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jueves, 18 de abril de 2013

Cameristi della Scala interpreta a Vivaldi y Piazzolla

Siempre es buen momento para escuchar Las Cuatro Estaciones de Vivaldi. Pocas piezas musicales tan vivaces y encantadoras, tan vinculadas a la Naturaleza. Cuatro ilustraciones musicales a cuatro sonetos literarios, típicamente barrocos, que Vivaldi dedicó al conde Venceslao Morzin, noble bohemio y chambelán imperial, al que el compositor proporcionó música a lo largo de los años.

Hace unos días la Cameristi della Scala nos ofreció en el Auditorio un concierto delicioso, con Francesco Manara como violín solista, en el que  Las Cuatro Estaciones se intercalaron con cuatro composiciones de Astor Piazzolla, sus Primavera, Verano, Otoño e Invierno porteños. Disfruté de Vivaldi y me gustó como fue interpretado por el grupo de la Scala. A través de sus notas resulta fácil descubrir, en la Primavera, el canto de pájaros y fuentes, los silbos del pastor, el dulce despertar de la tierra; en Verano, la pereza adormecida de la naturaleza bajo el tórrido sol, la languidez del pastor, la amenaza de la tormenta, los truenos y el granizo; en Otoño la música trae aires de vendimia, con un precioso adagio que interpreta la suave melancolía de los caminos cubiertos de hojas secas; en Invierno, quizá la pieza que más me gusta, se siente el frío y la soledad junto al fuego, la lluvia y la nieve, el bramido del viento.

Pero fueron las composiciones de Piazzola, sus Cuatro Estaciones Porteñas, las que me depararon mayor placer por desconocidas e inesperadas. Me encanta el tango, y estas interpretaciones de música tan arrebatada y pasional me sorprendieron  muy gratamente. Así que me decanto por ofreceros Verano. Disfrutadlo.


1 comentario:

  1. "Las cuatro estaciones de Vivaldi" nunca cansan; las habremos oído docenas de veces y continúan refrescándonos el espíritu cada vez. Recuerdo una interpretación memorable de los Solistas de Zagreb, con la particularidad de que los talentosos compatriotas nuestros que organizaban el concierto, editaron un programa en el que desglosaban correctamente los cuatro concerti grossi pero... se olvidaron de mencionar al autor: "Las cuatro estaciones" así, por el morro, sin más. País, que diría el Forges.
    Astor Piazzola y Alfonsina Storni se me han anudado al corazón de un modo curioso. Escucho "Libertango", o "Adios Nonino", o "Balada para un loco"... e indefectiblemente evoco "Alfonsina y el mar", de Ariel y Félix. No escucho nunca sosegado esta canción, cuya letra evoca el poema póstumo que envió Alfonsina al diario La Nación, y que publicó cuando la poetisa ya se había sumergido en las aguas de Mar del Plata. A estas evocaciones se unen, a veces, recuerdos casi perdidos en la lejana infancia, cuando en un celuloide que ya era rancio por entonces, veía a un atildado Carlos Gardel sobre la cubierta de un paquebote cantar al parpadeo de unas luces que marcaban su retorno a Buenos Aires... Y así he levantado una Argentina ideal que no sé si será tan utópica como la ínsula de Tomás Moro. Pero a mí me vale.
    El maravilloso poder de evocación de la música. Tú me la has brindado esta noche y yo te lo agradezco, Sol. Sensible, nostálgica y (casi) amiga mía.

    Abrazos noctámbulos.

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