!!! Bienvenido ¡¡¡

Gracias por entrar. Antes de irte, echa un vistazo y comparte con nosotros. Nos interesa conocer todo lo que quieras compartir. ¿Has hecho algún descubrimiento deslumbrante? ¿Una película, un poema, un cuadro, un disco? ¿Una ciudad, un paisaje? Ábrenos una ventana y nos asomaremos.
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pensamiento. Mostrar todas las entradas

jueves, 11 de junio de 2015

"La música nos salva" por Xavier Güell

"El ruido, la furia de un mundo destemplado, egoísta, no nos permite oír nuestra propia armonía interior. Una armonía que está conectada con esa vibración de las esferas de la que hablaba Pitágoras, y que emite un canto sereno, cálido, que proclama la reconciliación entre el pulso trágico que late inevitable en todo ser humano y las fuerzas ocultas de la naturaleza. Percibir esa música nos salva, nos proporciona el placer inmenso de sentirnos parte de algo mucho más grande que nosotros mismos, en donde todo está concordado por una cadencia general.

Sólo un mundo más solidario, más consciente de la necesidad de buscar al otro, puede hacernos salir de la crisis global en la que nos encontramos. Tenemos que saber que la historia se repite una y otra vez con insistencia. Tenemos que ser conscientes de que siempre hemos superado dificultades profundas, con imaginación, con coraje. No podemos olvidar que el ser humano ha sido siempre valiente cuando las condiciones le sitúan en una encrucijada límite en donde no tiene más remedio que decidir. Es entonces cuando, con un instinto infalible, es capaz de jugársela y tomar decisiones acertadas.

No estamos solos. Desde la unión encontraremos respuestas. Desde la defensa apasionada de la cultura, la cultura como medio de fomentar la creatividad individual y colectiva, superaremos la actual situación de estancamiento. La cultura es imprescindible en momentos difíciles y nunca como ahora es más necesaria la unión del arte, la ciencia y el pensamiento. Pero debemos dejarnos inundar por la música. La música es la palabra revelada, dirigida directamente al corazón de los seres humanos. Saber interpretarla es el gran reto que tenemos por delante. Si lo conseguimos, intuiremos de dónde venimos y, lo que es más importante, hacia dónde vamos. La música, como bien sabía Schopenhauer, es lo único —junto con la comprensión global de la naturaleza, el arte y la religión— que puede aplacar ese sufrimiento desesperado por no conocer el sentido de nuestra vida. Nuestra existencia tiene una explicación, un fin, y el instrumento para desentrañar su secreto está en la música.


Por primera vez, a los 58 años, he sentido la necesidad de escribir un libro. Un libro que enseña a escuchar nuestro propio sonido interior a través de Beethoven, Schubert, Schumann, Brahms, Liszt, Wagner y Mahler. Sus testimonios, susurrados en primera persona al oído de los lectores, van desgranando el dolor de sus vidas, el gozo de sus sueños, la miseria de sus miedos, la insobornable lucha por crear una obra inmortal. Como músico necesito sentir el pálpito del ritmo. También en la literatura. Cada vez que concluía un capítulo lo leía una y otra vez en voz alta, corrigiéndolo hasta conseguir que las palabras se acercaran a la música. Ese ha sido mi principal objetivo. Y nada me haría más feliz que este libro mostrase que la vibración del mundo es el pálpito de la música y que podemos recorrer nuestras vidas abrazados como hermanos llevando su mensaje de amor y entrega a los demás."

Xavier Güell, diario El País, 23 de mayo de 2015.

sábado, 6 de junio de 2015

"Reválida", por Francisco Calvo Serraller


Traigo a Mi casa este artículo de Francisco Calvo Serraller en el que reflexiona sobre la vejez, a partir de la publicación en España de Vita Nova, poemario de Louise Glück, una poeta que me encanta, cuyos versos os he ofrecido no hace mucho. Me haré con él inmediatamente.


"Me he convertido en una anciana. / He acogido con agrado la oscuridad / que tanto temía”, escribe la laureada poeta estadounidense Louise Glück (Nueva York, 1943) en un reciente libro traducido a nuestra lengua con el título Vita Nova (Pre-Textos), el mismo sello editorial que publicó, hace nueve años, El iris salvaje, galardonado con el Premio Pulitzer. Pudiera parecer paradójico que alguien, ya adentrado en una edad de irremisible declinación biológica, elija como título Vita Nova, tomado de Dante, para un poemario donde trata de rendirse cuentas a sí misma durante el ceremonial del adiós; pero ella misma lo explica en otros versos: “Sólo se sabe después de muchos años. / Sólo después de una larga vida si uno está preparado / para entender la ecuación”. Y esa ecuación es la de saber que las pérdidas, según y cómo, pueden trocarse en ganancias, como, por ejemplo, la de adquirir ese genio del maestro, “en cuya mente ágil / el tiempo transcurre en dos direcciones: hacia atrás / desde el acto al motivo / y hacia delante hacia una decisión justa”.

De manera que ya lo estamos viendo: según se desmedra el cuerpo, parece amplificarse la mente, que no es sólo el mero rebullir de unas neuronas cada vez más apocopadas. Porque ahí interviene de manera decisiva ese procesador del siempre superabundante cerebro que llamamos consciencia, la cual rinde poco o casi nada durante la pletórica infancia; muy parcialmente todavía durante la apoteosis neuronal de la adolescencia, y aún con muchísimos agujeros en blanco incluso en la juventud. Ya que, en cualquiera de estas etapas de creciente plenitud física, hay poco que procesar: nos falta experiencia. No en balde la vida hay que vivirla hasta el final, porque a nadie se le alumbra la consciencia sin haber visto venir la muerte, que avanza de puntillas, quedamente, “tan callando”. O como nos advierte Glück: “Tenía miedo del amor, de que me llevaran lejos. / Los que temen al amor, temen a la muerte”.
Es verdad que a esta ciencia de la consciencia se llega por muy diversos caminos, pero sólo a través del arte, que se deja mejor conjugar con tiempos imperfectos y en modo subjuntivo; es decir: que no teme zambullirse por entre las pantanosas aguas de lo conjetural, nuestra consciencia da, nunca mejor dicho, su “do de pecho”, ya que entonces empieza a pensar con todo el cuerpo, y, de esta manera, alcanza los vislumbres de un paisaje ilimitado. O como nos espeta súbitamente Glück: “Eso es el mar: / existimos en secreto”.

Por eso Glück emplaza su ecuación precisamente en el equívoco quicio del arte, que nos impulsa retrocesivamente hacia el pasado para adelantar la futura decisión justa, esa comprometedora promesa nunca alcanzada por inalcanzable. Pero ¿acaso se puede abarcar la realidad sin elevación, sea onírica, imaginativa o a través de cualquier otra de las antenas no conceptuales de las que dispone nuestro cuerpo para palpar la naturaleza? “¿El despertar puede quitarme lo que me ha sucedido?”, se pregunta, por su parte, Glück, que confiesa a continuación: “Soñé todo, me entregué / por completo y para siempre”.

Una vida nueva, desde la alta cima de la consciencia artística, es siempre una reválida, que sólo cobra sentido en las postrimerías. Así nos lo declara Glück: “Sin duda me han devuelto la primavera, esta vez / no como amante sino como mensajera de la muerte, pero en cualquier caso es primavera, en cualquier caso lo hacen / con ternura”. Y aún más paladinamente, si cabe: “Qué dulce es mi vida ahora / en el descenso hacia el valle, / el valle no cubierto de niebla / sino fértil y apacible. / Así que por primera vez me encuentro / capaz de mirar hacia delante, capaz de mirar al mundo, / incluso de acercarme a él”. Quizá no nos sea posible más que aproximarnos a una decisión justa, pero, sin la reválida vital de descender al valle, ni siquiera imaginaríamos la existencia de esa crucial opción."

Francisco Calvo Serraller, diario El País, 23 de mayo de 2015.

lunes, 1 de junio de 2015

"El Dorado" por Manuel Vicent


Los conquistadores de Indias oyeron contar a unas tribus indígenas que en algún lugar al norte existía una laguna llena de oro, producto de una ofrenda ritual, que un rey cada año ofrecía a los dioses. Así nació la leyenda de El Dorado. Los conquistadores atravesaron selvas y cordilleras, ríos caudalosos y ciénagas ponzoñosas en busca de ese tesoro sumergido. El Dorado siempre estaba más allá, en otra parte y nunca fue encontrado, pero esa leyenda sirvió de poderoso acicate para despertar nobles sueños del alma humana, no solo la codicia. Como el Santo Grial o la Piedra Filosofal, el mito de El Dorado es una pauta del espíritu, un ideal de pureza y de resurrección. En política El Dorado también existe. Es ese sueño de igualdad, libertad, moral pública y regeneración, que la izquierda cree poder alcanzar. Ahora, unos con la nariz tapada, otros con el empeño juvenil de que cambiar el orden de las cosas, muchos ciudadanos han llegado al pie de las urnas municipales y autonómicas con la ilusión de aquellos conquistadores, que vencieron toda suerte de adversidades atraídos por la leyenda de El Dorado. Ingenuos o resabiados, los votantes de izquierdas que han conseguido colocar a sus líderes en la ruta hacia la laguna de oro, esperan que esta vez el pacto leal entre partidos y plataformas progresistas se sobreponga a la ambición, codicia y egoísmo de los mediocres. En general, para la derecha la política no es sino la proyección de sus intereses privados; en cambio, se supone que para la izquierda la política es un ideal de limpieza moral y de regeneración pública. ¿Qué conquistador será el primero en confundir El Dorado con un caudal a sus expensas en el que se puede meter mano?. No debe volver a pasar. Bastará con que se corrompa un concejal de izquierdas para que se destruya todo un sueño y el Dorado deje de existir una vez más.
Manuel Vicent, diario El País, 31 de mayo de 2015

domingo, 24 de mayo de 2015

"Mañana", por Manuel Vicent

Hay épocas en que se produce una explosión juvenil que muchos confunden con una revolución política, pero se trata solo de la ruptura estética de una generación, que se niega a ser como sus padres e impone en sociedad sus propios ritos. En nuestra reciente historia se han dado tres asaltos de esta clase. Mayo del 68 en París fue una llamarada de rebeldía que tuvo una réplica amortiguada en la universidad española. Era aquel tiempo en que en nuestro país los estudiantes comenzaron a soñar con la libertad corriendo delante de los guardias. De aquellos sueños derivó nuestra democracia. Años después, una nueva generación se presentó a sí misma en sociedad a caballo de los socialistas llegados al poder en octubre de 1982 y aquellos jóvenes comenzaron a cabalgar muy por encima del Gobierno. La ruptura no se produjo en la política, sino en la calle, en las aulas, en los estadios, en las discotecas, en las formas de vivir, de amar, de viajar, de vestir, de hablar. Un nuevo relevo generacional se está produciendo ahora mismo en nuestra sociedad. Los jóvenes que anidaron en la Puerta del Sol un 15 de mayo están dispuestos a acampar en las instituciones del Estado. Tampoco traen una revolución política, sino un ideal de limpieza y de moralidad pública, pero en este sentido hay que saber quién es joven y quién es viejo en esta batalla. Aunque tengas 30 años serás un viejo si bajas los brazos frente a cualquier adversidad; en cambio uno es joven a cualquier edad si tiene un proyecto por pequeño que sea. Basta con que crea que es interesante levantarse de la cama porque espera que ese día va a suceder algo agradable. No es necesario cantar bajo la ducha ni realizar estiramientos y abdominales. La juventud es un modo de ser, una forma de estar en el mundo. Bienvenido al nuevo horizonte, que sin duda puede abrirse mañana.

Menuel Vicent, diario El País, 24 de mayo de 2015

Emilio Lledó: La decencia

"Ojalá este domingo regrese precisamente eso, la decencia. Debemos votar por ello. Sería una bendición que nos ayudaría a cortar el paso al engaño, la falsedad; resultaría toda una venganza contra los prepotentes", manifiesta el filosofo Emilio Lledó en una espléndida entrevista realizada por Jesús Ruiz Mantilla para el diario El País, publicada el 21 de mayo. "Para mi sigue resultando válido lo que Aristóteles resaltaba como gran característica de quien se dedique a ella [la política] considerándola servicio público: una tarea para hombres decentes. Sin embargo ahora está en gran parte en manos de lo contrario y, además, esa falta de virtud se exhibe con poder. Lo que debería ser la política se ha transformado en estupidez y chulería nauseabunda".

sábado, 23 de mayo de 2015

"Indefensos ante la manipulación", por Rafael Argullol

"Nuestra época ya no ha recuperado, o no ha querido recuperar, la verdad interna de la palabra. Si somos sinceros, nuestra época ya no piensa en términos de palabra o de verdad. “Dar la palabra”, un ritual sacralizado hasta hace poco, ha dejado, en apariencia, de tener significado, y en nuestra vida pública la presencia de la verdad se ha convertido en fantasmagórica, aplastada por las obesas siluetas de la rentabilidad, la eficacia, el impacto o la utilidad. En lenguaje, o la falta de lenguaje, lo dice todo: compárese el tono con el que se proclama la actual construcción europea con el que refleja Zweig en El mundo de ayer cuando hace referencia al entusiasmo con que Rilke, Valéry y tantos otros se referían a la “unidad espiritual” de Europa. Europa era una cultura; no, como alardean los portavoces del presente, una marca."

Os ofrezco un extracto del artículo Indefensos ante la manipulación, firmado por Rafael Argullol y publicado por el diario El País el 20 de mayo de 2015. Habla de la figura de Stefan Zweig. Os lo recomiendo.

miércoles, 20 de mayo de 2015

"Defendiendo el fuerte", por Almudena Grandes

Al principio, Almudena no lo entendió.

Es una locura, le dijo, un disparate, un sacrificio desproporcionado, tú eres un privilegiado, tenemos una vida buena, tranquila, la literatura, la universidad… Luis escuchó en silencio. Después, contraatacó con palabras antiguas, calientes, argumentos de poeta, desde la doble trinchera de la razón y del corazón. Esas palabras también pertenecían a Almudena, pero no resultaron tan contundentes, tan eficaces, como la luz que brillaba en los ojos de su marido. Porque, desde el primer momento, ella supo que él iba a decir que sí.

De perdidos, al río, se dijo Almudena entonces. Si lo va a hacer, lo haremos juntos, y lo haremos bien, y llegaremos hasta el final. Pero en aquel momento ella no sabía toda la verdad. Qué valiente es Luis, le decía la gente, y qué insensato, a quién se le ocurre subirse en un barco del que todas las ratas están escapando ya… Pero esa gente tampoco sabía toda la verdad.

La verdad es sencilla y complicada a la vez, como las buenas historias, y conviene dejar que la cuenten los protagonistas. Almudena ha dejado su casa en la ciudad, su vida buena, tranquila, y se ha mudado a vivir al fuerte. Es un recinto viejo, noble, levantado piedra sobre piedra con el sudor y la implacable determinación de nuestros antepasados. También con sus errores, la amarga herencia que desató la corrosión antes de tiempo. Los muros resisten de milagro, pero sus cimientos son muy hondos, porque están anclados en el destino mismo de la humanidad, en el sufrimiento de quienes no tienen nada, en la desventaja de quienes nacen sabiendo que no son nadie, en la injusticia de un sistema que ha decretado que los seres humanos nunca podrán ser iguales.

Por eso merece la pena defender el fuerte. Cada mañana, sus ocupantes levantan la bandera y suben a la torre más alta para contemplar el paisaje hostil, erizado de peligros, que amenaza su supervivencia. Allí, en una mezcolanza imposible, que desafía a todos los géneros conocidos, acechan los bárbaros, los salvajes, los hombres del rey, los recaudadores de impuestos, los apaches, los cherokees, las tropas del imperio y los villanos de Gotham City. En el subsuelo de la fortaleza, los renegados cavan túneles, pactan porcentajes, se reparten de antemano el botín que resultaría de una rendición que llegó a parecer irremediable. Todos ellos codician por igual el pañuelo de tierra que ocupan sus muros, unos pocos metros cuadrados cuya existencia compromete las estadísticas, hace fracasar los cálculos y complica el reparto del poder. Esa es toda la verdad, la que Luis sabía cuando dijo que sí. Almudena sabe ahora que merecía la pena, porque el fuerte resistirá. El fuerte no se rendirá.

Él sigue hablando, pronunciando palabras hermosas, antiguas, calientes, con la serenidad de quien apela a la conciencia y no al miedo, al corazón y no a los monederos de la gente. Almudena le mira, y le admira. Después de tantos años durmiendo en la misma cama, le asombra de pronto su fortaleza, la entereza de un hombre tan convencido de su razón como un político de otra época, cuando las palabras tenían peso, aroma y sabor, cuando las banderas no eran un trapo, ni las ideas una prótesis de quita y pon, que había que enseñar o esconder según conviniera.

A veces, Almudena mira a su alrededor y se pregunta si Luis y ella no se habrán vuelto locos. Pero remar a contracorriente es un ejercicio saludable para el cuerpo, que tonifica el espíritu y fortifica el pensamiento. Remando a contracorriente, contra toda lógica, todo pronóstico, se erigieron los muros de este fuerte que aún resiste. Algunas luchas son más dulces que cualquier victoria. Algunos caminos importan más que el triunfo de llegar primero a la meta. Esos son los esfuerzos necesarios. Ninguna hazaña es tan digna, tan esencialmente humana, como la voluntad de sobrevivir.

En los últimos días, Almudena ha pensado muchas veces si es justo, honesto, publicar este artículo. Al cabo ha decidido hacerlo, porque otros candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid se presentan con grandes apoyos públicos y privados. El capital con el que cuenta Luis García Montero, candidato de Izquierda Unida, es lo que dicen sus palabras. También la fe, la ilusión de muchos madrileños que ya habían renunciado a tener fe, a albergar ilusiones.

Detrás de Luis está el amor, la complicidad y la admiración de su mujer, que firma con orgullo estas líneas.

Almudena Grandes, El País Semanal, 17 de mayo de 2015

sábado, 2 de mayo de 2015

"Caminos secretos", por Xuan Bello

Acabo de llegar del Sant Jordi de Barcelona, que es como la Ascensión de Oviedo pero con libros en vez de ganado. La Ascensión es una feria hermosa, la de Sant Jordi es algo increíble. Ya sé que entre vender libros o ganado no media nada, sólo es mercado, pero quien vende libros, y eran innumerables los puestos, trafica con algo esencial: el futuro de la sociedad; y es hermoso ver cómo en el Día del Libro miles de personas se echan a la calle buscando una rosa (esa es la costumbre) y un libro o varios libros que les ayuden en la vida. Como yo vendía uno, que me han traducido al catalán, hube de meditar en la razón por la que lo había escrito. Es más fácil crear abismos que construir puentes que salven los abismos. La realidad se encarga de lo primero; la literatura, de lo segundo. Lo tuve muy en cuenta a la hora de escribir sabiendo que sangraba dolorida el alma mía. Para salvarme anduve unos días un poco triste reflexionando sobre mi felicidad, que era paradójicamente mucha, y la felicidad y las tristezas de antaño. ¿Podría yo elaborar un catálogo de cosas felices? Había años, además, que yo le daba vueltas a ese poema. Si, como quiere Bergson, una sucesión de imágenes contrapuestas, conducidas por un único objetivo moral, llevan inexorablemente hacia un sentimiento de duración y de verdad, de sentimiento que anula un momento el tiempo, ¿no sería posible trasladar los momentos felices de nuestra vida a una página y que en ella quedase atrapada la esencia de nuestro contento? Sí, ya lo se que esto se ha hecho muchísimas veces. ¿Pero sería yo capaz de hacerlo? ¿Cómo hablar de las cosas felices sin que se destile, en ese sentimiento consecuente de duración, una delicada tristeza?
Los momentos más felices de mi vida tienen un absurdo denominador común: yo no sabía en ninguno de esos momentos que era feliz. Le pasa me parece a todo el mundo. Hay muchos momentos, además, en los que he sido feliz e infeliz al mismo tiempo, no porque me gustase complicarme la vida, sino porque la vida viene a veces así: uno descubre en la sebe del último verano las primeras moras al tiempo que descubre el significado exacto de la palabra espina; quise sin embargo intentarlo, llegué a casa, y sobre la blanca página escribí la palabra inconsciencia.
Éramos felices cuando éramos inconscientes. Eso parece verdad: la conciencia anula la felicidad, o por lo menos eso pensaba Marcuse. A mí la inconsciencia me lleva a otra palabra, incandescencia, y la incandescencia me trae siempre a la memoria la nieve; a lo mejor es porque dentro de lo incandescente anda bullendo el apelativo cándido, el color de la nieve, o a lo mejor porque nunca he visto nada más encendido que la nieve sobre las manos tiritantes del mundo. Lo recuerdo perfectamente. Mi abuela Lena entraba por la puerta de casa, en Paniceiros, y ante la puerta de la cocina dijo abrigándose:
—¡Ninos, ta faloupando!
Afuera el mundo era blanco como una tierra sin edad. La etimología del asturiano «faloupu» o «falampu», copo de nieve, revela al parecer uno de esos germanismos raros en asturiano; en la lengua de los suevos significaba ‘chispa’ y supongo que tan faloupu era la chispa que hacía saltar el herrero en el yunque como la que caía, helada y constelada, sobre la mano abierta y generosa del mi valle nativo. La incandescencia de la felicidad tiene mucho que ver con estar a salvo, bien abrigado de la intemperie: afuera llueve, pero aquí dentro de mi corazón está construyéndose una casa que nada ni nadie puede derribar. Miro por las ventanas de la memoria: esos lobos de mi infancia, aquellos que se presentían tras las primeras nieves, son heraldos de la felicidad.
Después de escribir la palabra inconsciencia escribí la palabra vértigo, sin saber muy bien por qué. Para no perderme anoté: siempre que alguien se asoma a un paisaje donde se reconoce siente vértigo de ser. Me acordé de Coimbra, en aquel anochecer de 1984 cuando subí a los tejados de la Universidad: el Mondego abrazaba, como el amador transformado en amada, el silencio de la complicidad; me acordé de Roma, desde el Gianiculo, y aquella conversación con un amigo junto a la Porta de San Pancrazio; me acordé de la bahía de Xlendi, en Malta. Siempre se siente vértigo cuando se ve lo que en verdad uno es: la vida, entonces, sabe a destino.

Escribí, por último, la palabra destino, y quise poner en práctica la teoría: inconsciencia, vértigo, destino. ¿Sería ésa la fórmula de la felicidad? Abrí la ventana: no había nevado, pero el viento había sacudido las flores del cerezo cubriendo la antojana de pétalos blancos. Incandescentes, una a una, las palabras fueron cayendo sobre la página: «La inconsciencia que cualquiera manifiesta hacia su destino de alguna manera evita el vértigo de lo vivido y por venir. Ser feliz no es olvidar un momento que somos capaces de herir o de ser heridos, pero se parece bastante».

sábado, 25 de abril de 2015

"A la llana y sin rodeos": el discurso de Juan Goytisolo al recibir el Premio Cervantes

(...)
"Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!"
 (...)
"Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias."
(...)
"Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla."
(...)
"Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella.

Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia."

El discurso de Juan Goytisolo en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes no tiene desperdicio. Por cuestiones de espacio, os ofrezco algunas frases iluminadoras. El texto completo, en este link.

domingo, 15 de marzo de 2015

"Arde la casa", por Manuel Vicent

Si tu casa está ardiendo, sal de ella corriendo sin preguntarte qué pasa fuera. No importa si en la calle llueve, hace frío o calor o está plagada de enemigos. Lárgate antes de que se derrumbe el techo sobre tu cabeza. Esta parábola que Buda explicó a sus discípulos bajo una higuera le sirve hoy a cualquier ciudadano que sienta que su mundo se está viniendo abajo. La casa en llamas es ahora este Gobierno y este Parlamento servidos por un cúmulo de políticos mafiosos, estúpidos o mediocres; son las instituciones del Estado podridas hasta la raíz por la corrupción; es la propia asfixia ante el desplome de los valores morales o estéticos que a uno lo sustentaban. No hay forma de mirar hacia alguna parte de la casa que no veas cómo avanzan las llamas hasta tu estancia secreta. Huye, huye, no importa adónde. En la calle encontrarás a muchos amigos que también tratan de salvarse del incendio. Cada cual tiene su fórmula. Uno ya no compra ningún periódico, solo lee a Catulo y a Montaigne, trata de regenerarse escuchando a Mozart y a Schubert. Otro presume de ver solo documentales de monos y cocodrilos del segundo canal porque en ellos encuentra lo más profundo del ser humano. Otro no escucha la radio ni lee libros, solo sigue algunas series famosas de televisión y ve cine negro, porque en estas viejas películas de gánsteres puede comprobar que los diálogos de Albert Anastasia, Dillinger o Lucky Luciano, que se producen en cualquier garito de Chicago con un whisky en la mano y un revólver en el sobaco son piezas maestras de alta literatura comparada con la garrulería grabada entre el comisario Villarejo y el político González, dos mafiosos ratoneros de cuarta, tomando un café con porras en la pastelería La Mallorquina. Sálvese quien pueda, es la consigna general. Huye, amigo, dice Buda. Está ardiendo la casa.

Manuel Vicent, diario El País, 15 de marzo de 2015

jueves, 12 de marzo de 2015

"Mujeres", de Almudena Grandes

"No teníamos ni idea de cómo se hacía. Nos habían educado para vivir en un país que, por suerte, ya no existía cuando fuimos adultas. Sabíamos bordar un trapito con motivos talaveranos en rojo y negro, hacer mosaicos de arroz teñido con anilina de colores y componer una canastilla para un recién nacido, pero nadie nos había enseñado a hablar de dinero, a negociar un contrato, a tener seguridad en nosotras mismas. Tampoco teníamos modelos, referentes a los que acudir. Mientras las madres de las europeas de nuestra edad debutaban en la lucha por la igualdad, las nuestras habían vivido sujetas a un Código Penal del siglo XIX. Mientras aquéllas quemaban sus sujetadores, éstas se encontraban legalmente incapacitadas para todo lo que no fuera casarse y tener hijos. Tuvimos que hacer en un solo trecho lo que el resto de las europeas habían hecho en dos, avanzando con la lengua fuera, sin instrucciones, sin brújula, improvisándolo todo. Aprendimos a renunciar a ser tan perfectas como nuestras madres para no volvernos locas, a absolvernos por colocar a nuestros hijos en casas ajenas para viajar por motivos de trabajo, a descongelar una pizza para la cena sin sentirnos culpables. Esto fue lo único en lo que fallamos. Nunca conseguimos dejar de sentirnos culpables, pero todo lo demás lo hicimos, y lo hicimos solas, y lo hicimos bien. Vuelvo la vista atrás y ni siquiera lo entiendo. No sé de dónde sacamos tanta imaginación, tanta voluntad, tanta energía, pero estoy muy orgullosa de las mujeres de mi generación. Los libros de Historia no hablarán de nosotras, pero el progreso de este país no habría sido posible sin las españolas que hoy tenemos cincuenta y tantos. Feliz 8 de marzo, chicas. Porque nos lo merecemos más que nadie."

Almudena Grandes, diario El País, 9 de marso de 2015

lunes, 2 de marzo de 2015

"Agua clara", por Manuel Vicent

La vida es el río que va a dar al mar, por supuesto, y también está claro que nunca nos bañaremos dos veces en la misma corriente, según dijo Heráclito, pero uno puede sentarse en la ribera entre las flores de esta incipiente primavera y contemplar cómo fluye el agua, que no es sino la propia memoria limpia o turbia. Existe el placer de remontar el cauce hasta llegar al manantial donde uno se bañaba de niño, aquellas risas, aquellos gritos, y recordar también los felices y turbulentos días de la adolescencia cuando era todavía agua plateada de alta montaña, tan fría e incontaminada la que llegaba a la cascada. Bajo la espesura de los sauces había plácidos remansos, que a veces un rayo de sol hería hasta el fondo de la madre y allí de joven la vanidad del cuerpo se fundía con el verde del agua desnuda. Pero hubo en momento en que la vida dejó de deslizarse suavemente sin peligro río abajo y en las riberas aparecieron los primeros cocodrilos. Recuerdas muy bien cuándo fue y quiénes eran esos enemigos. Después aún tuviste que atravesar un banco de pirañas antes de llegar a este prado de primavera donde ahora estás sentado contemplando cómo pasa el agua. El río tiene una doble corriente, una superficial y otra profunda, como sucede también en la vida. Este suave airecillo de marzo va a producir muy pronto un violento deshielo, y con la crecida por la superficie verás pasar junto con animales muertos, árboles arrancados de cuajo y enseres inútiles, todo lo que en ti fue vano y estúpido. En cambio, por el fondo del cauce a ciegas con el légamo fluirán hacia la muerte, hacia el mar, el esfuerzo que hiciste para no ceder al fracaso, los amores y sueños que hayas tenido, toda la belleza que pudiste obtener como un regalo en tu paso por la tierra. Pero nunca habrá que morir mientras en esta orilla sea primavera.

Manuel Vicent, diario El País, 1 de marzo de 2015

lunes, 9 de febrero de 2015

La estrategia del miedo

"Lo que asusta es poner en manos desconocidas la ingente tarea de recomposición de nuestro entramado territorial y social. Lo que aterra es encargar esa delicada tarea, que exigirá recuperar los consensos políticos que son necesarios para la reforma acotada de nuestra Carta Magna, a quienes quieren demoler el edificio barriendo -literalmente- la Constitución". Ramón Jaúregui dixit, en su artículo Partido de país publicado por el diario El País el pasado 29 de enero, el mismo día y en la página vecina a la que ocupaba la viñeta de El Roto con la que abro este comentario.











Asisto entre atónita, indignada, regocijada, hastiada y preocupada a lo que estamos viviendo estos últimos tiempos en España. Atónita porque nunca pensé asistir a un espectáculo tan denigrante como el que los medios de comunicación y los partidos políticos nos ofrecen a diario a raíz de las expectativas electorales de Podemos; indignada por el desprecio a la inteligencia de los ciudadanos de la que hacen gala medios y partidos, la manipulación permanente, su falta de moralidad y vergüenza; regocijada ante la respuesta ciudadana, cuyo desafecto es directamente proporcional a la iracundia de sus ataques; hastiada porque no hay día en que el acoso y derribo a Podemos no acapare el interés mediático, en menoscabo de mejores análisis y mayor interés informativo; y preocupada porque, entre tanta manipulación y mentiras, se nos está hurtando un debate serio y en profundidad sobre los diferentes proyectos políticos que cada partido debería presentar a la ciudadanía.
Esta campaña del miedo me recuerda a la que vivimos cuando, en plena Transición, el PSOE se anunciaba ganador de las elecciones. Recuerdo el miedo de la derecha tradicional, aún afecta al régimen franquista, anunciando quema de Iglesias y venganzas comunistas. Vivir conlleva riesgos, solo el inmovilismo nos acerca a la muerte. Hoy es el poder el que tiene miedo, y el poder siempre está vinculado al dinero. No sé qué será lo mejor para nuestro país, no sé hacia dónde terminará decantándose mi voto, pero os aseguro que no será el miedo quien guíe mi mano.
(Por cierto, ¿nadie le puede recordar a Alemania que en 1953, en virtud del Acuerdo de Londres, 25 países acreedores, entre los que estaban Grecia y la arruinada España, firmaron una quita del 62% de las deudas contraídas por el país germano? Según los expertos, esta reestructuración fue clave para su recuperación. Alemania no terminó de pagar su deuda hasta octubre de 2010).

miércoles, 21 de enero de 2015

"¿Humorismo?", por Enrique Gil Calvo

El impacto causado por la masacre del Charlie Hebdo ha dado origen a un animado debate mediático en el que destacan dos polémicas muy significativas. Por un lado los límites de la libertad de expresión, en teoría irrestricta pero en la práctica vedada, como revela el delito de apología del nazismo o del terrorismo. En este sentido, parece admitido que deban prohibirse y perseguirse las manifestaciones que prediquen el odio, pero lo que ya no está claro es si la blasfemia o la sátira deben quedar incluidas en esa tipificación. Lo cual nos lleva al segundo tema de debate: el ambiguo status del sentido del humor.

Desde Shakespeare y Cervantes, el humor es seña de identidad de la modernidad occidental. Pero por su propia naturaleza paradójica, es uno de los conceptos más ambivalentes que existen. Por un lado está el humor propiamente dicho, que juega con las contradicciones internas de una situación dada. Y por otra está la burla o broma pesada, que busca escarnecer, zaherir y ridiculizar. De ahí que el humor sea capaz tanto de lo mejor como de lo peor. Piénsese por ejemplo en los chistes machistas contra moros, mujeres o maricas, o en el acoso escolar que se burla del más débil o tonto de la clase. ¿De qué depende que debamos tomarlo en un sentido u otro? Depende del frame, es decir, del encuadre o marco con que lo interpretemos.

El inventor del frame fue Bateson, cuando señaló que todos los cachorros juegan a luchar, y para ello usan un meta mensaje que permite diferenciar el juego (“esto va en broma”) de la lucha (“esto va en serio”). Pero aquí existe una continuidad clausewitziana entre el juego lúdico/político y la lucha bélico/agonística, de tal modo que a veces resulta imposible evitar el paso del uno a la otra. Es posible que en una interacción dada ambas partes lo interpreten de forma opuesta: uno cree que es juego (una broma) y el otro lucha (un ataque). También es posible dar gato por liebre, justificando el ataque más feroz como si en el fondo se tratase de una broma. O al revés, tomar una broma como un ataque imperdonable que clama venganza con el pretexto de que era algo demasiado serio como para tomarlo a la ligera.

Todo depende del contexto interactivo en que se pronuncie la expresión humorística. Si la relación es igualitaria o simétrica, con hermanos, amigos o rivales, se trata de un juego que debe tomarse a broma. Si estamos ante la burla contra un superior (padres, maestros o autoridades), hay desacato, insolencia, lesa majestad o irreverencia. Pero si es contra un inferior (menores, mayores, mujeres, migrantes o minorías), constituye una ofensa despreciativa como la del varón blanco dominante contra los parias inermes a quienes se pone en su lugar rebajando su status todavía más. De ahí el imperativo de corrección política que prohíbe burlarse de las víctimas indefensas.


La moraleja es obvia: lo ecuánime es medir las consecuencias de nuestras expresiones poniéndonos en el lugar de las personas cuyas creencias tomamos a broma, pese a constituir su principal seña de identidad colectiva. Pues aquí no habrá simetría ni revancha posible mientras los musulmanes europeos sigan sin poder ridiculizar al cristianismo burlándose de Jesús en un semanario satírico de gran tirada. El juego limpio es condición a priori del sentido del humor.


Enrique Gil Calvo, diario El País, 19 de enero de 2015

domingo, 18 de enero de 2015

"Hipocresías". por Leila Guerriero

Yo no soy filósofa ni analista internacional ni politóloga y no sé qué puedo decir por estos días en los que ya se ha dicho todo se ha pensado todo se han barajado todas las hipótesis pero sí sé que no les creo mucho a muchos de los que dicen yo soy charlie porque me parece que algunos de ellos se hubieran enojado terriblemente con charlie (aunque sinceramente creo que jamás lo hubieran hecho de esta forma infame siniestra sanguinaria) si charlie se hubiera metido con ellos de la manera en la que charlie se mete con todo el mundo y tampoco creo que sean tan comprensivos y tolerantes y amables y receptivos como parecen serlo ahora y sé –sé- que en pocas semanas más se olvidarán de tanta tolerancia amabilidad y receptividad para volver a ser los mismos intolerantes de toda la vida y aunque no soy filósofa ni analista internacional ni politóloga sí sé que si a uno no le gusta una revista simplemente no la compra pero no dispara contra quienes la hacen ni usa el asesinato para combatir una idea ni mata a un solo hombre en nombre de ninguna –ninguna ninguna ninguna- cosa (y también pienso en el paradójico efecto colateral que hace que ya no quede ningún periódico revista blog que no haya reproducido al infinito los dibujos de charlie con lo cual si antes de esta masacre espantosa sólo los franceses y pocos más sabíamos de su existencia ahora ya no queda alma que no se haya inoculado una buena dosis de la irreverente irreverencia de esta publicación) y tampoco puedo dejar de pensar en que no hay nada tan ponzoñoso como el miedo –tan efectivo como el miedo- y en aquella frase de bertold brecht que decía que un fascista no es otra cosa que un burgués asustado. O algo así.

Leila Guerriero, diario El País, 14 de enero de 2015

domingo, 11 de enero de 2015

"Déficit", por Juan José Millás

El tamaño de las cosas. El del Estado, por ejemplo. Si le preguntas a Rajoy, te dirá que debe ser lo suficientemente grande como para atender a las necesidades de la banca corrupta, pero no tanto como para abrir los oídos a las demandas de los enfermos de hepatitis C. Como cualquiera entiende, eso es un contradiós, porque lo que nos tendríamos que gastar en Sovaldi, comparado con lo que se han llevado los bancos, es pura calderilla. De lo que se han llevado, por cierto, cabe deducir que aquí teníamos hasta hace cuatro días un pedazo de Estado que entre unos y otros han dejado en los huesos. No hay más que ir recopilando lo que se llevó este de la caja porque sí; aquél, por la indemnización; el de más allá, por si las moscas… Ponemos todas las cifras, una debajo de la otra, en forma de columna, rematamos su base con una rayita horizontal y empezamos a contar con los dedos. Verán ustedes, sale una fortuna, y eso dejando fuera los aeropuertos inútiles, los apeaderos intempestivos y la evasión fiscal legalizada. Sale dinero como para construirse un Estado con vistas al mar. Habría que averiguar con medios contables más precisos el porcentaje exacto en el que nos hemos reducido y analizar la forma en que se ha administrado esa disminución. Pero así como se puede hacer la cuenta de la vieja de lo que nos han robado, se puede hacer de lo que no nos han devuelto en salud, en dependencia, educación, pensiones y servicios ciudadanos en general. Al extraer la diferencia entre ambas sumas, se comprende que el déficit es ideológico. Y si es ideológico, mal asunto porque los enfermos de hepatitis C, entre otros, son ahora mismo la carnaza que hay que echar cada día a la industria farmacéutica para calmar su sed de plusvalía.

Juan José Millás, diario El País, 9 de enero de 2015

martes, 6 de enero de 2015

"Para hacer que suceda", por Ángel Gabilondo

No todo está perdido. Aún es posible mirar y tratar de intervenir. Puede parecernos poco y, si bien nada resulta fácil, es preciso proseguir. Y, atentos, hablar y leer, y escribir, y dibujar, y cantar. Incluso, danzar. Y ensayarnos y experimentarnos. Y siempre pensar. Y laborar. Y relacionarnos. En ocasiones, no encontramos buenas razones para ello, pero eso mismo podría ser un buen motivo. No es preciso esperar a que llegue la oportunidad, hay que procurar hacerla venir.

Hay momentos en que, con el pretexto del calendario, algo se abre hasta ofrecerse. No es un tiempo ya dado que, como bien sabemos, nunca nos está garantizado. Podría ser mera necesidad, una urgencia, a lo mejor, un deseo. Entonces no es fácil sustraerse a esta convocatoria, que no es simplemente de fechas, la que quizá nosotros mismos nos enviamos, la de mejorar, la de no cejar. Y la de empeñarnos más allá de lo convencional, de lo aconsejable, de lo predecible. Desde la experiencia de creer que no tenemos remedio, sin embargo sentimos que algo otro está en nuestras manos, y nos ponemos a la tarea.


Mientras nos enredamos en dilucidaciones, en la vorágine en la que encontramos dificultades hasta para que algo vivo suceda, conviene no olvidar que no todo está dicho, ni clausurado. Ni tan siquiera la comodidad ha pronunciado su última palabra. Y no nos plegamos. Lo llamamos curiosidad, y lo es. No solo la de interesarnos por lo que parece concernirnos directamente, sino la de ver si somos capaces de formarnos, de ser otros. Se abre el espacio para pensar de manera diferente. Y, a su modo, tanto nos alegra como nos asusta.
(...)
Es tarde. A su manera siempre lo es ya para algo. Pero estamos a tiempo de vivir y de propiciar lo que está por acontecer. La cultura no se limita a asistir al espectáculo de lo que pasa, ni a convertir en espectáculo cuanto ocurre. Hacer suceder es una forma singular de mirada, es un acontecimiento. Podemos llamarlo contemplación. Lejos de ser una pasividad, es una modalidad de acción que es capaz de ver incluso lo que hace que ocurra. Y de procurarlo. Más que su causa, es su condición de posibilidad. Y es ahí donde el artista, el pensador, el creador, lo que de ello aún late en cada uno de nosotros siquiera torpe e incipientemente, nos insta a efectuar. El desafío nos desborda. No más que el tiempo que parece ofrecérsenos y que se desdibuja sin nuestro actuar. La cultura nunca es una posesión. De nadie.


Os ofrezco un fragmento de un artículo firmado por Ángel Gabilondo publicado por el diario El País el 2 de Enero de 2015. En el enlace lo encontrareis completo. 

miércoles, 24 de diciembre de 2014

"Otro Belén", de Manuel Vicent

Esta mañana de domingo en Madrid, en la plaza de Lavapiés se mueve otra clase de belén animado, multirracial. Un grupo de africanos invoca a los espíritus tocando los tambores; en la puerta de un supermercado unos solidarios recogen alimentos para los necesitados; unos ecologistas cultivan una huerta alternativa de lechugas y tomates en un solar; una anciana guateada se asoma a una ventana y grita: “Mohamed, súbeme pan y una botella de leche”. El joven Mohamed desde la acera asiente. 























Entre dos acacias cuelga una pancarta que convoca a una manifestación contra el Gobierno y algunos balcones exhiben la bandera republicana. Cruzan la plaza chicas sarracenas con el velo islámico, adolescentes muy fardonas con un piercing en las cejas y en los labios, negras con floripondios de colores en la cabeza, tipos con coleta o sin ella, que pueden ser profesores, poetas, bohemios, artistas o nada, simplemente jóvenes ya maduros sin horizonte, que estuvieron acampados en la Puerta del Sol el 15 de mayo.












 En cada farola de la plaza hay un rey Baltasar congoleño o senegalés de pie esperando que pase un camello. En lugar de dirigirse al portal, los pastores invaden las terrazas y comparten raciones de pulpo a la gallega o un pollo al currycon las lavanderas que han abandonado el riachuelo de papel de plata para convertirse en guerreras ciudadanas. En los locutorios de la calle de Tribulete donde cargaron los móviles los terroristas del 11-M venden ahora perfumes orientales. 












El sistema ha levantado en este barrio un muro entre el hoy y el mañana difícil de saltar. A este lado de la barricada, la plaza de Lavapiés es otra forma de estar en el mundo. Las figuras de este belén no acudirán al portal a adorar a Niño, que es el sol que nace todos los años. Solo sueñan con votar a Podemos para asaltar un día el palacio de Herodes. 


Manuel Vicent, diario El País, 21 de Diciembre de 2014. Las fotos son de un delicioso Belén que descubrí en un restaurante de Guadarrama.

domingo, 14 de diciembre de 2014

"Solo venial", por Manuel Vicent

Solo venial

El origen de toda la riqueza y corrupción que ostenta la Iglesia se debe paradójicamente al pecado venial. Su creación hizo necesaria la existencia del purgatorio, que ha resultado ser un negocio mucho más sólido que todas las empresas juntas del Ibex 35 o del Dow Jones. El pecado venial es solo un juego malabar elaborado por un genio de la economía. Los que mueren en gracia de Dios sin estar perfectamente purificados no pueden entrar en el Reino de los Cielos, pero tampoco una falta leve merece una condena al fuego eterno. Cielo e infierno son un final de trayecto irreversible. Había que crear en mitad del camino un depósito de ánimas benditas en tránsito, una especie de isla de Ellis cuya salida hacia la Ciudad de Dios, el Manhattan Celestial, se realizara mediante un impuesto de peaje satisfecho con misas, novenas e indulgencias pagadas con dinero al contado o a través de herencias y donaciones de bienes muebles e inmuebles a la Iglesia. El alma en pena es normalmente la de un familiar muy querido que obliga al creyente a acudir al rescate para sacarlo de ese cocedero. Desde el inicio de la cristiandad hubo reyes pecadores y condes facinerosos que levantaron templos, crearon monasterios y abadías, ofrecieron regalías a los clérigos para hacerse perdonar sus fechorías y asegurarse las plegarias por su alma después de la muerte; hubo confesores especialistas en torcer la última voluntad de agonizantes hacendados y en macerar viudas ricas hasta extraerles el testamento del cortijo. Esta rapiña no hubiera sido posible sin la existencia del purgatorio, el invento que más dinero negro ha generado en la historia de Occidente, sin inversión alguna. Se trata de un encaje de bolillos. Al pecado venial y al castigo de un fuego al baño María regulado mediante óbolos debe la Iglesia toda su corrupción y riqueza descomunal.

Manuel Vicent, diario El País, 14 de diciembre de 2014.

jueves, 15 de mayo de 2014

"La cuarta contrarreforma", por Rafael Argullol

"En medio de una notable ignorancia social y de una absoluta indiferencia política España está arruinando, de nuevo, las posibilidades de construir una comunidad moderna y culta. Cada vez es más evidente que el desastre puede comprometer el futuro a lo largo de décadas, sino de todo el siglo XXI. Me refiero al progresivo deterioro de la cultura y al drástico abandono de programas de investigación científica que tienen su encarnación más evidente en el éxodo de decenas de miles de graduados universitarios. Lo que está en marcha es una auténtica contrarreforma, la última de las que han impedido el acceso a una sociedad con arraigo ilustrado.

Sin embargo, esta nueva contrarreforma, quizá por ingenuos, nos ha sorprendido a muchos de los que pensábamos, hace unos lustros, que, por fin, España avanzaba por la senda de una mentalidad moderna. Aunque aparenten ser muy lejanos no lo son tanto los años en que parecían encauzarse poderosas energías en esta dirección. Pese a las servidumbres políticas de la Transición, no hay duda de que la primera etapa democrática se vio impulsada por las tendencias hegemónicas en la cultura antifranquista, de manera que el modelo que se dibujaba para la nueva España se sustentaba en criterios modernos, laicos, ilustrados, federales y, pese a la aceptación obligada —o casi— de la Monarquía, republicanos. Durante una veintena de años, hasta mediados de los noventa, aquel modelo implicó las complicidades suficientemente fuertes y eficaces como para que, si gustan estas denominaciones, se pueda hablar de una Generación de la Democracia, con una acentuada excelencia en el terreno de la creación y el pensamiento —homologable a lo que en aquellos momentos se realizaba en Europa— y un reforzamiento sin precedentes de la investigación científica.


Muchos de los científicos que ahora dejan las universidades españolas emprendieron entonces el camino opuesto para fomentar aquí centros prometedores, que dieron frutos notables en los años inmediatos. Con el cambio de siglo y las nuevas condiciones políticas aquel juego de complicidades intelectuales, procedente de la cultura antifranquista, fue debilitándose progresivamente, hasta el punto de que el ideal ilustrado dejó de estar en el centro del tablero. Los años de la opulencia especulativa no llevaron, para nada, aparejados, años de opulencia cultural. Finalizados aquéllos, e instalados en la hipócritamente llamada austeridad, se pusieron en marcha los mecanismos del desmantelamiento científico y del desprecio por la cultura. Aquella nueva España democrática —laica, moderna, ilustrada— era arrojada al desván de las ilusiones perdidas mientras ocupaban el escenario una debilitada dignidad escéptica y un cada vez más vociferante coro contrarreformista. Es, y ojalá me equivoque, una contrarreforma en toda regla, sucesora y consecuencia, al menos en parte, de otras contrarreformas que jalonan la historia de España, y con las que somos poco dados a confrontarnos críticamente."
(Sigue)

Merece la pena leer el artículo completo, firmado por Rafael Argullol y publicado el 10 de mayo por el diario El País