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sábado, 22 de marzo de 2014

El taller de Francis Bacon

Interesantísimo el libro de Franck Maubert El olor a sangre humana no se me quita de los ojos, que recoge las conversaciones del autor con el pintor Francis Bacon. Arranca con una descripción de su estudio que me gustaría compartir:

"Finalmente la habitación importante, el taller. El antro. Un lugar protegido con celo.La realidad supera con creces lo que hasta entonces había entrevisto en catálogos y revistas. Cierto que no es el primero ni será el último artista en acumular tantas cosas: el pintor Walter Sickert acompañado de su mujer en su estudio muestra el suelo cubierto de estratos de periódicos y de detritos diversos...Sobre el entarimado de Bacon hay residuos de todo tipo que forman una especie de compost de sedimentos, una costra rugosa: lo opuesto a la limpieza "clínica" de sus cuadros, que sin embargo nacen aquí, y cuya anchura no puede exceder la diagonal de la ventana. Zapatos desparejados, guantes de goma rosa, platos, esponjas viejas, libros abandonados con páginas rasgadas, fotografías arrancadas... y pirámides de pinceles. Se disculpa:"Es que toda mi vida no ha sido más que un vasto desorden". Regueros de colores-anaranjado, violáceo, amarillo vivo, rosa estridente- corren por el suelo y trepan por la puerta y las paredes. El taller, iluminado por una claraboya en el techo y una bombilla desnuda, no es sino una paleta inmensa. Y una invitación a pintar. Este desbarajuste es el centro mismo de la imaginación pictórica de Bacon. Lo he visto engancharse a un tríptico dedicado al torero Ignacio Sánchez Mejías, muerto en combate, a partir de un poema de García Lorca. Más adelante sabré que solo conservará el cuadro de la derecha del tríptico. El artista no revela todas sus fuentes, no cuenta sus secretos de fábrica, algunos de los cuales se han descubierto después de su desaparición al investigar los documentos amontonados en su taller."











6 comentarios:

  1. Todavía viene a mí
    Aquella primavera
    En que tanto te amé

    Sin saber quien eras
    Fue un día florido
    De un verde frondoso
    De un cielo celeste
    Y sentimientos fogosos

    (Amor de primavera, A.O. Legnazzi)

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    1. Ay esos ripios, querido Apollinaire... Veo que la primavera te tiene trastornado. Con amor

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  2. Sí, creo que yo lo hubiese mejorado, pero soy modesto y no quiero poner cosas mías...Pero aunque te cueste creerlo, Madeleine, este poemita de Legnazzi ocupa el lugar nº 20 -justo detrás de otro de Octavio Paz (!), en una encuesta hecha en su día.
    Pero a lo peor es que entiendes poco de estas cosas y no has entrado en el meollo.

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    1. Entiendo poco, no te quepa duda. Pero el poema es malo como él solo, ocupe el lugar que ocupe en esa encuesta, querido.

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  3. Malísimo. Pero como cuenta bien lo que realmente ocurrió, pues eso. ¿Nunca te ha impresionado una necrológica mal redactada o una página de sucesos torpemente escrita?
    Claro que sí: el fiambre era muy conocido y los muertos en el terremoto miles. El meollo, el cogollo, la tela..., eso era lo importante.
    So exquisita.

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    1. Pues el cogollo me encanta. Grazie mille mio caro.

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