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viernes, 12 de junio de 2015

Algo más sobre "Cartas desde la tierra", de Mark Twain

Hace unos días os traía unos párrafos de la novela Cartas desde la Tierra, de Mark Twain. Estoy disfrutando tanto de su lectura que no me puedo resistir a traeros otra página. Es lo más lúcido, ingenioso y desfachatado que he leído en mucho tiempo:

"Sem estaba preñado de anquilostomas. Es asombroso el estudio tan exhaustivo y completo que el Creador ha dedicado a la ímproba tarea de hacer desgraciado al hombre. Os he contado que había concebido un agente aflictivo particular para cada detalle de la estructura del hombre, sin descuidar ni uno solo, y es la verdad: por ejemplo, muchos pobres tienen que andar descalzos porque no pueden comprarse zapatos, y el Creador ve en ello una oportunidad. Os diré de paso que siempre está pendiente de los pobres. Nueve décimas partes de sus mórbidos inventos han sido pensados para ellos, y les llegan; a los ricos solo les llega lo que sobra. Y no creáis que hablo a la ligera porque no es así. La gran mayoría de los inventos que el Creador ha ideado para causar desdicha han sido especialmente diseñados para perseguir a los pobres. Es fácil de ver si pensáis que uno de los nombres más sutiles y  más usados por el púlpito para referirse al Creador es "amigo de los pobres", cuando ninguno de los cumplidos que el púlpito hace al Creador contiene jamás, bajo ninguna circunstancia,  un vestigio de verdad. El enemigo más implacable e incansable de los pobres es su Padre que está en los Cielos. El único amigo verdadero de los pobres es el propio hombre, que se compadece y se apiada de ellos y lo demuestra con sus actos. Hace mucho por aliviar sus aflicciones, y en cada caso es el Padre que está en los Cielos quien se lleva el mérito.
Es precisamente lo que ocurre con las enfermedades. Cuando la ciencia extermina una enfermedad que Dios ha estado explotando, ¡el mérito se lo lleva Él, y todos los púlpitos prorrumpen en raptos de agradecida propaganda que ensalzan su bondad ilimitada!... Sí, ha sido Él. Puede que haya tardado mil años, pero eso no es nada; el púlpito afirma que lo venía pensando todo ese tiempo. Cuando la humanidad, exasperada por una tiranía de largos años, se alza contra ella y, derribándola, libera una nación, lo primero que hace el púlpito, jubiloso, es proclamarlo obra de Dios y exhortar al pueblo a caer de rodillas y profesarle su agradecimiento. Y advierte con admirada emoción: "Que sepan los tiranos que el Ojo que nunca descansa les observa, y que no olviden que la paciencia del Señor nuestro Dios  no es infinita, y que el día señalado se desatará sobre ellos el huracán de su ira".
Olvida mencionar que es lo más lento que existe en el universo, que más le valía dormir a ese Ojo suyo que nunca duerme, habida cuenta de que tarda un siglo en ver lo que cualquier otro ojo vería en una semana, y que en toda la historia no se ha dado un solo caso en que una idea noble se le haya ocurrido a Él primero, sino que siempre las tiene al poco de que otro las haya pensado y puesto en práctica. Después llega Él y se apunta el tanto."

miércoles, 27 de mayo de 2015

"Cartas desde la Tierra", de Mark Twain

He disfrutado enormemente de esta novela de Mark Twain, prohibida durante muchos años en Estados Unidos por su irreverencia. Para poneros en situación, Satán , uno de los Arcángeles, baja a la tierra a observar al ser humano, y escribe a sus compañeros Miguel y Gabriel el fruto de sus pesquisas. Transcribo unos párrafos, para vuestro regocijo:

"¡La enfermedad! Es la fuerza motriz, la fuerza constante, la fuerza devastadora. Agrede al bebé en el momento en que nace, para proveerle de una enfermedad tras otra: la difteria, el sarampión, las paperas, la diarrea, el dolor de dientes, la escarlatina y demás especialidades infantiles. Persigue al niño hasta la juventud, proveyéndole de nuevas especialidades dedicadas a esta etapa de la vida. Persigue al joven hasta la madurez, al hombre maduro hasta la vejez y al anciano hasta la sepultura.
Y ahora que sabéis esto, a que no adivináis cuál es el apodo más utilizado por el hombre para referirse a este feroz Comandante en Jefe? Os ahorraré  el esfuerzo... pero no os riáis: ¡Nuestro Padre Celestial!
Es curioso cómo funciona la mente humana. La fe del cristiano se asienta sobre una proposición rotunda, categórica, inalterable e incontrovertible: Dios es omnisciente y todopoderoso.
Siendo así, nada puede ocurrir sin que Él sepa de antemano que sucederá, nada ocurre sin su permiso, nada puede ocurrir si Él decide impedirlo.
Es bastante evidente,¿no os parece? Denota a las claras que el Creador es directamente responsable de todas las desdichas, enfermedades y desgracias antes referidas -que podría haber evitado- , el avezado cristiano va y le llama, candorosamente, ¡Padre nuestro!.
Tal como os lo cuento. Dota al Creador de todos y cada uno de los rasgos que se le atribuirían a un demonio, ¡y llega a la conclusión de que demonio y padre son lo mismo! En cambio, se negará a admitir que un lunático malévolo y un director de catequesis también lo sean en esencia. ¿Qué os parece la inteligencia humana? Quiero decir, suponiendo que penséis que exista una inteligencia humana..."

jueves, 14 de mayo de 2015

"Si esto es un hombre", de Primo Levi

Por esas casualidades de la vida, un acontecimiento familiar me lleva a Frankfurt hace ahora un mes, y con motivo de ese viaje se organiza una visita a Weimar y al campo de concentración de Buchenwald. Tengo interés en conocerlo; creo que de algún modo se lo debemos a todas las víctimas del nazismo, asomarnos al horror que somos capaces de crear, al mal por antonomasia. Y no olvidar, para nunca repetir.
Antes, durante y después del viaje he leído las novelas que Jorge Semprún, superviviente de Buchenwald, escribió sobre su estancia en ese infierno. Y sigo leyendo sobre ello.
Os mostraré el campo, os hablaré de mi viaje y de lo que ha supuesto para mí. Lo haré muy pronto. Pero hoy quería traeros unos párrafos de Si esto es un hombre, el extraordinario relato de Primo Levi sobre su estancia en Auschwitz:

"Entonces por primera vez nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse; una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro: nos han quitado las ropas, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos que encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca"
(...)
Imaginaos ahora un hombre a quien, además de a sus personas amadas, se le quiten la casa, las costumbres, las ropas, todo, literalmente todo lo que posee: será un hombre vacío, reducido al sufrimiento y a la necesidad, falto de dignidad y de juicio, porque a quien lo ha perdido todo facilmente le sucede perderse a sí mismo; hasta tal punto que se podrá decidir sin remordimiento su vida o su muerte prescindiendo de cualquier sentimiento de afinidad humana; en el caso más afortunado, apoyándose meramente en la valoración de su utilidad. Comprenderéis ahora el doble significado del término "Campo de aniquilación", y veréis claramente lo que queremos decir con esta frase: yacer en el fondo.
Häftling: me he enterado de que soy un Häftling. Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo."
(...)
Una banda empieza a tocar junto a la puerta del campo: toca Rosamunda, la famosa canción sentimental, y nos parece tan extraño que nos miramos sonriendo burlonamente; surge en nosotros un amago de alivio, puede que todas estas ceremonias no sean más que una payasada colosal al gusto germánico. Pero la banda, al terminar Rosamunda, sigue tocando otras marchas, una tras otra, y he aquí que aparecen los pelotones de nuestros compañeros que vuelven del trabajo. Vienen en columnas de cinco: tienen  un modo de andar extraño, inhumano, duro, como fantoches rígidos que solo tuviesen huesos: pero andan marcando escrupulosamente el tiempo de la música".

A los nazis les gustaba la música y obligaban a los prisioneros a cantar, acompañando a las bandas, mientras les mantenían firmes en la plaza del campo durante horas, un amasijo de huesos en pleno invierno alemán, semidesnudos sobre la nieve; la música acompañaba las ejecuciones, las palizas, la  actividad del crematorio. Música clásica, marchas militares, música popular.

Os dejo con Rosamunda:

miércoles, 13 de mayo de 2015

"Memoria por correspondencia": la dramática infancia de la pintora Emma Reyes

Me entero por un artículo firmado por Rafael Narbona en El Cultural de el diario El Mundo de la edición, por parte de Libros del Asteroide, de Memorias por correspondencia, de Emma Reyes, pintora colombiana de la que nunca había oído hablar. Se trata de las 23 cartas enviadas por la artista a su amigo e historiador Germán Arciniegas, en el período transcurrido entre 1969 y 1997. Emma murió en Burdeos en 2003. En esas cartas Emma relata sin sentimentalismos, con una prosa "de helada y escabrosa belleza", según Narbona, su desdichada infancia junto a su madre y su hermana Helena.









"Desconocía la identidad de su padre", escribe Narbona, "su única hermana se llamaba Helena y su madre era la señora maría, una mujer neurótica e inestable que confinó a las niñas en una pequeña habitación, limitándose a visitarlas de tarde en tarde para garantizar su supervivencia. Siempre se mostró fría, arisca, brutal. Las niñas solo abandonaban su encierro para jugar en un estercolero, sin ignorar que cualquier motivo podía desencadenar un aluvión de bofetadas, insultos y tirones de pelo".












Así comienza una vida de maltratos sucesivos, sin amor ni cuidados, una infancia dramática que más tarde plasmará en sus cuadros y dibujos. He visto su obra a través de la red y me ha impresionado la desolación que transmite. Buscaré el libro, y os contaré.


viernes, 27 de febrero de 2015

"Los surcos del azar", de Paco Mora

"Para qué llamar caminos/ a los surcos del azar", cantaban unos versos de Antonio Machado. Así se titula este libro conmovedor, absolutamente necesario, a mi juicio, que reivindica el papel de aquellos republicanos que perdieron la Guerra Española, huyeron de nuestro país y se enrolaron con los Aliados para luchar contra el fascismo. Un libro necesario porque reivindica nuestra memoria histórica y el papel de muchos héroes anónimos que se jugaron la vida para luchar contra los nazis, con la esperanza de que, una vez derrotados Hitler y Mussolini, se liberara a España del fascismo.











Reconstruye la historia de "La Nueve", la división acorazada del ejército de la Francia Libre que participó en la Guerra y en la liberación de París.  El rigor histórico con el que Roca plantea el libro le otorga total verosimilitud sin hurtarle agilidad y frescura. Un libro inolvidable, conmovedor hasta las lágrimas. "Creo que es de justicia recordar a aquellas personas que lo dieron todo, incluso su vida, en la lucha contra el fascismo. Ya fuera en su lucha contra Franco o contra Hitler y Mussolini. Es cierto que entre el ejército aliado había también exiliados de otras naciones oprimidas bajo el yugo fascista. Los había italianos, alemanes, polacos... Pero todos ellos tuvieron un hogar al que regresar tras derrotar al fascismo. Tan sólo los españoles no tuvieron un país libre al que poder volver", manifestaba el autor en una entrevista.




























Creo que es un libro de lectura obligada para quien desee conocer qué fue de aquellos leales que tuvieron que exiliarse y afrontar la soledad, la humillación y el olvido. Os lo aconsejo encarecidamente.

martes, 24 de febrero de 2015

"Leonora", de Elena Poniatowska

Hace unos días os comentaba que había comenzado a leer Leonora, la biografía sobre la pintora Leonora Carrington escrita por la premio nobel Elena Poniatowska. Años atrás estuve investigando sobre la pintora surrealista con la pretensión de incluirla en un proyecto de libro que nunca llevé a cabo, La mujer del cuadro, pero cuya preparación me permitió acercarme a la vida de un puñado de mujeres singulares, protagonistas de cuadros que por uno u otro motivo llamaron mi atención. A Mi Casa traje alguno de ellos.
Este autorretrato de Leonora Carrington se encontraba entre los elegidos, y vuelvo a él a través de la sugerente prosa de Poniatowska. Un lienzo en el que vemos a la pintora vestida de amazona, con su hermosa cabellera como crines

(- ¿Me estás diciendo que yo no soy un animal? -le pregunta atónita Leonora a su madre.
- Sí, eres un animal humano.
- Yo sé que soy un caballo, mamá, por dentro soy un caballo.
- En todo caso eres una potranca, tienes los mismos ímpetus, la misma fuerza, te lanzas sobre los obstáculos y los brincas, pero lo que yo veo frente a mi es una niña vestida de blanco con una medalla al cuello.
- Estás equivocada, mamá, soy un caballo disfrazado de niña.
Tártaro es  un caballito de madera en el que, desde niña, se columpia varias veces al día. "Galopa, galopa, Tártaro." Sus ojos negros centellean, su rostro se afila, su pelo es la crin de un corcel, las riendas se mecen locamente en torno a su cuello, que se alarga).

Me resulta delicioso ir leyendo y mirando su pintura a un tiempo, compartir la mirada de Poniatowska sobre la artista y su obra. O lo iré contando.



martes, 17 de febrero de 2015

"Memorias de Adriano", de Marguerite Yourcenar

"Antinoo era griego; remonté en los recuerdos de aquella familia antigua y oscura, hasta la época de los primeros colonos arcadios a orillas de la Propóntida. Pero en aquella sangre algo acre el Asia había producido el efecto de la gota de miel que altera y perfuma un vino puro. Volvía a encontrar en él las supersticiones de un discípulo de Apolonio, el culto monárquico de un súbdito oriental del Gran Rey. Su presencia era extraordinariamente silenciosa, me siguió en la vida como un animal o como un genio familiar. De un cachorro tenía la infinita capacidad para la alegría y la indolencia, así como el salvajismo y la confianza. Aquel hermoso lebrel ávido de caricias y de órdenes se tendió sobre mi vida. Yo admiraba esa indiferencia casi altanera para todo lo que no fuese su delicia o su culto; en él reemplazaba al desinterés, a la escrupulosidad, a todas las virtudes estudiadas y austeras.















Me maravillaba de su dura suavidad, de esa sombría abnegación que comprometía su entero ser. Y sin embargo aquella sumisión no era ciega; los párpados, tantas veces bajados en señal de aquiescencia o de ensueño, volvían a alzarse, los ojos más atentos del mundo me miraban en la cara, me sentía juzgado. Pero lo era como lo es un dios por uno de sus fieles; mi severidad, mis accesos de desconfianza (pues los tuve más tarde), eran paciente, gravemente aceptados. Solo una vez he sido amo absoluto; y lo fui de un solo ser."

Por alguna razón de repente me han venido a la memoria los amores de Antinoo y el emperador Adriano, y los maravillosos retratos del  joven que descubrí en varios museos, durante un inolvidable viaje a Grecia que me llevó por muchos de los enclaves míticos del país: Micenas, Corfú, Delfos, Delos, Olimpia, Meteora, Atenas... He husmeado en mi biblioteca y encontrado mi ejemplar de las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, y entre muchos subrayados y esquinas dobladas hallé el momento en que el emperador conoce al que sería el amor de su vida, un texto bellísimo que no he podido resistir la tentación de compartir con vosotros.

domingo, 15 de febrero de 2015

Mañana de sábado

Mañana de sábado. Después del paseo matutino, y el segundo desayuno con prensa y suplemento cultural recojo de mi casillero un poemario que he encargado a Valparaíso Ediciones, Almudena, de Luis García Montero, un conjunto de poemas de amor escritos a través de los años, dedicados a Almudena Grandes, mujer del poeta. Llego a casa, me sirvo un aperitivo y pongo en marcha el cd que estos últimos días escucho una y otra vez, Francesca de Rimini, de Chaikovski, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Barenboim.

(...)
Y aquí estoy yo,
que voy soltando amarras hasta quedarme tuyo
y camino hacia el mar
con los ojos cerrados,
como una barca deja su refugio,
una barca feliz que se repite:
no me ha sido posible,
porque nada me importa,
solo tu piel,
la piel de una tormenta.

Da vergüenza decirlo.


Se desata el Infierno de Dante, torbellinos de fuego, Francesca y Paolo penando su amor.

(...)
Seguro que tú puedes porque lo piensas todo,
pero yo nada encuentro,
nada encuentro en mí mismo
que no viva rendido a ser memoria,
amor de ti,
sombra de lo que existe porque te pertenece.

De repente, se aquieta el fragor, se remansa la tormenta que abrasa a los amantes en un eterno castigo y surge la voz de Francesca hablando de amor. Dante le escucha conmovido. Y yo sigo leyendo a García Montero en su amorosa declaración a Almudena.

No existe libertad que no conozca
ni humillación o miedo
a los que no me haya doblegado.
Por eso sé de amor,
por eso no medito el cuerpo que te doy,
por eso cuido tanto las cosas que te digo.

Cierro el libro y me entrego a la música. Cuando calla Francesca, vuelve a rugir el Infierno. Condenados a soledad perpetua y a la perpetua espera. No puedo resistirlo.

viernes, 16 de enero de 2015

Jesús Carrasco, "Intemperie"

"Entre sorbo y sorbo de agua, con la noche ya cerrando, el viejo anduvo merodeando por el lugar y al rato regresó con un ramillete de hierbas y un panal abandonado. Formó un hogar con rocas y encendió fuego. Sobre una sartén ennegrecida vertió un chorro de aceite y frió hojas de llantén y de caléndula. Un extraño olor se sumó al coro de aromas que emanaban de los animales y del secarral anochecido.Trazas de regaliz, orégano y jara. Tierra seca. Recuerdos de la higuera cautiva. Excrementos y orines de las cabras, queso agrio y alguna bosta fresca del burro a pocos metros, con su pestilencia húmeda y tibia. Sobre el refrito caliente de hojas, el viejo fue rompiendo trozos de la cera del panal y, cuando lo hubo mezclado todo, empapó con el mejunje jirones de tela sucia. El chico, tumbado junto a la palmera, dejó que el viejo le envolviera la cabeza con su remedio sin rechistar, en parte por debilidad y en parte por necesidad."

Tenía ganas de leer este libro, que resultó un boom hace dos años, considerado como el mejor del 2013 para los libreros de Madrid. Es la primera novela de Jesús Carrasco, y los críticos le comparan a Delibes, a Donoso, a Hernan Rivera Letelier. Mientras lo leía, fascinada por la pureza de su estilo, la contundencia y sonoridad de su castellano, sí me recordó a Delibes, pero no pensé en los otros dos hasta que repasé sus críticas. Y creo que tiene razón: su novela tiene ecos de ambos.

La historia es poderosa, el estilo depuradísimo, el lenguaje de una intensidad y una pureza deslumbrante. Os lo aconsejo.

miércoles, 14 de enero de 2015

"Degenerado", de Chloé Cruchaudet

En una tienda especializada en comics cercana a mi casa (me encanta ir de vez en cuando y rebuscar en los estantes, siempre encuentro varios libros tentadores) me topé con esta portada, completamente irresistible, que pertenece a una de las novelas gráficas más potentes que he leído últimamente. Estos últimos años este género me está deparando muchos momentos gozosos. Hace unos días traía a Mi casa Enciclopedia de la tierra temprana, hoy le toca el turno a Degenerado, de la ilustradora Chloé Cruchaudet, merecedor de varios premios, entre ellos el del Público en el Festival de Angouléme 2014.















Degenerado es una novela apasionante, inspirada en una historia real que debió tener cierta repercusión en Francia pero que yo desconocía, y que la autora maneja con imaginación e inteligencia a lo largo de 160 páginas. Pero todo esto lo supe después: en principio lo que me enamoró fueron sus dibujos, de una expresividad extraordinaria.














Cuenta la historia de Paul Grappe y Louise Landy, dos jóvenes que se conocen, se enamoran y se casan justo al comienzo de la Primera Gran Guerra. Él es llamado a filas, vive el horror del frente, deserta y decide travestirse para sobrevivir. Aquí arranca una historia apasionante y terrible que no quiero desvelaros.












He buscado en la red información sobre Paul y Louise y he encontrados estas imágenes que, tras haber leído su historia, me han impresionado. A la izquierda tenemos al matrimonio con su bebé en 1926; a la derecha, Louise y Paul travestido en Suzanne dos años antes, y abajo Paul en 1925.


Cierro con una canción de la época a la que se hace referencia en el libro: C'est un male, escrita por Charlys e interpretada por Fréhel.

sábado, 3 de enero de 2015

La Enciclopedia de la Tierra Temprana

Isabel Greenberg, la autora de La enciclopedia de la Tierra temprana, resume así el argumento de su libro: "Es la aventura de un hombre que viaja por un mundo imaginario donde hay magia, gigantes, salchichas y sobre todo historias, muchas historias". Greenberg debuta en el mundo del comic con uno de los libros más deliciosos que he leído, un libro que habla del poder de la palabra, de la seducción de las historias universales, del papel del narrador.










La Biblia y sus cuentos apasionantes, La Odisea, Las Mil y una noches, historias de hadas y brujas, de dioses y monstruos, un viaje apasionante a través de los mitos y las leyendas protagonizado en un joven en busca de un trozo de su alma.















Historias que se suceden a un ritmo trepidante, llenas de frescura, deliciosas en sus trazos. Isabel Greenberg ha ganado el Premio Jonathan Cape con este precioso libro que mi nieto y yo hemos leído a la par, los dos entusiasmados. Os lo recomiendo.






lunes, 1 de diciembre de 2014

"Así empieza lo malo", de Javier Marías

"¿Por qué habría de querernos el que señalamos nosotros con tembloroso dedo? ¿Por qué ese justamente, como si nos tuviera que obedecer? O por qué habría de desearnos aquel que nos turba o enciende y por cuyos huesos y carne morimos? ¿A qué tanta casualidad? Y cuando se da, ¿a qué tanta duración? ¿Por qué ha de perseverar algo tan frágil y tan prendido con alfileres, la más rara conjunción? El amor correspondido, la lascivia recíproca, el enfebrecimiento mutuo, los ojos y las bocas que se persiguen simultáneamente y los cuerpos que se estiran para divisar al elegido entre la multitud, los sexos que buscan juntarse una y otra vez y el extraño gusto por la repetición, volver al mismo cuerpo y regresar y volver... Lo normal es que casi nadie coincida, y si existen tantas parejas supuestamente amorosas es en parte por imitación y sobre todo por convención, o bien porque el que señaló con el dedo ha impuesto su voluntad, ha persuadido, ha conducido, ha empujado, ha obligado al otro a hacer lo que no sabe si quiere y a recorrer un camino por el que nunca se habría aventurado sin apremio ni insistencia ni guía, y ese otro miembro de la pareja, el halagado, el cortejado, el que se adentró en su nube, se ha ido dejando arrastrar."

Que Marías es un gran contador de historias, un agudo observador de la realidad, un analista lúcido de las pulsiones humanas no es ninguna novedad. A mi siempre me cuesta un poco entrar en su lenguaje; sus circunloquios, sus derivaciones a veces me cansan un poco, y me distraigo, pero siempre me compensa volver porque maneja los tiempos como nadie, enmaraña para luego tirar del hilo y todo se vuelve obvio, nítido. Buena literatura, sin duda.

lunes, 3 de noviembre de 2014

"Canadá", de Richard Ford

"Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mi en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no se contase esto antes que nada.

Nuestros padres eran las personas de las que menos se podría pensar que atracarían un banco. No eran gente rara, ni evidentemente criminales. A nadie se le hubiera ocurrido pensar que estaban destinados a acabar como acabaron. Eran personas normales -aunque, claro está, tal afirmación queda invalidada desde el momento mismo en que atracaron el banco.

Mi padre, Bev Parsons, era un chico de campo que nació en Marengo County, Alabama, en 1923, y terminó la secundaria en 1939, loco de ganas de entrar en el Army Air Corps de los Estados Unidos, el cuerpo que luego se convertiría en la Fuerza Aérea. Entró en Demópolis, se formó en Randolph, cerca de San Antonio, donde quiso ser piloto de combate, pero como le faltaban aptitudes tuvo que conformarse con convertirse en oficial de bombardero. Voló en los B- 25, en los Mitchell ligeros y medios que sirvieron en Filipinas, y luego sobre Osaka, donde sembraron la destrucción en la tierra tanto entre el enemigo como entre la gente inocente. Era un hombre alto, de más de un metro ochenta (apenas cabía en la carlinga del bombardero), encantador, guapo y sonriente, de cara grande, cuadrada y expectante y pómulos huesudos, labios sensuales y pestañas atractivas, largas y femeninas. Tenía los dientes blancos y brillantes y un pelo negro corto del que se sentía muy orgulloso, lo mismo que de su nombre: Bev. Capitán Bev Parsons. Nunca admitió que Beberly fuera un nombre de mujer para la mayoría de la gente."

Así arranca Canadá, la última novela de Richard Ford publicada en nuestro país, y que me ha tenido pegada a sus páginas este verano. No he leído mucho estos meses que he estado lejos de Mi casa, pero esta novela me ha dejado muy buen sabor de boca. Ford es uno de los grandes. Os la recomiendo.

viernes, 16 de mayo de 2014

"La rubia de ojos negros", de Benjamín Black

"La calle estaba desierta y una neblina cálida descendía flotando de las colinas. En la acera de enfrente, los eucaliptos permanecían inmóviles bajo la luz de la farola. Parecían una banda de amonestadores, observándome en silencio mientras me metía en el Oldsmobile. ¿No me lo habían advertido? ¿No me habían dicho que era un idiota cuando, aquella noche, me quedé quieto en los escalones de secuoya en lugar de intentar detener a Clare Cavendish en su precipitada marcha?

Crucé la ciudad a una velocidad excesiva, pero afortunadamente no me topé con ningún coche patrulla. La luna creciente flotaba en la niebla frente a mí cuando, al llegar a la costa, giré a la derecha. Olas fantasmales rompían bajo la luz de la luna; más allá de las mismas la noche era una oquedad negra y sin horizonte. Necesito a alguien, me había dicho, necesito a alguien.

Giré el volante para atravesar la verja  del Pavbellón Langrishe y apagué las luces de cruce, tal como me había pedido Clare. No quería que nadie se enterara de mi llegada; imaginé que al decir "nadie" se refería a su madre; tal vez también a su marido. Conduje hasta el lateral de la casa y aparqué frente al invernadero. Algunas ventanas estaban iluminadas, pero no parecía haber nadie en ninguna de las habitaciones."


Banville metamorfoseado en Black resucita a Raymond Chandler en esta novela negra que tiene el olor y el sabor del clásico y que se lee de un tirón. Perfecta para descansar. Muy entretenida.

domingo, 20 de abril de 2014

Se va García Márquez y nos deja algo más solos

"El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros". Así comienza Crónica de una muerte anunciada. Recibo con tristeza la noticia de la muerte de García Márquez, como medio mundo. Desastrosos primeros meses de 2014 que nos han obligado a despedirnos de tantos ilustres. Y siento cada día más imperiosamente la necesidad de volver a sumergirme en los libros, en la música, y dejar al margen esta realidad tan inhóspita. La vida es tan corta, y la belleza está ahí, al alcance de la mano...
Para alguien que no tiene nada que decir, hablo demasiado. Y aquellos que podían contarnos la vida van callando.
La fotografía, de Daniel Mordzinski.

viernes, 4 de abril de 2014

En el centenario del nacimiento de Marguerite Duras

Pocas escritoras tan mías como Marguerite Duras, cuyo centenario se celebra hoy. Una de las razones por las que viajé a Vietnam fue adentrarme en el Mekong con ella, navegar la desembocadura, pasear los pueblos limítrofes y rememorarla. En Mi casa tenéis algunos recuerdos de aquel viaje, siempre con Duras cerca de mí.
Con la excusa de esta celebración busco en mi biblioteca su obra y cojo una novela al azar. Los ojos azules. Pelo negro. Una fecha: 27/3/87. Tusquets editores. En el interior, un folio doblado por la mitad. Lo despliego y leo:














Los ojos azules pelo negro

Es la historia de un amor, el mayor y más terrible que me haya sido dado escribir. Lo sé. Uno sabe las cosas por sí mismo.
Se trata de un amor que no nombran las novelas y que tampoco nombran aquellos que lo viven; de un sentimiento que en cierto modo no tendría aún su vocabulario, sus costumbres, sus ritos. Se trata de un amor perdido. Perdido en el sentido de perdición.
Lea el libro. En cualquier caso, incluso en el de una aversión instintiva, léalo. Nosotros no tenemos nada que perder ya, ni yo de usted, ni usted de mí. Léalo todo. Lea todas las distancias que le indico, la de los pasillos escénicos que rodean la historia y la sosiegan y le liberan de ella mientras los recorre. Siga leyendo y de pronto habrá atravesado la historia misma, sus risas, su agonía, sus desiertos.
Sinceramente suya
Duras


sábado, 22 de marzo de 2014

El taller de Francis Bacon

Interesantísimo el libro de Franck Maubert El olor a sangre humana no se me quita de los ojos, que recoge las conversaciones del autor con el pintor Francis Bacon. Arranca con una descripción de su estudio que me gustaría compartir:

"Finalmente la habitación importante, el taller. El antro. Un lugar protegido con celo.La realidad supera con creces lo que hasta entonces había entrevisto en catálogos y revistas. Cierto que no es el primero ni será el último artista en acumular tantas cosas: el pintor Walter Sickert acompañado de su mujer en su estudio muestra el suelo cubierto de estratos de periódicos y de detritos diversos...Sobre el entarimado de Bacon hay residuos de todo tipo que forman una especie de compost de sedimentos, una costra rugosa: lo opuesto a la limpieza "clínica" de sus cuadros, que sin embargo nacen aquí, y cuya anchura no puede exceder la diagonal de la ventana. Zapatos desparejados, guantes de goma rosa, platos, esponjas viejas, libros abandonados con páginas rasgadas, fotografías arrancadas... y pirámides de pinceles. Se disculpa:"Es que toda mi vida no ha sido más que un vasto desorden". Regueros de colores-anaranjado, violáceo, amarillo vivo, rosa estridente- corren por el suelo y trepan por la puerta y las paredes. El taller, iluminado por una claraboya en el techo y una bombilla desnuda, no es sino una paleta inmensa. Y una invitación a pintar. Este desbarajuste es el centro mismo de la imaginación pictórica de Bacon. Lo he visto engancharse a un tríptico dedicado al torero Ignacio Sánchez Mejías, muerto en combate, a partir de un poema de García Lorca. Más adelante sabré que solo conservará el cuadro de la derecha del tríptico. El artista no revela todas sus fuentes, no cuenta sus secretos de fábrica, algunos de los cuales se han descubierto después de su desaparición al investigar los documentos amontonados en su taller."











lunes, 10 de marzo de 2014

"Lecturas para minutos", de Herman Hesse

Buscaba en mi librería un ejemplar bilingüe de los poemas de Shakespeare (no lo encontré, debe habérselo tragado: los designios de mi biblioteca son inescrutables, e insaciable su voracidad), cuando he descubierto un libro que no hojeaba desde la adolescencia, del autor que quizá más influencia haya ejercido sobre mis años jóvenes, Herman Hesse. !Qué emoción volver a releer aquellos pensamientos que subrayé deslumbrada hace una eternidad¡ No me resisto a ofreceros alguno:

"Sí, dígase sí a sí mismo, a su exclusivismo, a sus sentimientos, a su destino. No hay otro camino. A dónde conduce, no lo sé,pero conduce a la vida, a la realidad, a lo ardiente y necesario. Podrá encontrarlo insoportable y quitarse la vida, todo el mundo es libre de hacerlo y solo el pensarlo alivia a menudo, también a mí. Pero rehuir ese camino deliberadamente,por traición al destino y sentido propios,por adhesión a los "normales", eso no lo puede usted hacer. No le duraría mucho tiempo y le acarrearía una desesperación mayor aún que la actual".

"No debemos buscar, sino encontrar, no debemos juzgar, sino observar y comprender, inspirar y elaborar lo inspirado. Tenemos que sentir nuestra propia esencia integrada y ordenada en el todo. Solo entonces tendremos relaciones verdaderas con la naturaleza".

"El ansia profundísima de viajar no es distinta ni mejor que ese peligroso deseo de pensar impávidamente,de ponerse al mundo por montera y querer tener respuesta de todas las cosas,personas y sucesos. No se sacia con planes y libros; exige más y cuesta más; hay que poner en ello sangre y corazón".