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lunes, 23 de diciembre de 2013

"Blue Jasmine", de Woody Allen

Desde Match Point no recuerdo un solo estreno de Woody Allen en el que la crítica y el público "enterado" no afirmara que el director norteamericano ya no es lo que era, que la estrella del genio se apaga irremediablemente, que ha perdido la chispa, que camina irremisiblemente hacia la mediocridad. Y yo sigo disfrutando de todas y cada de una de sus películas año  tras año. Jamás me decepciona, nunca me aburre. Y Blue Jasmine me ha gustado mucho. Una película inteligente que narra con gran eficacia una pequeña historia, a ratos dramática y en momentos hilarante, sobre la caída en desgracia de una mujer egoísta y banal, perteneciente a la alta sociedad neoyorquina, incapaz de adaptarse a su nueva realidad. La mirada de Allen la desnuda sin ambages, pero consigue que sintamos piedad por este ser odioso y vulnerable, siempre al borde de la locura.











Un guión que funciona con la precisión de un reloj suizo, y una extraordinaria actuación de Cate Blanchett, que con toda probabilidad se llevará el Óscar. Un disfrute de película.

Os dejo con el trailer:

domingo, 22 de diciembre de 2013

Forges

Forges, 13 de diciembre de 2013

"Esta imagen de ti", José Ángel Valente

Esta imagen de ti

 Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.
Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.
Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean

y esta imagen de ti me sobreviva.

sábado, 21 de diciembre de 2013

"Neofranquismo", por Javier Marías

Por si no bastara con cuanto comenté hace una semana, y que lleva a gran número de españoles a avergonzarse de su país y a no poder defenderlo, el Gobierno de Rajoy, a través de su Ministro del Interior Fernández, planea una nueva Ley de Seguridad Ciudadana de inspiración innegablemente franquista. Ya se ha hablado mucho de ella: de cómo va a penalizar y limitar las protestas, el derecho de manifestación y cuanto moleste a los gobernantes y a la policía mandada por ellos; de las multas demenciales con que va a castigarse casi cualquier insumisión o desacuerdo, o lo que las propias fuerzas del orden consideren “amenazas, insultos, coacciones, injurias o vejaciones” contra los agentes. Es decir, éstos podrán moler a palos a los manifestantes, arrastrarlos, soltarles barbaridades y detenerlos con o sin motivo, y los manifestantes no podrán responder de ningún modo, ni siquiera verbalmente, bajo riesgo de perder mil euros si, por ejemplo, llaman “bestia” al uniformado galáctico que les propina una paliza. Fernández había decidido inicialmente que eso pudiera costar hasta 600.000 euros (sic), lo cual nos da idea de la “seguridad” que esta Ley brinda: con ella se echa a los ciudadanos a los pies de los caballos y se blinda a los policías y a los políticos que se sirven de ellos. Lo propio de un Estado policial, sin duda.

Con todo, lo más indisimuladamente franquista del proyecto es lo siguiente, según Jesús Duva en este diario: “Las denuncias de los policías tienen presunción de veracidad y, por tanto, es el denunciado quien debería demostrar que lo dicho por los agentes es inveraz”. Era así exactamente como funcionaba la represión durante la dictadura, o en todas las dictaduras, mejor dicho. De todo el mundo es sabido que la mayor perversión de la justicia, lo que la hace impracticable, es dar crédito al denunciante y eximirlo de aportar pruebas, y cargar al acusado con la tarea de demostrar su inocencia. Esto último es simplemente un imposible: si yo sostengo que Rajoy y Fernández han asesinado a una mujer el 30 de noviembre, y no me veo obligado a demostrarlo porque tengo “presunción de veracidad”; si Presidente y Ministro carecen de coartada en esa fecha y se los emplaza a probar que no mataron a esa mujer, ya me dirán cómo podrían lograrlo. Demostrar que uno no ha hecho algo, si se parte de la base de que sí (si la mera acusación equivale en principio a condena), es enteramente imposible. Es la justicia al revés y la negación de ésta, lo mismo que regía en tiempos de Franco, cuando un gris podía detener a cualquiera porque no le gustaba su aspecto, y acusarlo impunemente de la felonía que se le antojara. La práctica la consagraba la Ley de Vagos y Maleantes, nombre que no sé por qué no recupera también el proyecto de este Gobierno, en vista del parecido.

Pero ojo, a esto se añade que a partir de la Ley nueva estarán castigadas la grabación y difusión de fotos o imágenes de policías “que supongan mofa para ellos o algún riesgo para la seguridad”. Como serán los propios polis quienes decidan cuándo hay mofa o riesgo, lo que de hecho quedará sancionado será la captación y utilización de cualquier imagen de guardias, de manera que los denunciados tampoco podrán probar su inocencia mediante documentos visuales. Veamos un caso reciente, el de los ocho mossos d’esquadra que apalearon en masa al empresario Benítez y le causaron la muerte –todo supuestamente–. Pese a que una mossa se presentó más tarde en casa de una vecina y la obligó a borrar lo que había filmado con su cámara, salieron a la luz otras grabaciones en las que se ve cómo ocho valientes le dan una tunda al empresario (según ellos, “lo reducen”). Este presunto homicidio ha sido calificado por el jefe de ese cuerpo, Prat, de “actuación más o menos correcta”, y el conseller de Interior, Espadaler, lo ha respaldado. (El Gobierno de la Generalitat, de CiU con el apoyo de Esquerra escondiendo siempre la mano, es idéntico al de Rajoy, lo cual hace cada vez más ridículo que el primero se quiera independizar del segundo; se entendería algo si fueran opuestos, pero es que resultan gemelos en su totalitarismo neofranquista.) Imaginen por tanto en qué habría quedado el episodio si no hubieran existido imágenes. Los bravísimos mossos habrían gozado de la “presunción de veracidad”, podrían haber inventado una patraña a su gusto (que el empresario empuñó una metralleta, que era Hulk y se puso verde y atacó él solo a los ocho poniéndolos en grave peligro) y haberse ido de rositas a casa. Está por ver que no lo consigan, pese a todo. Ya se encargaron, en el momento, de borrar el rastro de sangre que habían dejado, “por higiene”, y de destruir las grabaciones de su “actuación correcta” que localizaron.

La nueva Ley de Seguridad Ciudadana, así pues, invalidará toda imagen de agentes del orden delinquiendo o abusando o sobrepasándose. Fotografiarlos o filmarlos en la comisión de un exceso o un crimen será una infracción castigada por dicha Ley. Ésta los declara por definición honrados, veraces, impolutos e infalibles. Ante semejantes ángeles por decreto, está claro quiénes serán los culpables y los mentirosos en cualquier conflicto con ellos: los desprotegidos ciudadanos. Esta Ley supone la definitiva vuelta del franquismo descarado, por si no teníamos ya bastantes indicios.

Javier Marías, El País Semanal, 15 de diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013

"Japonismo. La fascinación por el arte japonés" en Caixaforum

Durante la década de 1860, a partir de la apertura de los puertos japoneses a occidente, en el período Meíji, Occidente tuvo la oportunidad de conocer la cultura y el arte de aquella isla y se rindió a su exotismo y exquisitez. Del mismo modo que el orientalismo había dejado su impronta en el período romántico, desde Delacroix a Flaubert, el japonismo marcó su huella en el Modernismo, el Art Nouveau y el Esteticismo británico, el Impresionismo y el Simbolismo. Caixaforum ha organizado una interesante exposición que nos trae algunos ejemplos de aquella influencia, y nos permite disfrutar de un conjunto de piezas muy hermosas del arte nipón.











Los historiadores del arte coinciden en señalar la enorme influencia que desempeñó en el desarrollo del arte moderno occidental. Aunque fue París el epicentro de esa influencia, la celebración en Barcelona de la Exposición Universal de 1888 propició que se estrecharan lazos comerciales e intercambios culturales entre Japón y España. Algunos coleccionistas particulares (Joaquín Sorolla entre ellos) conservaron valiosas piezas que hoy podemos disfrutar en la exposición, como la fotografía con la que abro el comentario, Mujer entre la lluvia, realizada en 1870 y perteneciente a Hermenegildo Miralles.













A la izquierda podéis ver el Biombo de los portugueses, del siglo XVII, y a la derecha otra pieza bellísima que pertenece a la colección particular de otro catalán, Albert Sisquella, Lluvia repentina en el gran puente de Atake, de la serie Cien vistas hermosas de Edo, fechadas en 1857.















Una de las obras que más me impresionaron fue la acuarela sobre papel que os muestro a la izquierda, Retrato del príncipe Tokuga Wa Aritake, firmado por James Tissot en 1868, una pintura de una delicadeza extraordinaria. A la derecha, una muestra de la influencia del arte japonés entre nosotros es este Retrato de Enric Cristofol Ricart, pintado por Joan Miró en 1917. La exposición abunda en plasmar esta influencia en artistas tan diferentes como Picasso, Dalí, Anglada Camarasa, Mariano Fortuny (a quien pertenece el óleo que os muestro abajo a la derecha, y verdadero introductor del japonesismo entre los pintores españoles), Alexandra de Riquer o Joaquín Mir. La presencia de la naturaleza, las perspectivas diagonales, la combinación de primeros planos con planos de fondo, la inclusión de textos, los formatos alargados, son algunas de sus influencias más notables.








Una interesante muestra que os aconsejo no dejéis pasar.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Modelando un Minotauro

Si vivís en Madrid, tenéis hijos o  nietos pequeños y queréis pasar una tarde estupenda os aconsejo acercaros al Centro Cultural Fernán Gómez a ver a los guerreros de Xi 'An. El sábado pasado fui con mi nieto y no sé si me hicieron disfrutar más las imponentes figuras de terracota o las caras de asombro y fascinación de las decenas de niños que abarrotaban las salas, incluida la del mío.














Uno de los aciertos del montaje es ofrecer a los niños talleres de modelado, arqueología y dibujo, de manera que dejé a mi nieto amasando arcilla y, volviendo sobre mis pasos, aproveché para fotografiar algunas piezas, sin tenerle a él dando brincos a mi alrededor, llamando mi atención sobre esto y aquello. Cuando volví en su busca le encontré enfrascado en la elaboración de un torso del Minotauro, el que veis en las fotos, y que ahora se seca junto a un radiador de mi casa. No sé qué pensaréis vosotros, pero yo creo que este nieto mío es un fenómeno.



miércoles, 18 de diciembre de 2013

Feliz Navidad

Desde este rincón de mi casa he ido construyendo Mi casa, la que comparto con vosotros, desde hace casi cuatro años. Más de dos mil entradas. No puedo creerlo, que arrogancia la mía pretender tener algo que decir. Y qué generosidad la vuestra al seguir conmigo.

Este ha sido un año nefasto para mí, un año en el que me he enfrentado al dolor y la muerte de personas a las que quiero profundamente; pero también un año para la celebración de la vida. Este fin de semana pasado, mi nieto adornó el árbol, como todas las Navidades; dentro de unos días vendrán los Reyes, y su felicidad será la mía. Desde este rincón os deseo todo lo mejor. De todo corazón.

"Las simples cosas", Martirio



Esta maravillosa y tristísima canción pertenece al último álbum de Martirio, De un mundo raro. Junto a su hijo Raúl Rodriguez acompañándola a la guitarra, Martirio dedica diez canciones a Chavela Vargas, diez joyas cantadas con la sensibilidad y el gusto exquisito de esta cantante. Os lo aconsejo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Pilitas benditeras

Uno de estos días os hablaba de la colección de cerámica popular que se muestra en la Casa Museo Sorolla de Madrid. Hoy quiero mostraros una de sus manifestaciones para mí más encantadoras, las llamadas "pilitas benditeras", características de Valencia y muy populares durante el siglo XIX. Representan pequeños altares de carácter religioso profusamente adornados, modelados a mano.



























Deben su nombre a una pequeña pila situada en su parte inferior, donde se vertía el agua bendita, y solían colocarse a la cabecera de las camas o a la entrada de las casas. El alfarero modelaba los santos a los que el cliente tenía más devoción, y luego se pintaban a mano. Resultan fascinantes sus rostros, siempre ingenuos, en ocasiones con facciones tan embrutecidas que resultan enternecedores.















Me parecieron especialmente curiosos estos dos que os muestro en último lugar, singularmente con el que cierro, de carácter claramente decorativo. Las dos figuras japonesas me han recordado una interesante exposición que vi hace unos días en CaixaForum, Japonismo. La fascinación por el arte japonés, de la que os hablaré uno de estos días.


domingo, 15 de diciembre de 2013

"Batalla de catecismos", por Fernando Savater

Una periodista italiana, a la que quizá por exceso de suspicacia imagino mas avispada que piadosa, ha escrito una guía matrimonial que es a las relaciones de pareja lo que el Ecce Homo restaurado de Borja al arte contemporáneo. El libro en cuestión, Cásate y sé sumisa (título admirable, para qué negarlo, no inferior a Un tranvía llamado deseo o Agárrame ese fantasma) ha sido traducido y editado por la editorial Quotidiana, que depende del Arzobispado de Granada. Por lo visto abunda en sentencias memorables (v.gr. “En caso de duda, obedece. Sométete con confianza”), que me hacen lamentar no poder leerlo por entero, ya que estoy actualmente ocupado acabando las obras que me faltan de Dostoievski. En cualquier caso, el orientador prontuario parece en vías de convertirse en un best-seller, disputando a otro libro no menos ni peor inspirado de Belén Esteban el liderazgo de las ventas por Amazon, etc…

No me atrevería a discutir su contenido, porque reconozco que en cuestiones matrimoniales mis criterios son poco de fiar. Pero sí que me resultan en cambio alarmantes ciertas reacciones inquisitoriales que ha despertado, incluyendo denuncias ante la fiscalía, tremolinas municipales y parlamentarias e incluso una declaración contrita de la ministra de Sanidad e Igualdad, señora Ana Mato. Según dicen los afortunados que ya lo han leído, Cásate y sé sumisa no exhorta al maltrato de la mujer ni a ningún otro comportamiento delictivo. Entonces… ¿cómo se le puede ocurrir a nadie que deba ser prohibido o castigado? Como bien dijo recientemente un ministro alemán, “la estupidez no puede prohibirse”. Ni la de derechas ni la de izquierdas, de la cual tenemos por cierto constantes pruebas impresas. Las ideas se combaten con otras ideas mejor argumentadas, los libros con otros libros más convincentemente razonados: sólo los catecismos de uno u otro signo pueden querer imponerse quemando las obras heréticas que no nos gustan. No quiero ni imaginarme la que se habría montado si alguien pidiese poner fuera de la circulación alguna de las apologías del separatismo catalán o vasco que se editan un mes sí y otro no: ¡vuelve el franquismo, represión totalitaria, etc…! Pero lo malo es la coacción contra las ideas, cuando no preconizan el delito, no el acierto o desacierto del planteamiento de éstas… que siempre lo será según nuestro criterio, claro.

Las leyendas en torno al gusto por la sumisión de la mujer —hace poco las comentaba en este mismo diario mi amigo José Lázaro— han dado lugar a horteradas literarias como 50 sombras de Grey y a novelas sutiles como El cielo protector de Paul Bowles. El libro editado por el Arzobispado de Granada enriquece poco nuestro conocimiento al respecto. Pero plantea en cambio otra vez la cuestión de por qué los arzobispados, y la Iglesia Católica en general, que son entidades privadas todo lo respetables que se quieran, deben ser financiadas con dinero público, exoneradas de pagar el IBI por sus posesiones terrenales y sobre todo tener el poder de elegir o descartar a los profesores de la inverosímil asignatura de religión en el bachillerato, puntuable como si su contenido fuese científico, ejém. No sé si el matrimonio católico exige de veras la paulina sumisión de la esposa al marido, no conozco casos recientes, pero lo que está claro es que el Concordato con el Vaticano impone sumisiones cívicamente escandalosas al Estado español, que debería ser laico, o sea no casarse religiosamente con nadie.


Lo demás puede llegar a arreglarse si hay buena voluntad. Yo aconsejaría al Arzobispado de Granada que publicase otro libro, compensatorio de Cásate y sé sumisa, dedicado esta vez a los varones: podría titularse, por decir algo, Cápate y ve a misa. Seguramente tampoco influiría demasiado en las costumbres, como va a pasar con el otro, pero quizá tranquilizase un poco a la ministra de Igualdad.

sábado, 14 de diciembre de 2013

José Ängel Valente, un poema

Se fue en el viento,
volvió en el aire.

Le abrí en mi casa
la puerta grande.

Se fue en el viento.
Quedé anhelante.

Se fue en el viento,
volvió en el aire.

Me llevó adonde
no había nadie.

Se fue en el viento,
quedó en mi sangre.


Volvió en el aire.

El Roto

Beneficencia


El Roto, diario El País, 8 de diciembre de 2013.

viernes, 13 de diciembre de 2013

"La gran belleza", de Paolo Sorrentino

Hace unos días, la Academia Europea de Cine ha otorgado sus más importantes galardones a La gran belleza: mejor película, montaje, director (Paolo Sorrentino) y actor (Toni Servillo).Y no me extraña nada. La gran belleza, además de ser una belleza cinematográficamente (espléndida fotografía, bellísimas imágenes de Roma, una atmósfera mágica que te hipnotiza desde el primer pano hasta el último) es una película admirable por múltiples razones. Plantea el vacío existencial, la desesperación y la soledad de una sociedad que ha convertido la diversión, la frivolidad, la "mundanidad" (como lo califica el protagonista) en su razón de ser. Pero la descarnada lucidez con que nos muestra ese  mundo se complementa con una mirada compasiva, incluso tierna, hacia sus miembros.











En una frase memorable, que reproduce el trailer que os ofrezco más abajo, el personaje de Toni Servillo lanza una frase que, a mi juicio, resulta el perfecto compendio de la película: detrás de tanta frivolidad, del lujo y los placeres, solo hay personas solas, seres infelices, vidas devastadas. Tonio Servillo interpreta a un inolvidable Jep Gambardella, un periodista cínico y snob, que vive para y por la "mundanidad", absolutamente conmovedor.











Os recomiendo no perderos esta película, con cuyo trailer os dejo:

jueves, 12 de diciembre de 2013

"Con diez años de menos", Silvio Rodríguez

El patio cordobés de Sorolla

La Casa-Museo de Joaquín Sorolla, que he traído a Mi Casa en varias ocasiones, está llena de rincones encantadores, como este llamado "patio cordobés" cercano a las antiguas cocinas y dependencias de servicio. Allí se expone ahora una preciosa colección de cerámica y mobiliario popular, sobre todo piezas valencianas de los siglos XIX y XX, fundamentalmente provenientes de Manises, Alcora y Paterna.












Me encanta la alfarería y la cerámica popular. En mi casa guardo un conjunto de piezas que he ido adquiriendo en mis viajes, algunas muy interesantes. Recuerdo la fantástica colección que atesoraban en su piso de la Real Academia de la Lengua, María Josefa Canellada y Alonso Zamora Vicente, dos personas maravillosas que tuve el privilegio de tratar y que nunca podré olvidar. Muchas piezas españolas, y muchas sudamericanas, algunas muy antiguas, una colección bellísima, perfectamente expuesta en los largos pasillos de su casa. Tiempo de vino y rosas.



miércoles, 11 de diciembre de 2013

Otoño en los jardines de Sorolla

Amanece un domingo helador y radiante, la luz transparente de Madrid, el cielo azul marino, altísimo, y olor a Navidad en las calles. Salgo temprano de casa y camino rápido para burlar al frío. Me  cruzo con vecinos abrazados al periódico y a la barra del pan, algo encogidos: una anciana alta y espigada, de rasgos grandes, envuelta en un grueso abrigo de paño y ligeramente coja con la que nunca intercambié palabra pero siempre una sonrisa y una inclinación de cabeza cuando coincidimos; el mocetón senegalés que vende La Farola en la esquina de mi calle, esta mañana envuelta la cabeza en una gran bufanda blanca y marrón en la que puede leerse Chanel; la kiosquera, que saluda "hola cariño" a todos los clientes y a diario bromea conmigo intentando venderme el periódico ultraconservador La Razón.












Pese a que la temperatura no permite sentarse a leer la prensa en la calle, al menos a estas horas tan tempranas, me acerco a los jardines de la Casa de Sorolla, donde me encanta sentarme al sol o esconderme de él bajo sus árboles en verano. Ahora, con los colores del otoño, me limito a pasear, huyendo de la gente, y fotografío sus rincones.



























Este lugar tiene un aire decadente y dulce que me encanta. Una delicia volver en cualquier momento.