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lunes, 27 de abril de 2015

En Harlem

Paseamos por Harlem, la Avenida Lenox, las pequeñas calles arboladas. Cada barrio de Nueva York es un microcosmos con su propia personalidad, pero tienen en común  una falta de rigidez, un espíritu espontáneo y libre que me encanta. Nadie te mira, a nadie sorprendes hagas lo que hagas. Y algo que he percibido en este viaje: he notado a la gente más relajada, más amable, mucho más sonriente. En varias ocasiones nos ha ocurrido que alguien se acercara al ver que consultábamos el plano para preguntar si necesitábamos ayuda. Una sociedad más optimista. Y menos pobres.













Llevo a mis hermanas a comer a un restaurante que me encanta, visita obligada en Harlem: el restaurante Silvia's, en el 318 de la Avenida Lenox. Cuando lo visité por primera vez era frecuentado fundamentalmente por el vecindario, pero pese a que ahora ves grupos de extranjeros (unos españoles nos preguntan cuál es la especialidad de la casa) y hay que hacer cola para obtener mesa, conserva todo su encanto y sus costillas siguen siendo manjar de dioses. Esperamos turno en la barra, saboreando un vermut especialidad de la casa, y luego disfrutamos de una comida encantadora.















Mientras lo haces, una cantante de maravillosa voz recorre las mesas cantando soul. Como siempre tenemos que montar el número, terminamos las cuatro cantando y bailando en nuestras sillas, excepto una de mis hermanas que se anima a acercarse al micrófono y acompañar al músico. Parecemos la familia Trapp.























El M2, en la 7º Avenida, nos deja a la altura de la 90 St. con la 5ª y bajamos caminando, bordeando Central Park. Comienza el gran Manhattan con sus hermosas casas, el Upper East Side. Ante nosotras la Museum Mile: el Metropolitan, la maravillosa silueta del Guggenheim, la Whitney, la Frick Collection. Las hermosas mansiones, el Manhattan más distinguido. Otro mundo.


domingo, 26 de abril de 2015

"Simbad", por C BS

"Los codos se los herían en los diamantes tallados y cuando embocaron un tramo de túnel de paredes lisas -solo piedra labrada y arcos de ladrillo- cesó aquella laceración. Doblaron el recodo del canal y una turbulencia del aire los barrió de la almadía y los lanzó a la corriente impetuosa. Algunos que no sabían nadar desaparecieron en el agua espumeante en cosa de segundos. Solo Simbad permanecía firme sobre los troncos y al ver boquear a algunos compañeros ya sin fuerzas para salvarse, los golpeaba en la cabeza con un remo o se la pisaba hasta ahogarlos.
Después de sortear unos escollos, la balsa penetró en un pasadizo cuyas paredes verdeaban de musgos, helechos y vetas de esmeralda. De lo alto, por un ojal de la roca, se filtraba una luz lechosa y mortecina . Y así desembocó en una playa rodeada al norte por cantiles de basalto y bosques de araucarias. De la arena cristalina asomaban a trechos osamentas de cetáceos y los espinazos gigantescos de peces abisales. Sobre el horizonte marino un arco iris daba color a la pizarra del cielo.
La sombra de un pájaro inmenso se abatió sobre la playa y Simbad se sintió asido por unas garras que se le clavaban en la espalda. En segundos vio bajo sus pies la tierra alejándose y un mar terso que fulgía bajo los rayos del sol poniente. Y así voló colgando de la túnica durante un buen rato hasta que el ave de presa se posó en la cima de un risco puntiagudo y lo depositó blandamente en un nido trenzado de espinos y retamas, en cuyo fondo relucían dos enormes huevos blancos jaspeados de estrías grises.
Simbad, exhausto, se confió al sueño hasta que un crujido le hizo despertar con sobresalto: el cascarón de los huevos se había resquebrado y los horrendos pollos se debatían por liberarse de aquella prisión calcárea. Primero una garra amarillenta, luego un alerón implume y por fin la gran cabeza, sobre la que se desplegaba erecta una cresta dentada de color carmesí. Al poco, las dos crías recién nacidas parpadeaban a la luz del primer sol. El más cercano a Simbad comenzó a picotearle el turbante mientras le sujetaba los pies con las garras de uñas afiladas.
Una sombra se cernió entonces sobre el nido: el ave monstruosa regresaba con el cadáver de una cría de camello, que introdujo en las fauces de uno de los pollos. Prendió a Simbad por la túnica y lo elevó sobre la cabeza de la otra criatura que se aprestaba a engullirlo abriendo el pico desmesuradamente. Fue entonces cuando una flecha atravesó el cuello del glotón: el arquero subido a una alfombra de colores rutilantes y fleco dorado había disparado la saeta. Una segunda ensartó la cabeza del pollo que restaba vivo y, aproximándose más a la bestial madre, la decapitó de un diestro golpe de alfanje.
Trepó Simbad por una escala de bramante y volaron ambos hacia el sur, camino de Basora.

Hoy, es un hacendado que posee uno de los palacios más suntuosos de la ciudad, pues los diamantes que logró guardar en una bolsa oculta debajo del vestido fueron suficientes para hacer de él un hombre rico, que apareja ya un bergantín en el que navegar hasta tierras del Indo, ricas en especias y marfil, y en sedas de sutileza incomparable."

Un amigo querido, visitante asiduo de Mi casa, me envía este cuento, una recreación del clásico protagonizado por Simbad, un regalo que quiero compartir con vosotros.

sábado, 25 de abril de 2015

Ana Belén, "Derroche"



Una canción dedicada a mi nieto, que la cantaba con su lengua de trapo mientras la oíamos en el coche.

"A la llana y sin rodeos": el discurso de Juan Goytisolo al recibir el Premio Cervantes

(...)
"Mi condición de hombre libre conquistada a duras penas invita a la modestia. La mirada desde la periferia al centro es más lúcida que a la inversa y al evocar la lista de mis maestros condenados al exilio y silencio por los centinelas del canon nacionalcatólico no puedo menos que rememorar con melancolía la verdad de sus críticas y ejemplar honradez. La luz brota del subsuelo cuando menos se la espera. Como dijo con ironía Dámaso Alonso tras el logro de su laborioso rescate del hasta entonces ninguneado Góngora, ¡quién pudiera estar aún en la oposición!"
 (...)
"Dudar de los dogmas y supuestas verdades como puños nos ayuda a eludir el dilema que nos acecha entre la uniformidad impuesta por el fundamentalismo de la tecnociencia en el mundo globalizado de hoy y la previsible reacción violenta de las identidades religiosas o ideológicas que sienten amenazados sus credos y esencias."
(...)
"Alcanzar la vejez es comprobar la vacuidad y lo ilusorio de nuestras vidas, esa “exquisita mierda de la gloria” de la que habla Gabriel García Márquez al referirse a las hazañas inútiles del coronel Aureliano Buendía y de los sufridos luchadores de Macondo. El ameno jardín en el que transcurre la existencia de los menos, no debe distraernos de la suerte de los más en un mundo en el que el portentoso progreso de las nuevas tecnologías corre parejo a la proliferación de las guerras y luchas mortíferas, el radio infinito de la injusticia, la pobreza y el hambre.

Es empresa de los caballeros andantes, decía don Quijote, “deshacer tuertos y socorrer y acudir a los miserables” e imagino al hidalgo manchego montado a lomos de Rocinante acometiendo lanza en ristre contra los esbirros de la Santa Hermandad que proceden al desalojo de los desahuciados, contra los corruptos de la ingeniería financiera o, a Estrecho traviesa, al pie de las verjas de Ceuta y Melilla que él toma por encantados castillos con puentes levadizos y torres almenadas socorriendo a unos inmigrantes cuyo único crimen es su instinto de vida y el ansia de libertad.

Sí, al héroe de Cervantes y a los lectores tocados por la gracia de su novela nos resulta difícil resignarnos a la existencia de un mundo aquejado de paro, corrupción, precariedad, crecientes desigualdades sociales y exilio profesional de los jóvenes como en el que actualmente vivimos. Si ello es locura, aceptémosla. El buen Sancho encontrará siempre un refrán para defenderla."
(...)
"Como dije hace ya bastantes años, la locura de Alonso Quijano trastornado por sus lecturas se contagia a su creador enloquecido por los poderes de la literatura. Volver a Cervantes y asumir la locura de su personaje como una forma superior de cordura, tal es la lección del Quijote. Al hacerlo no nos evadimos de la realidad inicua que nos rodea. Asentamos al revés los pies en ella.

Digamos bien alto que podemos. Los contaminados por nuestro primer escritor no nos resignamos a la injusticia."

El discurso de Juan Goytisolo en la ceremonia de entrega del Premio Cervantes no tiene desperdicio. Por cuestiones de espacio, os ofrezco algunas frases iluminadoras. El texto completo, en este link.

viernes, 24 de abril de 2015

Un domingo en Nueva York

Amanece un día luminoso y helador. Domingo. Ayer hemos hecho la compra en un supermercado cercano a nuestra casa. Cuatro cosas básicas, cien dólares. Desde mi último viaje la vida se ha encarecido notablemente. Tres dólares el billete de metro, como botón de muestra. Junto a nuestro portal, una tienda de licores, y en el bajo un restaurante. Enfrente, una tienda de arreglos de ropa y una asesoría financiera. Caminamos por el barrio, casi desierto. Pequeñas tiendas de objetos deliciosos: joyas antiguas, sombreros, ropa con encanto. Esa mezcolanza que distingue a esta ciudad de cualquier otra, amalgama de gentes y modos de vida, de status económico y razas.















Decidimos coger el autobús y dirigirnos a Harlem, para participar en una misa gospel en la 128 St con la 7º avenida, una experiencia única que mis hermanas no debían perderse. La iglesia que elegimos es Salem, de culto presbiteriano, la que veis en la fotografía. Como siempre que he presenciado esta ceremonia, somos agasajadas y recibidas efusivamente por dos señores muy bien vestidos en la puerta del templo y, en mitad de la misa, invitados por el oficiante, nos ponemos en pie los visitantes de los diversos países para ser ovacionados por los asistentes. Es sorprendente el calor y la simpatía con la que se celebra nuestra presencia, y curioso comprobar como los españoles formamos el grupo más numeroso.












Cantamos, damos palmas, bailamos... Su fervor alegre y expansivo es contagioso. Incluso intentamos seguir los cánticos por medio del misal que encontramos en nuestro banco. En un momento determinado, todos se levantan y se abrazan y besan entre sí. Repartimos los nuestros encantadas.












Harlem ya no tiene nada que ver con aquel barrio miserable y temeroso que conocí hace casi treinta años. Recuerdo entonces como un grupo de chavales me amenazaron al verme sacar la cámara de fotos, con qué agresividad corrieron hacia mi. Recuerdo sus magníficas casas casi destruidas, cartones en las ventanas y la basura tirada por la calle, restos de hogueras en las aceras y grupos de hombres sentados en las escaleras con aspecto intimidatorio. Y comprendo su actitud: a veces actuamos como si la miseria fuera una atracción turística.
















Recuerdo también que la última vez que visité este barrio coincidió con la muerte de Michael Jackson, y habían convertido el Teatro Apollo en un altar en honor al cantante. Harlem estaba de luto.  Caigo ahora en la cuenta de que también coincidió otro viaje con el fallecimiento de Frank Sinatra, y esta vez fue el Empire el que se vistió con la bandera americana para homenajearlo. Coincidencias.



jueves, 23 de abril de 2015

Nueva York: la llegada

¿Cómo empezar a contaros un viaje extraordinario, inolvidable, a una ciudad a la que adoro, en la que aún no he perdido la esperanza de vivir por un período largo de tiempo, a la que visito a menudo y siempre añoro? He tenido la suerte de compartirla siempre con personas a las que quiero profundamente, con mi gente, pero en esta ocasión con el aliciente añadido de volver junto a mis tres hermanas, juntas de nuevo después de tantos años, sin hijos, ni nietos, las cuatro de nuevo, como cuando éramos niñas, compartiendo dormitorios y cuarto de baño, las mismas charlas, las mismas payasadas, las mismas risas. Un viaje feliz.












Ocho días del mes de marzo, invitadas por nuestra madre, ese ser increíble que tenemos por madre. Aterrizamos en el Kennedy temerosas de que la policía de aduanas nos lleve a la comisaría para comprobar algo sobre nuestra identidad (ya nos pasó a alguna de nosotras en ocasiones anteriores: parece que les resulta muy chocantes que todas nos llamemos María de primer nombre), y así ocurre. Dos a comisaría, pero nos permiten a las dos restantes acompañarlas y allí vamos las cuatro. La comisaría está desierta y al cabo de unos minutos perdemos el respeto a los agentes y seguimos con la charla y las risas, que les contagiamos y nos tratan con una cordialidad y consideración insospechadas. Al rato, nos despiden con sonrisas y los mejores deseos. Encantadora policía de Nueva York.















Como nos alojamos en el East Village accedemos a Manhattan por el puente del mismo nombre, bordeando el enorme cementerio de Brooklyn que veis en la foto con la que abro. Siento una alegría enorme al divisar a lo lejos los perfiles de Manhattan. Hace un frío terrible, aún quedan restos de nieve amontonados en las aceras. Me emociona respirar este estallido de vida. No hay nada comparable a esta ciudad.















El East Village es un barrio delicioso, entre la calle 14 al norte, el East River al este, Houston St, al sur y la 3ª avenida al oeste. Hasta los años 80 fue una zona bastante depauperada, habitada por sin techo y traficantes de droga, pero fue la elegida por personajes como Andy Warhol, Bob Dylan, Charlie Parker, Jack Kerouac o Jimi Hendrix y pronto se convirtió en un barrio de cultura alternativa. Hoy está llena de restaurantes y galerías de arte, que conviven con tiendas de piercing y tatuajes, cafés, locales de música y las típicas tiendas de barrio. Hemos alquilado un apartamento en el 94 de la Avenida C, entra la calle 6 y 7, el tercer piso de una casita de ladrillo rojo con la típica escalera de incendios exterior, la que veis arriba a la izquierda. Desde mi habitación se accede directamente a la escalera, y desde allí hago las fotos que os muestro. Esto será lo que vea todas las mañanas al despertar.












Y aquí tenéis nuestras sombras. La felicidad.


miércoles, 22 de abril de 2015

"Las palabras", por Alfredo Zitarrosa



Una vez más, Patxi me recuerda a un autor que adoro, cuya música me acompañó durante años. Gracias amigo.

Belleza sin intención

Luis Pérez Ortiz, excelente dibujante e ilustrador, amigo, ha encontrado en la calle esta pintura (no sé cómo calificarlo), la ha fotografiado y compartido con sus amigos. Cómo no tengo más información, no sé si es un detalle casual , parte de una actuación en un muro urbano con alguna funcionalidad que desconozco, pero todo apunta a que así sea. Pero posee belleza, eso es indudable, y estoy segura de que si lo encontráramos sobre un lienzo, colgado en las paredes de algún museo, despertaría la admiración de los visitantes, sobremanera si estuviera firmado por Rothko, por Tapies o cualquier otro consagrado.












Javier Argul aporta la obra que veis a la izquierda, con la leyenda " Yo una vez encontré un Barnett Newman en un store en mi antigua casa". Y yo elijo la maravilla que os muestro a la derecha, en esta ocasión obra de la Naturaleza. Se trata de un detalle, fotografiado por Lorenzo Cebrián, del maravilloso lienzo en el que la erosión ha convertido la arenisca que conforma el siq de Petra. A falta de intencionalidad, nada puede considerarse obra de arte, ¿no es así?. Pero hermoso es, sin ninguna duda.

martes, 21 de abril de 2015

Interactuando con la naturaleza

Hace unos días os mostraba como unos chavales, enamorados de Madrid, dejaban sus declaraciones de amor dibujados en los pasos de peatones de la ciudad, Madrid, te comería a versos, una iniciativa que parece no hacer mucha gracia al Ayuntamiento pero que a los viandantes nos alegra el corazón y nos acerca más esta ciudad, que en ocasiones puede resultar tan dura. Me encantan las actuaciones ciudadanas en la ciudad, las que se producen espontáneamente, porque nos recuerdan que, pese a las rigideces administrativas, las ciudades pertenecen a los ciudadanos.












Esta es otra de las razones por las que celebro los grafitis, que en muchas ocasiones muestran un talento admirable. Hoy os traigo algunas iniciativas captadas por el mundo (en esta ocasión no sé deciros de dónde provienen), en las que los artistas aprovechan los recursos que la naturaleza pone a su disposición.










Deliciosos.

lunes, 20 de abril de 2015

"Los nadies", de Eduardo Galeano

"Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pié derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de los nadies, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.

Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata."

Gracias Patxi por ofrecerme este maravilloso texto de Galeano.

sábado, 18 de abril de 2015

!!!Feliz día¡¡¡

Hoy es mi día favorito, porque mi nieto ha dormido en casa y le he olido antes de despertarle para llevarlo al colegio, y olía adorable, como es él; porque mi hija ha venido a comer y hemos hablado de lo divino y lo humano, y la veo llena de fuerza y de esperanza, porque nunca se conforma y siempre lucha por lo que cree, porque me quiere pese a mis ausencias y es un regalo constante tenerla tan cerca; porque  más tarde iré al Auditorio a escuchar a Bach, que es una promesa de felicidad; porque llega el buen tiempo y el verano trae buenos augurios; porque soy una privilegiada, y toco madera.
Os deseo lo mejor para este día. ¡Disfrutadlo!

"When a man loves a woman", de Percy Sledge



Ha muerto Percy Sledge. Me recuerdo bailando esta canción...

viernes, 17 de abril de 2015

"La Pasión según San Mateo", de Bach, para curar heridas

Anteayer, en el Auditorio, La Pasión según San Mateo, de Bach, interpretada por  La Capilla Real de Madrid acompañada por el Coro de niños de la Capilla Real, bajo la dirección de Oscar Gershensohn. Los que entráis habitualmente a Mi casa sabéis de mi absoluta devoción por Bach, ¿qué os puedo decir entonces de esta obra, una de las más bellas, emotivas y espirituales composiciones del maestro? Nada, nadie es comparable a Bach y su música, nada posee para mi tal capacidad de consuelo. Es la pura belleza. Pese que la orquesta no sea la mejor del mundo, ni las voces las más hermosas del panorama musical, La Pasión es tan monumental, tan extraordinaria que es capaz de colocarte en la estratosfera casi en cualquier ocasión. Este concierto tuvo la peculiaridad de contar con más de cuarenta voces infantiles, que dotaban al coro de una dulzura especial.
Todo contribuye a que esta composición resulte incomparable: la música de Bach en primer término, incalificable. La historia que cuenta, hermosísima y conmovedora, independientemente de las creencias religiosas de cada cual; y para terminar la carga poética con la que el autor de la letra, Christian Fiedrich Henrici, dotó al texto del Evangelista. versos libres de una ternura y una sensibilidad emocionantes.
Con ella os dejo, y os ofrezco un link donde podéis seguir la letra. Disfrutad, si es posible, a solas:

jueves, 16 de abril de 2015

Esos niños

Mañana soleada de Abril. Estoy absorta en la lectura (leo, con un permanente escalofrío, La escritura o la vida, de Jorge Semprún, cuando se cumplen estos días ochenta años de la liberación del campo de concentración de Buchenwald donde él pasó dos años de su vida,, y a las puertas de un viaje a Alemania con visita a ese campo que me tiene sumida en el desasosiego; pero esa es otra historia de la que os hablaré en otro momento) cuando me interrumpen un hombre joven y una mujer mayor, que intentan hacer sitio ante la mesa vecina a una silla de ruedas donde se sienta un anciano. Muevo mi mesa y me fijo en el grupo. (La ternura que siempre he sentido hacia las personas mayores se ha acrecentado sobremanera desde que mi padre sufre alzheimer). El anciano ha debido ser un hombre guapo, con buena facha: todavía conserva cierta prestancia, envuelto en un gabán cuyo cuello le cubre hasta las orejas, una gorra de cuadros ingleses y una bufanda; demasiado abrigo, pienso. El anciano, que ha llegado con la cabeza hundida en los hombros, levanta la mirada y la fija en mí. Le sonrío, no me devuelve la sonrisa. Su hijo le toca la nariz con un dedo y le empuja suavemente la cara en la dirección contraria: "¿Qué miras, papá?", le pregunta. Él vuelve a hundir la cabeza en la bufanda, cierra los ojos y permanece así, adormecido. El camarero coloca una copa con un helado de vainilla ante él, y su hijo intenta despertarlo propinándole nuevos golpecitos con el índice en la nariz. El anciano abre los ojos, coge despacio la cuchara y comienza  a comer el helado. No habla, no sonríe. Al cabo gira la cabeza y me mira de nuevo. Sonrío. El joven mueve de nuevo su cara al frente con el dedo en su nariz, como si corriera el carril de una máquina de escribir. Cuando se van, el anciano vuelve a mirarme y me dice adiós con la mano. Le devuelvo el saludo. No hay luz en sus ojos.
¿Por qué nos empeñamos en tratar a los ancianos como a niños? ¿Por qué tendemos a despojarlos de su dignidad?¿Hubiera consentido él ese trato cuando era un hombre joven, quizá de carácter enérgico? ¿cuándo dejó de ser quien era para su hijo? Nunca permitiré que mi padre viva humillado, aunque él no se entere. Yo sé quién es.

miércoles, 15 de abril de 2015

El Roto

El Roto,diario El País, 5 de Abril de 2015

Una deuda impagable con Iberoamérica

Pensaba esta mañana, leyendo en El País las páginas dedicadas a Eduardo Galeano con motivo de su muerte, que es impagable la deuda emocional, la deuda vital que mi generación tiene con los escritores y cantantes iberoamericanos. Durante mi primera juventud, en plena negrura franquista, su literatura, su música, fue casi el único soplo de aire puro que nos permitía respirar. Ellos conformaron en gran medida nuestra escala de valores, nuestra concepción de lo que debería ser el mundo, nuestra esperanza y nuestra rebeldía. Los escritores del realismo mágico nos abrieron ventanas a otros mundos, luminosos y bellos.. Yo no sé quién sería sin Vallejo, sin Borjes, sin García Márquez o Vargas Llosa, sin Benedetti, Galeano, Paz o Mutis. Aires de libertad para una juventud que no podía desplegar sus alas. "Un maestro contra la impotencia", titula Pablo Iglesias su escrito sobre Galeano. A veces hojeo las ediciones que atesoro de aquella época y me enternece releer los subrayados. Y la música: la Nueva Trova, Alfredo Zitarrosa, Víctor Jara, Mercedes Sosa, se hermanaban con Aute, con Víctor Manuel, con Raimon, con Lluis Llach. Escucharles, leerles casi a escondidas nos mostraban el camino hacia una vida más plena, una sociedad más justa, un mundo nuestro.
Por eso su obra, para tantos como yo, trasciende su valor artístico, su condición de objeto bello, hasta convertirse en parte sustancial de nuestra identidad. Por ello, mi eterno agradecimiento. Por ello, cada vez que uno desaparece, nos sentimos más huérfanos.

martes, 14 de abril de 2015

La Gustav Mahler Jugendorchester nos trae una extraordinaria 2ª de Mahler

Por una serie de circunstancias me he perdido los últimos conciertos en el Auditorio, con gran dolor de mi corazón. Sus conciertos se han convertido en piezas imprescindibles de mi bienestar emocional, y me resiento cuando no puedo disfrutar de ellos. Regresé a su sala anteayer, y coincidió con una experiencia extraordinaria, la Sinfonía núm. 2 en do menor, "Resurrección", de Gustav Mahler, a cargo de la Gustav Mahler Jugendorchester, dirigida por Jonathan Nott, acompañada por el Coro Nacional de España y Chen Reiss (soprano) y Christa Mayer (contralto) como solistas.
Simon Rattle cuenta que "cuando tenía once años mi padre me llevó a escuchar la Segunda de Mahler. Y eso fue todo. Fue una experiencia de transfiguración total".
No puedo calificar esta obra, no encuentro adjetivos. Desde los primeros compases resulta arrebatadora. En ella caben todos los sentimientos, ella te transporta por todos los estados de ánimo. Es una fuerza de la naturaleza, y al mismo tiempo de una sutileza y delicadeza increíbles. Te hace llorar, y reír. En ocasiones te eleva hasta la cima del mundo y, de repente, te deja abandonado con todo el peso de la vida sobre tus hombros. Fulgor y muerte, y resurrección. Hay que escucharla en soledad, y entregarse a ella, y luego te sientes renacer. No os lo sé explicar mejor.
Hago mías las palabras de Arnoldo Liberman: "Mahler logra, desde los primeros compases de ese fascinante mural sonoro, que nuestro corazón se ponga a palpitar, como si uno comenzara a latir y reflexionar junto a él. Y en esa intrusión aprendemos que lo soñado y diagramado por su imaginería nos va a dejar sin aliento y temblando (de verdad, temblando, como decía Pepe Bergamín, del auténtico pensamiento que siente; aquel verso de Fernando Pessoa:" Lo que en mí siente, está pensando). Si alguna vez Mahler desató esta frase -"Todo está escrito en una partitura menos lo esencial"-, uno se siente tentado de coincidir con él, porque no son suficientes los oídos para sentir a este gigante y comprenderlo y lo sustancial trasciende todo empeño compositivo. Pocos iluminados han logrado cotas tan altas de expresividad, tal intensidad visionaria, tal sentido de la lucidez, y a la vez de la conmoción, como lo logró Mahler, "ese hombre lleno de nostalgia, sagrado y encomiable" (que dice Ernest Bloch)".
Os dejo con otra interpretación genial. La de la Concertgebouw Orchestra, dirigida por Mariss Jansons:

lunes, 13 de abril de 2015

Madrid, te comería a versos

Y fue así como una ciudad, por ejemplo Madrid, querida en colores por anónimos enamorados, ha visto embellecidos sus pasos de peatones con 22 frases deliciosas, con la única finalidad de hacer sonreir a los madrileños.











Parece ser que los responsables no se atreven a dar la cara por temor a ser multados por el Ayuntamiento, que no se distingue precisamente ni por su sentido del humor ni por su interés en hacer la vida más agradable a los viandantes.












"Te haré el humor hasta llegar al orgasmo". Dicen que los versos están tomados de las letras de las canciones de Leiva y del rapero Rayden, de los que nunca había oído hablar (estoy mayor). Y también que quizá sea el colectivo Boa Mistura el que esté detrás de tamaño gesto de amor conciudadano. Mi entusiasta agradecimiento.