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miércoles, 29 de diciembre de 2010

Kurosawa y sus storyboards


Dicen que no existe un camino más directo hacia la universalidad que bucear en lo particular. Una gota de agua contiene el océano, una mota de polvo el universo. Todas las obras maestras son poco más que la mirada exacta sobre el suceso ínfimo, en manos de quien tiene el secreto de la belleza. Un hombre, todos los hombres.

Akira Kurosawa, el maestro de cineastas, el director más local se transmuta en el más universal. Hijo de un militar descendiente de samurais, lleva al cine historias íntimamente ligadas al pasado de su país, a los valores eternos personalizados en los samurais, y al hacerlo lo trasciende y logra hablar de lo que a todo ser humano compete: la soledad, el amor, el honor, la violencia, el miedo. Estudiante de Bellas Artes en Tokio, enamorado de la obra de Cezanne, Van Gogh, Renoir, de Shakespeare, de la literatura rusa, consideraba que el cine podía sintetizar el resto de las artes, que un plano podía contener la fuerza narrativa de la novela, la fuerza expresiva del mejor teatro, la belleza plástica de la pintura. Kurosawa tiende un puente entre oriente y occidente y nos acerca una forma de entender el mundo cargado de belleza y mucho más cercano a nuestras raíces culturales de lo que en principio podríamos pensar.













Sus historias se nutren por igual de leyendas medievales japonesas, el teatro noh y la obra de escritores como Esquilo, Simenon o Tolstoi, y del influjo de cineastas como John Ford o William Hart. Del mismo modo, su cine ha sido fuente de inspiración para directores como Spielberg, Scorsese, Lucas o Kitano.


Con motivo de su centenario, la Alhóndiga de Bilbao ha organizado una exposición titulada La mirada del samurai. Los dibujos de Akira Kurosawa de la que algo comenté en una entrada anterior, pero en la que me gustaría abundar después de haber podido disfrutarla hace unos días en la capital vasca. La muestra presenta una colección de fantásticos dibujos del director japonés, que conforman los storyboards de varias de sus películas, junto a la proyección de fragmentos de sus filmes, vestuario y carteles publicitarios, además de conferencias, cursos, talleres y un ciclo de cine.















Cuando entras en la sala, la inmersión en su universo es total. Varias pantallas reproducen a la vez secuencias de sus películas acertadamente elegidas, de una fuerza visual impresionante. Pero, sobre todo, lo que te deja boquiabierta, quizá por lo desconocida, es la calidad de los dibujos. Vemos reproducidas escenas de Kagemusha, la sombra del guerrero, en cuyos dibujos no solo muestra su conocimiento del imaginario japonés sobre su pasado histórico, sino que incorpora referencias a la historia del arte occidental, desde las pinturas de batallas del bajo Renacimiento italiano a las escenas oníricas del simbolismo y el surrealismo de principios del siglo XX.













Sobre estas líneas, parte del storyboard de Ran, la película en la que Kurosawa logra sintetizar magistralmente lo oriental y lo occidental al inspirarse para su argumento en El rey Lear de Shakespeare con los recursos del teatro noh. Un alegato contra la guerra en cuya traducción pictórica vemos la influencia de Van Gogh y los impresionistas franceses. También podemos contemplar en la exposición dos de los kimonos utilizados en la película.














Los sueños de Akira Kurosawa
, considerada como el testamento fílmico del cineasta, está compuesta por ocho historias que resumen las grandes preocupaciones morales, estéticas e intelectuales de Kurosawa. Al quinto episodio, Cuervos, dedicado a Van Gogh, dedicaré una entrada a parte, pero merece la pena fijarnos en estos dibujos, de clara influencia fauvista, que me recuerdan a algunas pinturas de Chagall.












De gran simplicidad y esquematismos son los dibujos preparatorios de la película Rapsodia en agosto, en la que una familia rememora el efecto de las bombas de Hiroshima y Nagasaki en sus vidas. El director aborda este tema sin efectismos, sustituyendo la espectacularidad con el silencio expresivo.












El ambiente opresivo de Espera un poco se adivina ya en los dibujos preparatorios, en los que abundan los claroscuros, las tonalidades sombrías, los colores ácidos y las toscas pinceladas. Y la exposición se cierra con los storyboards de la historia de amor prohibido entre un samurai y una geisha, El mar que nos mira, una película que el director no llegó nunca a rodar y que fue finalmente dirigida por Kei Kumai.

domingo, 5 de diciembre de 2010

La mirada del samurai: los dibujos de Akira Kurosawa


Recuerdo el impacto que me produjo la película Dersu Uzala, de Akira Kurosawa, una de esas películas cuyo recuerdo no se desvanece con el tiempo, algunas de cuyas imágenes se han quedado fijas en la memoria. Recuerdo sus silencios, su tempo, y la mirada de Dersu. Una película inmensa. Luego Los siete samurais, que vi más tarde aunque fue anterior.












Este año se cumple el centenario de su nacimiento y, con ese motivo, la Alhóndiga Bilbao ha organizado una exposición de 120 dibujos del cineasta, los storyboards originales. Estos dibujos tienen un valor incalculable para los enamorados de su obra ya que nos muestran de primera mano las imágenes tal y como eran concebidas por el director, que más tarde llevaría a la pantalla.














La mirada del samurai: los dibujos de Akira Kurosawa no sólo aporta obras de un enorme poder documental, también nos ofrece la frescura de una obra artística nada despreciable. Paralelamente, conferencias, talleres, carteles, vestuario y proyección de su filmografía.

domingo, 2 de enero de 2011

Los sueños de Akira Kurosawa

"Soy cineasta. El cine es mi medio. Aunque los seres humanos son incapaces de hablar de sí mismos con total sinceridad, es mucho más difícil evitar la verdad cuando fingen ser otra persona. A menudo desvelan mucho más sobre sí mismos, y de una forma muy directa. Desde luego, yo lo hice."Palabras de Akiro Kurosawa que, desde su cine, a través de sus personajes, nos habla de él, y de nosotros. Y en ninguna de sus películas como desde sus Sueños, considerado su testamento fílmico.

Por medio de sus ocho historias plantea cuestiones como la importancia de educar en la propia tradición cultural en Llueve y brilla el sol; el respeto por el equilibrio de la naturaleza en El huerto de los duraznos; la necesidad de salvaguardar una ética humanista en La tormenta de nieve; la guerra como horror que se puede evitar en El túnel (Another dream); la creación artística como una pasión espiritual que supera las diferentes culturas en Cuervos; el temor ante el uso de la energía nuclear en El Fujiyama en rojo; las nuevas formas de las fuerzas del mal en El demonio lastimero y su postura crítica ante la idea de progreso en su sentido occidental en La aldea de los molinos de agua.













Los dibujos que os ofrezco pertenecen al storyboard de Cuervos, que muestro a continuación, el bellísimo corto donde Kurosawa presenta una impresionante mezcla onírica entre la pintura y el cine. En él, el espíritu de contemplación del alter ego de Kurosawa llega hasta tal punto que éste termina introduciéndose en la pintura "El puente de l´Anglois" de Van Gogh. El personaje de Van Gogh fue interpretado por el director Martin Scorsese.
















Todos los episodios de Los sueños resultan deslumbrantes, pero quiero ofreceros otro que me ha gustado especialmente, El huerto de los duraznos. Puro Kurosawa. Como os comenté en una entrada anterior, en la Alhóndiga de Bilbao podeis encontrar una magnífica colección de los dibujos preparatorios de su filmografía.

miércoles, 20 de abril de 2011

Los "storyboards" de Kurosawa en el Museo ABC


El 1 de septiembre de 1923, a las doce de la mañana, un terremoto de 7,8 grados en la escala Richter asoló la región de Kanto, en la isla japonesa de Honshu, destruyó la ciudad portuaria de Yokohama, así como las ciudades de Chiba, Kanagawa, Shizuoka y Tokio. Murieron más de 105.000 personas y 37.000 desaparecieron. El cineasta Akira Kurosawa tenía trece años. Poco después del terremoto, en compañía de su hermano Heigo, cuatro años mayor que él, recorrió las devastadas calles de Tokio, entre ruinas y cadáveres. Nunca olvidó esta experiencia que trasladó al cine en el episodio "El monte Fuji rojo" de su película Los sueños. El film nos muestra los efectos de una explosión nuclear. En estos momentos, el tema no puede ser de mayor actualidad. Os lo ofrezco.



En realidad, la vocación temprana de Kurosawa no fue el cine, sino la pintura. No llegó a ser el pintor reconocido con el que había soñado, pero se convirtió en uno de los directores de cine más influyentes de la historia, admirado por Antonioni, Coppola, Kitano, Welles o Scorsese. El cine pocas veces ha alcanzado la categoría de arte como cuando ha surgido de su enorme talento y sensibilidad.


Hace un tiempo hice un comentario en el blog sobre la magnífica exposición a él dedicada en la Alhóndiga de Bilbao. La muestra reunía sus storyboards, junto con carteles de sus películas, parte del vestuario de Ran y la proyección de algunas secuencias de sus cintas más conocidas. Entonces reproduje aquí algunos de los dibujos que más me impresionaron.

"Son los dibujos de mis storyboards dignos de ser llamados arte?", se preguntaba Kurosawa. "Yo no me proponía pintar bien. Simplemente utilicé con libertad los materiales y recursos que tenía a mano. Como mucho, me ayudaron a realizar la película. Es curioso que cuando de verdad intentaba pintar bien solo producía una obra mediocre, mientras que cuando me preocupaba de esbozar las ideas para mis películas es cuando produje obras que la gente considera interesantes".


El Museo ABC de Madrid ha reunido los dibujos que contemplé en la Alhóndiga y ha montado una exposición que recomiendo tanto a los amantes de su cine como a los aficionados al arte.