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miércoles, 27 de abril de 2011

Antonio Gamoneda a Gonzalo Rojas




















Rojas ha muerto:qué extraño


"Me entero a las dos de la tarde de que ha muerto Gonzalo Rojas. Es una negra noticia la que se me da en este lunes primaveral y húmedo. La muerte no es solo penosa; sucede y a mí se me hace incomprensible que suceda; quizá porque es también incomprensible ese otro accidente que consiste en vivir: ir de la inexistencia a la inexistencia. Un viaje que, finalmente, muestra su escaso sentido: no nos lleva a ninguna parte.

No nos lleva a ninguna parte y está poblado por sufrimientos y horrores, bien lo sabemos, pero, hay que reconocerlo, simultáneamente, es proveedor de causas que nos ayudan a permanecer en la extrañeza y el sufrimiento: el amor, la amistad, la intensidad que nos procura la belleza terrestre, la que advertimos en la figura y el talante de algunos vivientes y la que se nos muestra en las creaciones estéticas. De las tres causas sabía mucho Gonzalo y las tres estaban -están- presentes en su poesía, extensa y continuamente pronunciada en su afirmación.

Lo primero que se me ha ocurrido (más que ocurrencia ha sido un movimiento impensado y compulsivo) es escuchar un disco con la voz de Gonzalo; se corresponde con una lectura que hizo en la Residencia de Estudiantes, en mayo de 1996: "Veo un río veloz brillar como un cuchillo, partir mi Lebu en dos mitades de fragancia, lo escucho, lo huelo, lo acaricio, lo recorro en un beso de niño como entonces...", "... Cuando lo apostamos todo y lo perdemos venimos llegando. / Al amar, al engendrar venimos llegando, al morir escalera abajo venimos llegando". "¿Qué se ama cuando se ama, mi Dios: la luz terrible de la vida / o la luz de la muerte? ¿Qué se busca, que se halla, qué / es eso: amor? ¿Quién es? ¿La mujer con su hondura, sus rosas, sus volcanes...?"."


Este precioso texto ha sido escrito por el poeta Antonio Gamoneda y publicado en el diario El País ayer lunes, recordando a su amigo, el poeta chileno recientemente fallecido Gonzalo Rojas.

martes, 26 de abril de 2011

Gonzalo Rojas, el poeta chileno, ha muerto


Carta del suicida


Juro que esta mujer me ha partido los sesos,

Por que ella sale y entra como una bala loca,

Y abre mis parietales y nunca cicatriza,

Así sople el verano o el invierno,

Así viva feliz sentado sobre el triunfo

Y el estomago lleno, como un cóndor saciado,

Así padezca el látigo del hambre,

así me acueste

O me levante, y me hunda de cabeza en el día

Como una piedra bajo la corriente cambiante.

Así toque mi citara para engañarme, así

Se habrá una puerta y entren diez mujeres desnudas,

Marcadas sus espaldas con mi letra, y se arrojen

Unas sobre otras hasta consumirse.

Juro que ella perdura porque ella sale y entra

Como una bala loca,

Me sigue a donde voy y me sirve de hada.


Ha muerto en Santiago el poeta chileno Gonzalo Rojas. Con esta Carta del suicida, mi pequeño homenaje.

lunes, 28 de octubre de 2013

"Los días van tan rápidos", de Gonzalo Rojas


Los días van tan rápidos

Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en
[mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.
Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.
Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo
[allá en el fondo
Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.
Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

domingo, 27 de junio de 2010

Los días van tan rápidos ...


Los días van tan rápidos en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en
[mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo
[allá en el fondo

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así es que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

Gonzalo Rojas