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lunes, 29 de octubre de 2012

"La señora Bovary", de Gustave Flaubert

La publicación de Madame Bovary a cargo de la Editorial Alba bajo el título La señora Bovary ha suscitado gran controversia en los círculos literarios. Como en tantos otros asuntos, carezco de opinión, aunque os diré que estoy disfrutando enormemente de la traducción que de la obra de Flaubert ha realizado María Teresa Gallego Urrutia. Leí por primera vez esta maravillosa novela hace muchos años en un ejemplar que ha desaparecido de mi biblioteca. Recuerdo que se trataba de una edición de bolsillo de la que se desprendían al páginas al ritmo al que las iba leyendo. Y no creo haber disfrutado entonces tanto de su uso del lenguaje como lo estoy haciendo ahora. Mi padre vivió algún tiempo en Francia y siempre le oí afirmar que un extranjero no dominaba el francés hasta que era capaz de leer esta novela en su lengua original y entender cada una de sus palabras, ya que el rigor linguístico empleado por Flaubert exigía un amplísimo vocabulario. Creo que en esta traducción encontramos buena prueba de ello.

Por lo demás, la novela es tan hermosa que bien vale su relectura. Os dejo con un pasaje:

"Y, al tiempo que se mofaba de la feria, Rodolphe, para andar de un lado a otro con mayor facilidad, le enseñaba al gendarme su distintivo azul y se paraba incluso delante de algún buen ejemplar, que a la señora Bovary no le causaba admiración alguna. Rodolphe se fijó en ello y se puso entonces a bromear sobre las señoras de Yonville y su forma de vestir: luego se disculpó de lo desaliñado de la suya, que mostraba esa incoherencia entre prendas corrientes y rebuscadas donde el vulgo suele pensar que se intuye la revelación de una existencia excéntrica, de sentimientos desordenados, de la tiranía del arte y, en cualquier caso, cierto desprecio por las convenciones sociales, hecho que o lo seduce o lo exaspera. Por ejemplo, los azares del viento le ahuecaban, en el pico del chaleco, que era de dril gris, la camisa de batista con puños plisados, y por el pantalón de rayas anchas le asomaban los tobillos y las botinas de nanquín con empeine de charol. Tan brillante era el charol que se reflejaba en él la hierba. Con esas botinas iba pisando las boñigas de caballo, con una mano en el bolsillo de la chaqueta y el sombrero de paja ladeado."

1 comentario:

  1. Acabo de leer esta prodigiosa novela después de muchos años de hacerlo siendo un adolescente o casi. De hecho apenas recordaba nada más que los trazos generales. Desde luego ha de ser un francés riquísimo por que la gama de tonalidades con que juega el autor es inmensa. Naturalmente no oso a leerla en francés pero me has tentado de mala manera con esta entrada asi que corro por esta edición ya que la que he releído no me convence en absoluto.
    Por cierto, los pasajes de entrega de Enma son de un erotismo de alto voltaje pero exquisitamente tratados hasta que desde hoy con esta forma de tratar el tema puedan escaparsenos. Alguno de estos pasajes merecería comentario aparte. Me choca la coincidencia de que anoche acabara de leerla y hoy subas esta entrada, de ahí el comentario un pelín demasiado largo.
    Un abrazo.

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