Arenas movedizas
Antes de hundirme, dime
esa palabra que no pronunciaste
al amor de mi oído, porque pronto
me van a devorar aquellas sombras
que en mi infancia jamás te imaginaron.
El puente
Se ha derrumbado el puente con mis pasos;
mas no lloréis por mí: tan solo huía
al campamento, y nuestros enemigos
sucumbieron ahogados tras mi sombra.
No me rindáis honores; recordadme
con una mueca, y dad gracias a Dios.
De vez en cuando vuelvo a cualquiera de los poemarios de Pelayo Fueyo y siempre me doy de bruces no con sus palabras, sino con él: con su gesto, su mirada, esa bondad desprotegida, un alma a la intemperie. Él, su poesía, siempre me conmueven. Un abrazo desde Mi casa, Pelayo.
!!! Bienvenido ¡¡¡
Gracias por entrar. Antes de irte, echa un vistazo y comparte con nosotros. Nos interesa conocer todo lo que quieras compartir. ¿Has hecho algún descubrimiento deslumbrante? ¿Una película, un poema, un cuadro, un disco? ¿Una ciudad, un paisaje? Ábrenos una ventana y nos asomaremos.
Páginas
martes, 16 de abril de 2013
Pasión Vega&María Dolores Pradera: Habaneras de Cádiz
Hace unos días escuché esta canción junto a mis padres. Observando la expresión de mi madre mientras la tarareaba, y se maravillaba con la voz de Pasión Vega y el gusto de la Pradera, el placer y la alegría en su rostro; agarrando la mano de mi padre que, estoy segura, sigue disfrutando de la música aunque ya no pueda expresarlo, me sentí feliz. Así que hoy, como homenaje a ellos, Habaneras de Cádiz en Mi casa.
lunes, 15 de abril de 2013
"En la orilla", de Rafael Chirbes
"Si para algo sirve el dinero es para comprar inocencia a tus descendientes. No está mal. No es poca cosa. Te saca del reino animal y te mete en el reino moral. Te humaniza. Gracias a él, al dinero, se habían desfigurado en la desmemoria de los Marsal las batidas de maquis en la montaña, en el pantano,: los mese en que su padre ponía el reluciente Hispania al servicio del grupo (eso sí que era una muta, pervivencia de la jauría originaria). El empleado del ultramarinos, vestido con su guardapolvos gris, le sacaba brillo a la carrocería antes de que don Gregorio Marsal, el propietario, se subiera para hacer de chófer de las patrullas de falangistas que se movían por todas partes. Aparecían de improviso, cortaban los caminos, registraban la carga de los carros, cacheaban a los carreteros, perseguían a los ciclistas que hacían estraperlo cargados con un par de sacos de arroz o de azúcar y una garrafa de aceite. Requisaban mercancías, pedían documentos, propinaban palizas a estraperlistas, a borrachos, a desgraciados que no eran capaces de justificar su presencia a aquellas horas en la carretera; a sospechosos de haber militado en alguno de los partidos del Frente Popular que tenían la mala suerte de pasar por allí. Mi tío y, bastante tiempo después, mi padre me lo comentaron, aunque a mí me aburrían aquellas historias. no entendía la épica de la resistencia con que querían contaminarme. Sobre todo mi padre. El siniestro auto negro circulaba de noche con los faros apagados y aparcaba ante la puerta de alguna casa, las risas salían a través de las ventanillas abiertas a la noche calurosa. verano de 1939. El sonido de los disparos al aire como carta de presentación de la jauría, el crujido de las esquirlas que se desprendían de un muro en el que a la mañana siguiente los vecinos podían ver los huecos de los impactos. Coche de carniceros, husmeo de carroña. Pero eso es la fase turbia, de un modo u otro inevitable en toda acumulación primitiva. Para que crezca la planta primero hay que estercolar. Esas correrías no tenían la inconsciencia juvenil que parecían mostrar las bromas, las risas y las copas que las acompañaban, eran calculado peaje para seguir creciendo, ritos de paso, etapas en el proceso de formación de las nuevas generaciones empresariales: en las escaramuzas empezaron a redondearse las facciones del propietario del ultramarinos, adquirió el tendero esa jovialidad en la mirada, la franqueza en el tono de voz, la autoridad en los gestos (quién se atreve conmigo), la risa satisfecha que separaba sus labios sonrosados y gordezuelos. No hay mal que por bien no venga. El dinero tiene, entre otras infinitas virtudes, una calidad detergente."
No hace mucho os confesaba mi creciente desinterés por la novela española actual, salvando algunas excepciones, y mi reticencia a gastar mi exiguo presupuesto en obras que, en su mayoría, corrían el riesgo de decepcionarme. Y de ahí mi intención de entregarme a releer libros que en su día me enamoraron y autores de plena confianza. He roto mi propósito con En la orilla, de Chirbes, y nunca me alegraré lo suficiente. Confieso, y entono el mea culpa, que es la primera novela de este autor que cae en mis manos, algo que voy a subsanar inmediatamente. Chirbes es un grande, un escritor extraordinario, poseedor de una prosa poderosa, hermosísima, y ha escrito una novela verdaderamente notable. Os la recomiendo encarecidamente.
No hace mucho os confesaba mi creciente desinterés por la novela española actual, salvando algunas excepciones, y mi reticencia a gastar mi exiguo presupuesto en obras que, en su mayoría, corrían el riesgo de decepcionarme. Y de ahí mi intención de entregarme a releer libros que en su día me enamoraron y autores de plena confianza. He roto mi propósito con En la orilla, de Chirbes, y nunca me alegraré lo suficiente. Confieso, y entono el mea culpa, que es la primera novela de este autor que cae en mis manos, algo que voy a subsanar inmediatamente. Chirbes es un grande, un escritor extraordinario, poseedor de una prosa poderosa, hermosísima, y ha escrito una novela verdaderamente notable. Os la recomiendo encarecidamente.
domingo, 14 de abril de 2013
Dibujando el caos
A la exposición Maestros del caos: Artistas y Chamanes, de la que os hablé hace unos días, me acompañó mi nieto. Pensé que la vistosidad de las piezas le resultaría atractiva y alimentaría su creatividad, y así fue, aunque tuve serias dudas cuando entramos en la sala y nos dimos de bruces con algunas fotografías, máscaras y vestiduras bastante inquietantes. Pero a los niños de hoy pocas cosas les asustan. Para mi sorpresa, mi nieto las encontró divertidas e inmediatamente se puso a dibujarlas.

No me resisto a traer sus dibujos a Mi casa. Amor de abuela.


No me resisto a traer sus dibujos a Mi casa. Amor de abuela.

sábado, 13 de abril de 2013
La bienintencionada sátira de Carl Spitzweg
En 1855 dos escritores alemanes, Ludwig Eichrodt y Adolf Kussmaul publicaron sus poesías satíricas en un diario muniqués, y allí apareció por primera vez el término Biedermeier, dando nombre a un estilo que abarcaría arquitectura, pintura y literatura, caracterizado en estas dos últimas disciplinas por el sentimentalismo y una bienintencionada sátira a los usos y costumbres pequeñoburgués. A esta corriente pertenece la obra del pintor alemán Carl Spitzweg, un burgués de familia acaudalada que comenzó a dibujar a causa de una enfermedad, aprendió a manejar el lápiz de forma autodidacta y se convirtió, con el tiempo, en uno de los máximos exponentes del período Biedermeier.

Spitzweg, farmaceutico de profesión, compagina su trabajo con colaboraciones e ilustraciones en publicaciones satíricas, como la Fliegenden Blatter, actividad que desarrolla fundamentalmente entre 1844 y 1852. Aunque la mayor parte de su vida transcurre en Munich, visita la Exposición Universal de París, viaja a Italia, visita Praga y Berlín. Se mantiene al tanto de lo que se cuece en Europa en materia artística.

Me fascinan sus cuadros. Me apasionan sus interiores atiborrados de objetos. Daría algo por introducirme en la habitación de El poeta pobre, el cuadro con el que abro el comentario, y averiguar el título de los libros que amontona junto a la cama, hojear alguno de sus manuscritos. ¿Qué sostiene entre los dedos? ¿Una pulga?. O subirme a la escalera del Ratón de biblioteca y descubrir los tesoros que guardan esos estantes. Y ¿qué me decís del estudio de El naturalista?

Siento ternura por estos solitarios estudiosos a los que parece sorprender la vida que se cuela por la ventana, como en el caso de Una visita, arriba a la derecha, el hombre distraído por la llegada de un pájaro. Aunque Spitzweg se centró fundamentalmente en llevar al papel los oficios pequeño-burgueses, paulatinamente se fue decantando por el paisajismo, influido por la pintura holandesa del XVII. Os traigo dos ejemplos de carácter muy distinto: a la izquierda, una sátira del "mirón"; abajo una tranquila escena familiar. Una pintura amable y bienintencionada que despierta la sonrisa del espectador. Siempre se agradece.

Spitzweg, farmaceutico de profesión, compagina su trabajo con colaboraciones e ilustraciones en publicaciones satíricas, como la Fliegenden Blatter, actividad que desarrolla fundamentalmente entre 1844 y 1852. Aunque la mayor parte de su vida transcurre en Munich, visita la Exposición Universal de París, viaja a Italia, visita Praga y Berlín. Se mantiene al tanto de lo que se cuece en Europa en materia artística.

Me fascinan sus cuadros. Me apasionan sus interiores atiborrados de objetos. Daría algo por introducirme en la habitación de El poeta pobre, el cuadro con el que abro el comentario, y averiguar el título de los libros que amontona junto a la cama, hojear alguno de sus manuscritos. ¿Qué sostiene entre los dedos? ¿Una pulga?. O subirme a la escalera del Ratón de biblioteca y descubrir los tesoros que guardan esos estantes. Y ¿qué me decís del estudio de El naturalista?

Siento ternura por estos solitarios estudiosos a los que parece sorprender la vida que se cuela por la ventana, como en el caso de Una visita, arriba a la derecha, el hombre distraído por la llegada de un pájaro. Aunque Spitzweg se centró fundamentalmente en llevar al papel los oficios pequeño-burgueses, paulatinamente se fue decantando por el paisajismo, influido por la pintura holandesa del XVII. Os traigo dos ejemplos de carácter muy distinto: a la izquierda, una sátira del "mirón"; abajo una tranquila escena familiar. Una pintura amable y bienintencionada que despierta la sonrisa del espectador. Siempre se agradece.
viernes, 12 de abril de 2013
Maestros del caos: Artistas y Chamanes
"En la mayoría de las culturas, el imaginario colectivo ha creado figuras ambivalentes, transgresoras y subversivas, héroes o dioses que se distinguen de las otras divinidades por su impureza original. Los hombres temen su ambigüedad: procuran riquezas pero también pueden arrebatarlas; protegen a los niños pero también pueden causar la esterilidad de las mujeres; hacen crecer los cultivos, pero también pueden provocar sequías. La figura del "perturbado divino" se manifiesta desde Egipto hasta Japón, desde Grecia hasta Alaska, desde Brasil hasta Benín. Sus hazañas y fechorías han dado lugar a un buen número de cuentos y relatos tradicionales y seculares. Frente al orden regido por la razón representan lo salvaje y lo sagrado, la desmesura descabellada, la confusión de las normas, el movimiento y la quiebra de las categorías sociales. Es el caos generador que atenta contra el inmovilismo."

Caixa Forum ha montado una espectacular exposición alrededor de la representación del caos, reuniendo obras relacionadas con cultos animistas y religiones de diferentes culturas. Maestros del caos: Artistas y Chamanes propone al visitante una reflexión sobre la relación del orden y el caos, sobre el papel que ambos elementos juegan en la vertebración de la sociedad a lo largo de la historia.

El montaje de la muestra abunda en los claroscuros de esta relación, en el mundo de lo invisible, la magia y las religiones, los intermediarios entre el hombre y la divinidad. Las fuerzas oscuras. El efecto es perturbador. Nos encontramos con piezas bellísimas junto a otras realmente espeluznantes. 220 objetos procedentes en su mayoría de colecciones antropológicas y etnográficas de todo el mundo. Algunas de belleza clásica, como una estatua del dios Baco, junto a otras que parecen sacadas de una pesadilla, como las máscaras que os muestro bajo estas líneas.

Vestiduras de chamanes siberianos, máscaras de Indonesia, fetiches africanos, antifaces zoomórficos, tambores rituales, una exhaustiva serie de objetos utilizados por hechiceros y chamanes de todas las culturas para dialogar con los espíritus. También tienen cabida obras de artistas contemporáneos, como la colección de fotografías tomadas por Myriam Mihindou entre 2004 y 2006 durante sesiones de espiritismo en Haiti, Déchoucaj, una de las cuales os muestro abajo a la derecha.

Me impresionó un montaje realizado con estampas de Los Caprichos de Goya y detalles de Los Fusilamientos del 2 de Mayo y Saturno devorando a sus hijos, junto a cabezas de maniquíes. Y me gustaron especialmente dos cuadros de Basquiat, un espléndido Tapies y algunos lienzos de Gutiérrez Solana. Me revolvió el estómago la proyección de un vídeo del donostiarra Sergio Prego. Procuré darle la espalda cuanto me fue posible. Pese a algún detalle de este tipo, la exposición me resultó de gran interés.


Caixa Forum ha montado una espectacular exposición alrededor de la representación del caos, reuniendo obras relacionadas con cultos animistas y religiones de diferentes culturas. Maestros del caos: Artistas y Chamanes propone al visitante una reflexión sobre la relación del orden y el caos, sobre el papel que ambos elementos juegan en la vertebración de la sociedad a lo largo de la historia.

El montaje de la muestra abunda en los claroscuros de esta relación, en el mundo de lo invisible, la magia y las religiones, los intermediarios entre el hombre y la divinidad. Las fuerzas oscuras. El efecto es perturbador. Nos encontramos con piezas bellísimas junto a otras realmente espeluznantes. 220 objetos procedentes en su mayoría de colecciones antropológicas y etnográficas de todo el mundo. Algunas de belleza clásica, como una estatua del dios Baco, junto a otras que parecen sacadas de una pesadilla, como las máscaras que os muestro bajo estas líneas.

Vestiduras de chamanes siberianos, máscaras de Indonesia, fetiches africanos, antifaces zoomórficos, tambores rituales, una exhaustiva serie de objetos utilizados por hechiceros y chamanes de todas las culturas para dialogar con los espíritus. También tienen cabida obras de artistas contemporáneos, como la colección de fotografías tomadas por Myriam Mihindou entre 2004 y 2006 durante sesiones de espiritismo en Haiti, Déchoucaj, una de las cuales os muestro abajo a la derecha.

Me impresionó un montaje realizado con estampas de Los Caprichos de Goya y detalles de Los Fusilamientos del 2 de Mayo y Saturno devorando a sus hijos, junto a cabezas de maniquíes. Y me gustaron especialmente dos cuadros de Basquiat, un espléndido Tapies y algunos lienzos de Gutiérrez Solana. Me revolvió el estómago la proyección de un vídeo del donostiarra Sergio Prego. Procuré darle la espalda cuanto me fue posible. Pese a algún detalle de este tipo, la exposición me resultó de gran interés.

jueves, 11 de abril de 2013
Arthur Schopenhauer, "La lectura y los libros"
"Bueno sería comprar libros si se pudiera comprar tiempo bastante para leerlos, pero con frecuencia se confunde la compra de libros con la apropiación de su contenido.
(...)
Inquirir si hay hombre que retenga todo lo leído, equivale a inquirir si si lo hay que conserve en sí todo lo que ha podido comer. Vivió físicamente de esta comida, e intelectualmente de aquella lectura, convirtiéndose por ambos géneros de alimentación en lo que es. pero así como el cuerpo asimila lo que le es homogéneo, el espíritu retiene lo que le interesa, vale decir lo que conviene a su sistema de ideas o a sus puntos de vista.
(...)
Para leer lo bueno, hay una condición, y es no leer lo malo, porque la vida es corta y el tiempo y las fuerzas, limitadas.
(...)
Todo libro importante debe leerse dos veces, lo uno, porque la segunda vez se perciben mejor las cosas en su totalidad, y no se comprende bien el comienzo si no se conoce el fin, y lo otro, porque a la segunda lectura se lleva otra disposición de ánimo que a la primera, lo que modifica la impresión, como cuando se mira bajo nueva luz un objeto anteriormente contemplado.
(...)
También cabe leer con gusto y provecho libros de hombres cuyo trato nos desagradaría, y he aquí por qué una alta cultura intelectual nos conduce poco a poco a complacernos casi exclusivamente en los libros y dejar a un lado a los hombres."
(...)
Inquirir si hay hombre que retenga todo lo leído, equivale a inquirir si si lo hay que conserve en sí todo lo que ha podido comer. Vivió físicamente de esta comida, e intelectualmente de aquella lectura, convirtiéndose por ambos géneros de alimentación en lo que es. pero así como el cuerpo asimila lo que le es homogéneo, el espíritu retiene lo que le interesa, vale decir lo que conviene a su sistema de ideas o a sus puntos de vista.
(...)
Para leer lo bueno, hay una condición, y es no leer lo malo, porque la vida es corta y el tiempo y las fuerzas, limitadas.
(...)
Todo libro importante debe leerse dos veces, lo uno, porque la segunda vez se perciben mejor las cosas en su totalidad, y no se comprende bien el comienzo si no se conoce el fin, y lo otro, porque a la segunda lectura se lleva otra disposición de ánimo que a la primera, lo que modifica la impresión, como cuando se mira bajo nueva luz un objeto anteriormente contemplado.
(...)
También cabe leer con gusto y provecho libros de hombres cuyo trato nos desagradaría, y he aquí por qué una alta cultura intelectual nos conduce poco a poco a complacernos casi exclusivamente en los libros y dejar a un lado a los hombres."
miércoles, 10 de abril de 2013
A la muerte de José Luis Sampedro
En la madrugada del domingo al lunes murió José Luis Sampedro, y fue su voluntad que no se diera noticia hasta haber sido incinerado. No quiso convertir su muerte en un circo, e imagino que pretendió también preservar a su mujer, Olga Lucas, del acoso de los medios. Así, poder llorar en silencio.
He escuchado la noticia esta mañana (martes 9) en la radio, mientras Madrid despide con clarines a Sara Montiel y el mundo se desayuna con obituarios a Margareth Thatcher. Uno no sabe nunca con qué acontecimientos coincidirá su muerte, qué noticias ocuparán ese día los diarios, con quienes coincidirás en tu viaje al más allá. Me da la impresión de que a Sampedro le habrá hecho gracia la compañía de Sarita, tan desbocada y excesiva, y en ningún caso la de la Dama de Hierro, en gran medida responsable de los polvos de los que vienen estos lodos. Seguramente su antítesis: frente al ultraliberalismo de la inglesa el humanismo solidario y revolucionario del escritor.
Recuerdo que en su último libro, Cuarteto para un solista, escrito a dos manos con su mujer, ponía en boca de uno de sus personajes, el viejo profesor, como fue el ataque a Iraq, en el 2003, lo que le empujó a "apearse del mundo" y dedicarse a mirar los toros desde la barrera. Busco el texto. Dice exactamente: "Me indigné tanto que lo decidí. Me dije: "El mundo no lo han parado, pero yo me apeo en marcha". Me tiré a la cuneta y desde entonces estoy viéndoles pasar a todos, unos con sus mentiras, otros con falsas creencias, errados entusiasmos, mediocres maniobras, deplorables dirigentes... A veces, algún gesto, algún grupo humano hace que me una a esa excepción, pero no he vuelto al rebaño. Evito el contagio, me mantengo lejos del mundanal ruido que perturba la descansada vida." Y más adelante lo justifica a través de otro personaje, el doctor: "Toda la sabiduría acumulada en tantos años de estudio y su extraordinaria lucidez unida a la impotencia para cambiar el rumbo de los acontecimientos, a su edad, le dejan pocas salidas".
Y pese a todo, Sampedro se unió al 15M. Hace dos años participó en una de las asambleas que el movimiento organizó en nuestro barrio, Chamberí, y nos habló con la lucidez y sabiduría que le caracterizaban. Os lo conté entonces. Toda aquella gente joven sentada en el suelo le escuchaba con cariño y respeto. En aquel momento dos ancianos, Sampedro y Hessel, hoy los dos desaparecidos, resultaron ser la voz de los más jóvenes. José Luis Sampedro prologó el ¡Indignaos! de Hessel, un texto que terminaba así: "Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!" No sé a qué estamos esperando.
Por una u otra razón, Sampedro a visitado Mi casa en muchas ocasiones. Ha sido un referente a lo largo de mi vida. Muchos le echaremos de menos.
"Al vent". Al viento, la cara al viento, el corazón al viento, las manos al viento, el viento del mundo.
He escuchado la noticia esta mañana (martes 9) en la radio, mientras Madrid despide con clarines a Sara Montiel y el mundo se desayuna con obituarios a Margareth Thatcher. Uno no sabe nunca con qué acontecimientos coincidirá su muerte, qué noticias ocuparán ese día los diarios, con quienes coincidirás en tu viaje al más allá. Me da la impresión de que a Sampedro le habrá hecho gracia la compañía de Sarita, tan desbocada y excesiva, y en ningún caso la de la Dama de Hierro, en gran medida responsable de los polvos de los que vienen estos lodos. Seguramente su antítesis: frente al ultraliberalismo de la inglesa el humanismo solidario y revolucionario del escritor.
Recuerdo que en su último libro, Cuarteto para un solista, escrito a dos manos con su mujer, ponía en boca de uno de sus personajes, el viejo profesor, como fue el ataque a Iraq, en el 2003, lo que le empujó a "apearse del mundo" y dedicarse a mirar los toros desde la barrera. Busco el texto. Dice exactamente: "Me indigné tanto que lo decidí. Me dije: "El mundo no lo han parado, pero yo me apeo en marcha". Me tiré a la cuneta y desde entonces estoy viéndoles pasar a todos, unos con sus mentiras, otros con falsas creencias, errados entusiasmos, mediocres maniobras, deplorables dirigentes... A veces, algún gesto, algún grupo humano hace que me una a esa excepción, pero no he vuelto al rebaño. Evito el contagio, me mantengo lejos del mundanal ruido que perturba la descansada vida." Y más adelante lo justifica a través de otro personaje, el doctor: "Toda la sabiduría acumulada en tantos años de estudio y su extraordinaria lucidez unida a la impotencia para cambiar el rumbo de los acontecimientos, a su edad, le dejan pocas salidas".
Y pese a todo, Sampedro se unió al 15M. Hace dos años participó en una de las asambleas que el movimiento organizó en nuestro barrio, Chamberí, y nos habló con la lucidez y sabiduría que le caracterizaban. Os lo conté entonces. Toda aquella gente joven sentada en el suelo le escuchaba con cariño y respeto. En aquel momento dos ancianos, Sampedro y Hessel, hoy los dos desaparecidos, resultaron ser la voz de los más jóvenes. José Luis Sampedro prologó el ¡Indignaos! de Hessel, un texto que terminaba así: "Como cantara Raimon contra la dictadura: Digamos NO. Negaos. Actuad. Para empezar, ¡INDIGNAOS!" No sé a qué estamos esperando.
Por una u otra razón, Sampedro a visitado Mi casa en muchas ocasiones. Ha sido un referente a lo largo de mi vida. Muchos le echaremos de menos.
"Al vent". Al viento, la cara al viento, el corazón al viento, las manos al viento, el viento del mundo.
martes, 9 de abril de 2013
Yosa Buson, tres haikus
oki oki ni
mono omou haru no
yukue kana
Cada mañana
¿dónde va pensativa
la primavera?
*
yuudachi ya
kusa ba o tsukamu
murasuzume
Un aguacero.
Se agarran a las hierbas
los gorriones.
*
ugisu no
koe tooki
hi mo
kurenikeri
Canto lejano de ruiseñor.
El día de hoy también
llega a su ocaso.
Estos haikus fueron escritos en el siglo XVIII por el pintor y poeta Yosa Buson. Gracias, Celia, por descubrirme su obra.
lunes, 8 de abril de 2013
"Aire limpio", por Manuel Vicent
Con las primeras luces del día comienza a rodar la vida. De
madrugada el panadero amasa el pan; los barcos de pesca se hacen a la mar; por
las carreteras convergen hacia las grandes urbes los camiones cargados de
mercancías; los agricultores salen al campo; los padres llevan a sus hijos al
colegio; los ejecutivos, oficinistas y obreros llegan a la fábrica; levantan el
cierre los comercios; ruedan los autobuses y el suburbano en la ciudad
transportando ríos de gente, a cada uno hacia su afán; en los hospitales se
abren los quirófanos; los estudiantes llenan las aulas; en los mercados suenan
los gritos de los tenderos animando las ventas de carne, pescado, frutas y
hortalizas; en las redacciones de los periódicos comienza a prepararse el
número del día siguiente mientras las ediciones digitales ruedan en las
pantallas sin detenerse nunca; puede que a cualquier hora del día o de la noche
un escritor esté escribiendo un libro, una pareja se esté enamorando y muchos
ciudadanos anónimos estén proyectando sus sueños sobre el futuro. Esta es la
rueda de la vida, que cohesiona la convivencia, pero en nuestro país este
tejido social se halla profundamente contaminado. La prensa, la radio y la
televisión bombean a la superficie de forma continua e inagotable la basura de
la corrupción política y su insoportable hedor lo huele el panadero que fabrica
el pan, el marinero que trae el pescado a puerto, el labrador que siembra las
semillas, el camionero que transporta mercancías, los escolares que llegan con
sus cargadas mochilas al colegio, los médicos que curan en los hospitales, las
cajeras que cobran en los supermercados, los periodistas que elaboran las
noticias, los carniceros, los ebanistas, las secretarias, los fontaneros, que
cumplen con su deber. Como una lluvia ácida la corrupción se desprende desde la
política sobre cualquier orden moral de la vida cotidiana. ¿A qué se espera?
Este país necesita urgentemente una pala que se lleve al infierno de una vez a
toda esta reata de imputados y se limpie el aire para que el panadero, el
carnicero, el frutero, el estudiante, el médico, el profesor, el científico, el
artista, el empresario vuelvan a la diaria rutina sin que el cabreo o el
desánimo envenene, contamine y corrompa su propia vida.
Menuel Vicent, diario El País, 7 de Abril de 2013.
Menuel Vicent, diario El País, 7 de Abril de 2013.
domingo, 7 de abril de 2013
"El silencio de la luz", por Xuan Bello
"Llueve en Roma, pero no calla el silencio de la luz. Estoy
enamorado: de la sombra rubia que me acompaña al lado, del hilo frágil que me
une al mundo. Tomarse un café ante el Coliseo es recordar los versos de Víctor
Botas. También él estuvo aquí y convirtió en una sabía melodía el recuerdo de
su paso.
Roma, que a todos recibe, no es para todos. Hay algo en su
belleza que se teme perder. Si indago en mí mismo descubro tal vez el misterio
del amor, cómo tememos perder aquello que tenemos fugazmente. ¿Si su mirada
dejase de buscar la mía, cómo vería yo?
Sus labios están llenos de música, sus palabras cargadas de
un sentido oculto pues son el santo y la seña que abre y cierra las puertas de
un laberinto del que no querría salir. Roma es eso, y también mi amor, y la
ciudad antigua adquiere por un momento la hermosa figura de su alma
transformada en cuerpo. En vano se puede guardar en Roma un secreto. Quien
enamorado está busca un amor más profundo; quien no ama busca desesperado amar.
Así los gatos, los transeúntes, los turistas que con cara boba sin verla tienen
delante la columna de Trajano. Así nosotros perdidos buscándonos. Los viajes
son siempre a un lugar tan cercano que está en nosotros: nuestro corazón.
Podemos ir a Las Quimbambas, atravesar océanos, descubrir islas, hollar junglas
remotas, fatigar estepas. Por mucho que anduviésemos nunca llegaríamos a
nuestro destino de no haber llegado antes a nosotros mismos.
Hoy estamos aquí, dos sombras que se anudan en un mismo amor
y que repiten unos versos que susurran la lluvia sobre el asfalto negro como un
espejo: llueve pero no calla el silencio de la luz.
Piove in Roma / ma non tace / Il silenzo de la luce. Estos
versos, escritos apresuradamente en una servilleta, quisieran ser una trampa
donde el tiempo se detuviese. Ahora estoy en Campo di'Fiori y la serena sombra
de Giordano Bruno me acoge. Reviso mis papeles, mi agenda repleta de luces que
he ido guardando. Apuntando horizontes, coleccionando atardeceres. En la Piazza
del lo Pascquino leí unos versos que alguien había colgado. De esta plaza
procede la palabra española pasquín y todavía hoy la protesta amanece en sus
esquinas. Del romanazzo, del dialecto popular de Roma, que es lengua viva e
utilísima, traduzco estos versos socarrones: «Tenemos un Pedro nuevo en Roma /
que se hace llamar Francisco. / En verdad sólo sabemos / que baila el tango
argentino».
La sonrisa de Roma , esa sonrisa que viene de los versos de
Marcial y de Catulo, es también una sonrisa serena, una sonrisa que tiene la
calidad de la luz. Aunque llueva, y la gente desconfiaba mire abrigándose el
cielo, es sabido que todo pasa y que los días mejores están por venir. Sin
posibilidad de formar gobierno, sin posibilidad por ahora de encontrar una
salida a la crisis, esta sociedad se ríe civilizada. No hay gritos, no hay
crispación y los carteles con los que Berlusconi ha ensuciado cada esquina son
algo que se mira de reojo y con una mala palabra, una mala palabra divertida, a
cada paso.
Hay aquí una sabia lección de Europa: el tiempo amontonado
sobre escombros de melancolía genera perspectivas de futuro. El laberinto
individual no es muy diferente al laberinto social: es difícil estar, pero más
traumático sería no estar. En Roma, como en cualquier otra parte, es posible
amar: soñar un futuro mejor. Y en eso estamos todos, creo yo."
Deslumbrante literatura, la de Xuan Bello. Esta crónica de viaje se publicó en el diario asturiano El Comercio, el 31 de marzo de 2013. La foto también es obra de Xuan.
sábado, 6 de abril de 2013
Mademoiselle Sallé
Era mi hija adolescente cuando realizamos juntas un viaje a Lisboa, mi segunda visita a la capital portuguesa, que ya me había enamorado años atrás. Le enseñé los lugares que conocía y que pensaba iban a interesarle, juntas descubrimos rincones nuevos y disfrutamos de un tiempo para nosotras. Las madres de hijas adolescentes saben que no siempre es fácil.
No recuerdo que nuestros paseos nos llevaran a ningún museo, a excepción del Calouste Gulbenkian, obra de un industrial de origen armenio con residencia en Portugal que, a su muerte, legó a la ciudad, a través de una fundación que lleva su nombre, una muy importante colección de arte. El Museo se encuentra en el Parque de Santa Gertrudes, y es de obligada visita para los amantes del arte. Allí podemos encontrar desde piezas de arte egipcio, greco-romano, chino, japonés e islámico hasta arte europeo del período comprendido entre el siglo XI al XX. Van der Weyden, Bouts, Ghirlandaio, Rubens y Rembrandt junto a Turner, Manet, Renoir o Degas. De sus paredes cuelgan el espléndido Retrato de una joven, de Ghirlandaio, y los retratos de Santa Catalina y San José, de Van der Weyden, entre otras muchas maravillas. Y, sin embargo, no recuerdo haberlos visto. No recuerdo nada de lo que allí disfruté, excepto un solo cuadro. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Por qué, paseando por una sala repleta de piezas bellísimas, algunas incluso obras maestras, de repente te atrapa un objeto, en este caso un cuadro, que objetivamente no es el más hermoso, ni el más representativo, ni siquiera está firmado por un número uno, y te quedas ahí, ante él, prendida, con el alma en vilo, y todo lo que te rodea se desvanece? Eso me sucedió a mí entonces ante este retrato que hoy traigo a Mi casa, el de Mademoiselle Sallé, firmado por Quentin de la Tour en 1741. Marie Sallé, nacida en 1707 y muerta en 1756, fue una bailarina y coreógrafa de ballet francesa, discípula de Françoise Prévost, que debutó en la Ópera de París en 1721 y, en cierta medida, revolucionó la danza clásica de su época al añadirle expresividad y dramatismo, desentendiéndose de los rígidos cánones que hasta entonces la encorsetaban. Marie no solo bailaba, también dotaba de vida y pasiones a los personajes que encarnaba, actuaba sobre el escenario. Desechó los tejidos que le impedían moverse con libertad, sustituyéndolos por otros de mayor ligereza. Puede decirse que se anticipó a las reformas que, en el mundo de la danza, más adelante llevaría a cabo el coreógrafo Jean- Georges Noverre.
Como os podéis imaginar, yo no sabía nada de esto cuando me miró desde su retrato, aunque esa información no hubiera aportado ni detraído nada a mi encantamiento. La mujer que se hallaba ante mí podía haber sido una famosa bailarina, un ama de casa o una princesa de la Casa de Windsor, tanto me hubiera dado. De toda ella emanaba paz, dulzura, quizá la serenidad que yo entonces necesitaba. Pero fue su mirada lo que me conmovió hasta el alma: una mirada tan tierna, tan compasiva y amorosa, una mirada que todo lo entendía y todo lo aceptaba. Me sentí envuelta en su calidez, desarmada, y cuando mi hija se acercó a mí me encontró llorando como una Magdalena delante de aquel cuadro. Ella todavía lo recuerda. No he vuelto a verla, pero sé que está allí y, en algún momento, regresaré.
No recuerdo que nuestros paseos nos llevaran a ningún museo, a excepción del Calouste Gulbenkian, obra de un industrial de origen armenio con residencia en Portugal que, a su muerte, legó a la ciudad, a través de una fundación que lleva su nombre, una muy importante colección de arte. El Museo se encuentra en el Parque de Santa Gertrudes, y es de obligada visita para los amantes del arte. Allí podemos encontrar desde piezas de arte egipcio, greco-romano, chino, japonés e islámico hasta arte europeo del período comprendido entre el siglo XI al XX. Van der Weyden, Bouts, Ghirlandaio, Rubens y Rembrandt junto a Turner, Manet, Renoir o Degas. De sus paredes cuelgan el espléndido Retrato de una joven, de Ghirlandaio, y los retratos de Santa Catalina y San José, de Van der Weyden, entre otras muchas maravillas. Y, sin embargo, no recuerdo haberlos visto. No recuerdo nada de lo que allí disfruté, excepto un solo cuadro. ¿Por qué ocurren estas cosas? ¿Por qué, paseando por una sala repleta de piezas bellísimas, algunas incluso obras maestras, de repente te atrapa un objeto, en este caso un cuadro, que objetivamente no es el más hermoso, ni el más representativo, ni siquiera está firmado por un número uno, y te quedas ahí, ante él, prendida, con el alma en vilo, y todo lo que te rodea se desvanece? Eso me sucedió a mí entonces ante este retrato que hoy traigo a Mi casa, el de Mademoiselle Sallé, firmado por Quentin de la Tour en 1741. Marie Sallé, nacida en 1707 y muerta en 1756, fue una bailarina y coreógrafa de ballet francesa, discípula de Françoise Prévost, que debutó en la Ópera de París en 1721 y, en cierta medida, revolucionó la danza clásica de su época al añadirle expresividad y dramatismo, desentendiéndose de los rígidos cánones que hasta entonces la encorsetaban. Marie no solo bailaba, también dotaba de vida y pasiones a los personajes que encarnaba, actuaba sobre el escenario. Desechó los tejidos que le impedían moverse con libertad, sustituyéndolos por otros de mayor ligereza. Puede decirse que se anticipó a las reformas que, en el mundo de la danza, más adelante llevaría a cabo el coreógrafo Jean- Georges Noverre.
Como os podéis imaginar, yo no sabía nada de esto cuando me miró desde su retrato, aunque esa información no hubiera aportado ni detraído nada a mi encantamiento. La mujer que se hallaba ante mí podía haber sido una famosa bailarina, un ama de casa o una princesa de la Casa de Windsor, tanto me hubiera dado. De toda ella emanaba paz, dulzura, quizá la serenidad que yo entonces necesitaba. Pero fue su mirada lo que me conmovió hasta el alma: una mirada tan tierna, tan compasiva y amorosa, una mirada que todo lo entendía y todo lo aceptaba. Me sentí envuelta en su calidez, desarmada, y cuando mi hija se acercó a mí me encontró llorando como una Magdalena delante de aquel cuadro. Ella todavía lo recuerda. No he vuelto a verla, pero sé que está allí y, en algún momento, regresaré.
viernes, 5 de abril de 2013
"El Gran Gatsby", de Scott Fitzgerald
"En la última noche, empacado mi baúl y vendido mi coche al droguero, crucé la verja para contemplar aquel enorme e incoherente fracaso de mansión. En los blancos escalones, una obscena palabra, garabateada bajo la luz de la luna; la borré con el zapato. Luego me fui a la playa y me tendí sobre la arena.
La mayoría de las mansiones de la costa estaban cerradas. Apenas se advertían luces, excepto las de un transbordador a través del Sound. Y mientras la luna iba ascendiendo, las banales casas se desvanecieron, hasta que, gradualmente, percibí la vieja isla que antaño floreciera para las pupilas de los marinos holandeses; un fresco y lozano pecho del nuevo mundo. Sus desvanecidos árboles, que dieron paso a la casa de Gatsby, habían cuchicheado quedamente ante el último y mayor de todos los sueños humanos: por un fascinado instante, tan transitorio como maravilloso, el hombre debió haber contenido la respiración ante este continente, obligado a una estética contemplación que no entendía ni deseaba, frente a frente, por última vez en la historia, a algo proporcional a su capacidad de asombro.
Y mientras me hallaba allí, reflexionando sobre el viejo y desconocido mundo, pensé en el asombro de Gatsby al advertir, por vez primera, la luz verde al final del malecón de Daisy. había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debió parecerle tan próximo que no le sería imposible lograrlo... No sabía ya que estaba detrás de él... en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche.
Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y ...un buen día...
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente incesantemente arrastrados hacia el pasado."
Esta es la terrible traducción que realizó E. Piñas en 1999 de esta extraordinaria novela. He puesto boca abajo mi ya de por sí caótica biblioteca buscando el ejemplar que leí hace más de treinta años y, como tantos otros libros queridos, se ha esfumado. Por fin encontré este funesto ejemplar en una colección de libros de bolsillo que compré hace años para mi hija y que aún permanece en mi casa. Su lectura ha sido mi tortura durante estos días de penitencia, aun cuando la novela de Fitzgerald posea tal envergadura que pueda incluso con los embates de traducción tan disparatada. Porque sobrevive su belleza, os traigo este fragmento. Para no dar lugar a equívocos deciros que la foto con la que abro el comentario no se corresponde con la edición a la que hago referencia. La elegí porque me hizo gracia la ilustración.
La mayoría de las mansiones de la costa estaban cerradas. Apenas se advertían luces, excepto las de un transbordador a través del Sound. Y mientras la luna iba ascendiendo, las banales casas se desvanecieron, hasta que, gradualmente, percibí la vieja isla que antaño floreciera para las pupilas de los marinos holandeses; un fresco y lozano pecho del nuevo mundo. Sus desvanecidos árboles, que dieron paso a la casa de Gatsby, habían cuchicheado quedamente ante el último y mayor de todos los sueños humanos: por un fascinado instante, tan transitorio como maravilloso, el hombre debió haber contenido la respiración ante este continente, obligado a una estética contemplación que no entendía ni deseaba, frente a frente, por última vez en la historia, a algo proporcional a su capacidad de asombro.
Y mientras me hallaba allí, reflexionando sobre el viejo y desconocido mundo, pensé en el asombro de Gatsby al advertir, por vez primera, la luz verde al final del malecón de Daisy. había recorrido un largo camino para llegar a este verde césped, y su sueño debió parecerle tan próximo que no le sería imposible lograrlo... No sabía ya que estaba detrás de él... en alguna parte de aquella vasta oscuridad, más allá de la ciudad, donde los oscuros campos se desplegaban bajo las sombras de la noche.
Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros... Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y ...un buen día...
Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente incesantemente arrastrados hacia el pasado."
Esta es la terrible traducción que realizó E. Piñas en 1999 de esta extraordinaria novela. He puesto boca abajo mi ya de por sí caótica biblioteca buscando el ejemplar que leí hace más de treinta años y, como tantos otros libros queridos, se ha esfumado. Por fin encontré este funesto ejemplar en una colección de libros de bolsillo que compré hace años para mi hija y que aún permanece en mi casa. Su lectura ha sido mi tortura durante estos días de penitencia, aun cuando la novela de Fitzgerald posea tal envergadura que pueda incluso con los embates de traducción tan disparatada. Porque sobrevive su belleza, os traigo este fragmento. Para no dar lugar a equívocos deciros que la foto con la que abro el comentario no se corresponde con la edición a la que hago referencia. La elegí porque me hizo gracia la ilustración.
jueves, 4 de abril de 2013
Mario Benedetti, un poema
"Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo."
Muchas gracias a Celia, asidua a Mi casa, por descubrirme este poema de Benedetti. La fotografía está firmada por Daniel Mordzinski.
miércoles, 3 de abril de 2013
Palacio do Monserrate
Hace unos días os hablaba de la quinta a la que pertenece este palacio, una suerte de jardín botánico, uno de los mejores ejemplos de jardín romántico que se conserva, diseñado por el maestro jardinero James Burt con la colaboración del botánico William Nevill y el asesoramiento del pintor William Stockdale. Estamos en 1856, y el propietario de la Quinta do Monserrate es Francis Cook, inglés enriquecido comerciando con tejidos y uno de los más importantes coleccionistas de arte británico de su época. Junto con el jardín, construyó el palacio que veis en la imagen, de clara inspiración oriental, proyecto que encargó al arquitecto James Knowles. El edificio parece sacado de un cuento de Las mil y una noches, con sus cúpulas en forma de flor de loto y una caprichosa mezcla de elementos góticos y árabes.

Como gran parte de los palacios que he visitado durante mi estancia en Sintra, está en obras. Los restauradores trabajan en presencia del público, restituyendo arabescos y escayolas. Las tres torres del palacio se conectan a través de una espectacular galería, una sucesión de arcos y columnas que potencian el efecto de profundidad, a derecha e izquierda del hall de entrada, un recinto octogonal formado por arcos góticos y columnas de mármol rosa.


El atrio está presidido por una fuente, y sobre él un segundo piso, donde se encuentran las habitaciones privadas, y una cúpula con estructura de madera decorada con estuco. Accedo a él por la escalera que os muestro a la derecha, pero la mayor parte de las estancias están clausuradas y, las abiertas al público, han perdido totalmente su carácter original: cuatro paredes albergando una espantosa exposición. Pero merece la pena contemplar de cerca los paneles esculpidos en alabastro de Delhi, imitando el estilo mongol, utilizados en la balaustrada y como biombos en la entrada.


Algunas salas ya se encuentran completamente restauradas, aunque en su mayoría no conservan mobiliario de época. Arriba, a la izquierda, la Sala de Música. Ocupa la torre norte del edificio y se remata con una cúpula decorada con estuco de motivos florales. En el friso se representan Musas y Gracias. A la derecha, la que fue Sala de Billar, hoy oculta tras una profusión de paneles explicativos de su proceso de restauración. Y sobre estas líneas otra sala, quizá la que fue Sala de Estar Indiana, en un estado ruinoso.

Solo estas dos estancias están amuebladas: la biblioteca, tapizada de una librería de nogal, y la cocina, en la parte baja del palacio. Junto a ella otras pequeñas estancias vacías, en su momento destinadas al servicio de la casa.

Pese a andamios y restauradores, y aunque el palacio parece una bombonera refinada y ecléctica, este lugar posee un innegable encanto, aún mayor cuando te asomas a las terrazas y contemplas el jardín. No me resisto a mostraros algo más, pero será en otra entrada.

Como gran parte de los palacios que he visitado durante mi estancia en Sintra, está en obras. Los restauradores trabajan en presencia del público, restituyendo arabescos y escayolas. Las tres torres del palacio se conectan a través de una espectacular galería, una sucesión de arcos y columnas que potencian el efecto de profundidad, a derecha e izquierda del hall de entrada, un recinto octogonal formado por arcos góticos y columnas de mármol rosa.


El atrio está presidido por una fuente, y sobre él un segundo piso, donde se encuentran las habitaciones privadas, y una cúpula con estructura de madera decorada con estuco. Accedo a él por la escalera que os muestro a la derecha, pero la mayor parte de las estancias están clausuradas y, las abiertas al público, han perdido totalmente su carácter original: cuatro paredes albergando una espantosa exposición. Pero merece la pena contemplar de cerca los paneles esculpidos en alabastro de Delhi, imitando el estilo mongol, utilizados en la balaustrada y como biombos en la entrada.


Algunas salas ya se encuentran completamente restauradas, aunque en su mayoría no conservan mobiliario de época. Arriba, a la izquierda, la Sala de Música. Ocupa la torre norte del edificio y se remata con una cúpula decorada con estuco de motivos florales. En el friso se representan Musas y Gracias. A la derecha, la que fue Sala de Billar, hoy oculta tras una profusión de paneles explicativos de su proceso de restauración. Y sobre estas líneas otra sala, quizá la que fue Sala de Estar Indiana, en un estado ruinoso.

Solo estas dos estancias están amuebladas: la biblioteca, tapizada de una librería de nogal, y la cocina, en la parte baja del palacio. Junto a ella otras pequeñas estancias vacías, en su momento destinadas al servicio de la casa.

Pese a andamios y restauradores, y aunque el palacio parece una bombonera refinada y ecléctica, este lugar posee un innegable encanto, aún mayor cuando te asomas a las terrazas y contemplas el jardín. No me resisto a mostraros algo más, pero será en otra entrada.
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