuristas de Nueva York y Pittsburgh. Me fascinan sus imágenes fracturadas, sus vistas casi aéreas, que emplearía el modernismo posterior. Y me resultan muy sugerentes las fotografías que tomó durante su estancia en Londres, donde se trasladó a vivir con su madre en 1900, fijando allí su residencia durante los nueve años siguientes. A ese período pertenece la fotografía con la que abro, Regent's Canal, o El Puente de la Torre, abajo a la derecha. Me gusta especialmente la composición de la que veis sobre estas líneas, a la derecha.  















También me impresionaron sus retratos. Os traigo dos como botón de muestra: un Autorretrato con veintitrés años, de 1905, y el retrato que realizó a August Rodin, un año después. Langdon Coburn mantuvo una estrecha relación con varios de los más importantes artistas e intelectuales de su época. Trabajó junto a Henry James en las ilustraciones de la edición de sus novelas; James le encargó la realización de los llamados Frontispicios Coburn, las imágenes que ilustrarían las portadas de cada tomo de sus Obras Completas. Por carta le dio instrucciones precisas de los lugares exactos de Europa que debía localizar y fotografiar.















Y cierro con una magnífica fotografía, El pulpo. Madison Square Park, de 1909.


martes, 3 de marzo de 2015

Raquel López Chicheri, fotógrafa

Tener amigos fotógrafos que te desbrocen el camino y te regalen de vez en cuando alguna joya es un lujo impagable. Enrique de la Peña (os lo he traído varias veces a Mi Casa; la suya en este link) y la fotógrafa Ana Müller, cuya página os invito a visitar, me descubrieron a esta artista canaria cuya obra me ha encantado. Es cierto que sus fotografías recuerdan a las de Sally Mann o Alain Laboile, pero poseen inspiración y belleza.











Como Mann o Laboile se centra en el universo familiar para elegir sus escenas, y principalmente toma a sus hijos como modelos. Me gusta mucho el uso que hace de la luz, huyendo de las facilidades que la brillante luminosidad canaria le ofrece y centrándose en el blanco y negro, acentuando las sombras, jugando con el espacio y los reflejos.





























Su capacidad de captar el instante, de crear atmósferas; la composición en algunas de sus fotografías; o simplemente la alegría y la pura belleza que se desprende de ellas. Os dejo su página por si os interesa conocer más de su obra.


jueves, 15 de enero de 2015

Pablo Genovés, "El ruido y la furia"

El Apocalipsis, la devastación total, las fuerzas de la naturaleza desatadas engullendo los templos de la cultura. Pablo Genovés presenta en la sala de exposiciones del Canal de Isabel II (una sede preciosa, que merece la pena visitar independientemente de la exposición que albergue) cuarenta fotografías y un vídeo representativos de su trabajo de los últimos cinco años, y lo hace bajo tres epígrafes: "Precipitados", Cronología del ruido" y "Antropoceno".












La obra que presenta es impactante, aunque yo ya había tenido ocasión de ver alguna de estas fotografías, no recuerdo con qué ocasión.  La oscuridad que reina en la sala intensifica la impresión. En la primera parte de la muestra, el mar embravecido, ríos desbocados asolan palacios y museos, teatros y bibliotecas, salas bellísimas ricamente decoradas son presas del tsunami.















Luego llega la devastación, los espacios inundados, el barro y las piedras, el fuego y el humo. La cultura inerme ante la naturaleza salvaje.












¿Qué lecturas podemos hacer de este trabajo? La evidente: las infinitas posibilidades de la fotografía digital y su manipulación; la nula fiabilidad que hoy presenta el otrora notarial arte fotográfico. En cuanto a la tesis del artista, ¿tendrá que ver con una denuncia ecologista, con las consecuencias del cambio climático y el peligro que entraña para la supervivencia del hombre en la Tierra? ¿Es un recordatorio de la fragilidad de toda obra humana frente a la adversidad?













Pese a su belleza formal, no acaba de convencerme. Hay algo impostado, algo falso en este trabajo. Quizá un exceso de efectismo. Prefiero otro tipo de mirada, más honda, más sobria. Siempre, menos es más. Demasiado ruido.