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domingo, 12 de mayo de 2013

"La mujer por fuerza" en el Fernán Gómez

No soy asidua al teatro clásico, y no hago bien, porque nuestro Siglo de Oro nos ha dado excelentísimos autores y un notable conjunto de piezas incomparables. Hace unos días me decidí y fui al Teatro Fernán Gómez donde José Maya dirige una comedia de enredo muy divertida, rompedora para su época, La mujer por fuerza, de Tirso de Molina. "El personaje femenino protagonista es tremendamente transgresor", afirma el director. "Con su comportamiento va a poner patas arriba todas las leyes cortesanas a las que están sometidos todos los hombres de esta comedia por mor de su reputación".











De Tirso de Molina solo conocía Don Gil de las calzas verdes, otra pieza genial que me divirtió cuando su lectura formaba parte del programa de Literatura de la facultad, y que más tarde vi representada. Ahora la protagonista es una mujer, Finea, que se enamora del conde Federico cuando, enviado por el rey de Nápoles, visita a su hermano Alberto, pese a que este ha decidido ocultarla para preservar su virtud. Pero Finea logra verle sin ser descubierta, decide seguirle y, disfrazada de hombre, ponerse a su servicio. Tras multitud de peripecias el pobre conde se ve obligado a casarse con esta joven voluntariosa a la que no conoce y cuya reputación parece haber mancillado. Resulta hilarante su resignación y desconcierto ante lo que los demás aseguran ha ocurrido y que él no recuerda en absoluto.











Me gustó la sencillez de la puesta en escena y el estupendo trabajo de los actores, especialmente el de Alex Torno como Alberto y el marqués Ludovico y el de José Bustos como el conde Federico. . Una deliciosa comedia que asegura hora y media de diversión.

Os dejo el vídeo promocional.

viernes, 10 de mayo de 2013

Eloy Sánchez Rosillo, dos poemas


El fulgor del relámpago

 Hay cosas que la vida te da cuando ya apenas
podías esperarlas, y su luz
maravillosa, elemental, purísima,
te hace feliz de pronto. Y desgraciado,
pues comprendes que no te corresponde
ese milagro ahora y que no debes
a ciegas entregarte a lo que era
propio tal vez de otro momento tuyo,
de un momento anterior, cuando tenías
fuerzas para ser libre.
Mas déjate llevar, y vive esa hermosura
con coraje, sin miedo. A qué pensar
en lo que te conviene. Es muy fugaz la dicha.
No la desprecies. Tómala. Y apura
el fulgor del relámpago.
Después,
tiempo tendrás para seguir muriéndote.

La luz

No se puede prever. Sucede siempre
cuando menos lo esperas. Puede pasar que vayas
por la calle, deprisa, porque se te hace tarde
para echar una carta en correos, o que
te encuentres en tu casa por la noche, leyendo
un libro que no acaba de convencerte; puede
acontecer también que sea verano
y que te hayas sentado en la terraza
de una cafetería, o que sea invierno y llueva
y te duelan los huesos; que estés triste o cansado,
que tengas treinta años o que tengas sesenta.
Resulta imprevisible. Nunca sabes
cuándo ni cómo ocurrirá.
Transcurre
tu vida igual que ayer, común y cotidiana.
"Un día más", te dices. Y de pronto,
se desata una luz poderosísima
en tu interior, y dejas de ser el hombre que eras
hace sólo un momento. El mundo, ahora,
es para ti distinto. Se dilata
mágicamente el tiempo, como en aquellos días
tan largos de la infancia, y respiras al margen
de su oscuro fluir y de su daño.
Praderas del presente, por las que vagas libre
de cuidados y culpas. Una acuidad insólita
te habita el ser: todo está claro, todo
ocupa su lugar, todo coincide, y tú,
sin lucha, lo comprendes.
Tal vez dura
un instante el milagro; después las cosas vuelven
a ser como eran antes de que esa luz te diera
tanta verdad, tanta misericordia.
Mas te sientes conforme, limpio, feliz, salvado,
lleno de gratitud. Y cantas, cantas.

No conocía la obra de Eloy Sánchez Rosillo, que Fernando Aramburu me descubre en su artículo Sin tonos elegíacos, publicado en Babelia el 4 de mayo. Acaba de publicar Antes del nombre con la editorial Tusquets. Un descubrimiento.

jueves, 9 de mayo de 2013

"Juicio a una zorra", Carmen Machi y Miguel del Arco

Cuenta Miguel del Arco, autor y director de Juicio a una zorra, que la idea de esta obra le surgió viendo noche tras noche a la Lucrecia interpretada por Nuria Espert (guardo de aquella función, que os traje a Mi casa, un recuerdo magnífico) maldecir a Helena de Troya: "“Pobre instrumento mudo/muéstrame a la ramera que provocó este escándalo,/y que puedan mis uñas desgarrar su belleza./Es tu ardor lujurioso, oh, Paris, insensato/quien volcó sobre Troya incendiada/ese pesado fardo de furor./¿Por qué el placer privado/de un solo ser se vuelve fatalidad de tantos?/¡Que la falta recaiga sobre el único/culpable! ¡Que las almas inocentes/no atraigan el castigo que el criminal merece!”. Así clamaba Lucrecia contra Helena, a la que hacía responsable de la Guerra de Troya, de la separación de su amado y, consecuentemente, de la violación sufrida a manos de Tarquino. Helena ha sido condenada por la historia cuando, según clama en el espléndido texto escrito por Del Arco, su único pecado consistió en seguir al hombre que amaba.










Del Arco da voz a Helena y ella nos relata su vida, sometiéndose al juicio de los hombres. Una Helena rota, desgarrada, que pena en la eternidad  su condena y se encara con Zeus, su padre, reprochándole su crueldad y  abandono; que cuestiona a quienes escriben la historia y la manipulan a su antojo; que desenmascara a los señores de la guerra que disfrazan de honor y patriotismo lo que solo es avaricia. Grita Helena  refiriéndose a la Guerra: "¿Alguien puede creerse en serio que todo ese despliegue era por mí?"

Carmen Machi borda el papel, intensa y trágica, sarcástica y vulnerable. Verla sobre las tablas es un espectáculo. Es capaz de pasar, sin solución de continuidad, de la risa al llanto, de la ira al desvalimiento, y todo ello se lo hace sentir al espectador que está en sus manos desde que aparece en escena hasta que se retira después de la última ovación. Pocas veces he visto a una actriz con ese magnetismo, con tal cantidad de registros. Es una fuerza de la naturaleza.

Os dejo con el vídeo promocional:

miércoles, 8 de mayo de 2013

La fotografía de Álvarez Bravo en la Fundación Mapfre


La Fundación Mapfre está haciendo un trabajo, a mi juicio espléndido, divulgando la obra de grandes maestros de la fotografía que en raras ocasiones podemos contemplar en Madrid. Recuerdo ahora las dedicadas a Imogen Cunninghan, Jitka Hanzlová o Lewis Hine, artistas cuya obra desconocía y que descubrí gracias a la iniciativa de la Fundación. A todos ellos los traje a Mi casa.












Cuando uno goza de una larga vida y la dedica con obstinación a dejar constancia de cuanto le rodea a través de una obra artística nos encontramos con documentos de valor incalculable, no solo como reflejos de la realidad, sino también como muestra de la evolución de las inquietudes artísticas de una época. Manuel Álvarez Bravo, fotógrafo mejicano, dedicó buena parte de sus 100 años de vida (nació en México D.F. en 1902) a mirar tras el objetivo de su cámara y ofrecernos su visión de la realidad.












La amplia exposición de su obra que nos ofrece la Fundación Mapfre hasta finales de mayo recorre toda su evolución artística. No me ha resultado fácil hacer una selección; me he dejado en el tintero imágenes poderosas, de una belleza y lirismo conmovedores.   Me ha parecido especialmente hermosa la serie dedicada al cuerpo femenino, que se muestra y se vela, impúdico y pudoroso a un tiempo.












También me impresionó esta fotografía, Obrero en huelga, asesinado, una obra de 1934, más cercana al fotoperiodismo. También le interesó la realidad popular mexicana, y retrató tipos y rincones dotando de significación poética cada imagen.















La hija de los danzantes, de 1933, sobre estas líneas. Y a su derecha, otra fotografía bellísima, de gran sensualidad. Pero quizá las dos obras que más me gustaron son las que os muestro más abajo. Los agachados, un título perfecto para una imagen brutal en su cotidianidad, cinco hombres, cinco trabajadores almorzando en la barra de un bar, me producen una enorme tristeza. Y, a la derecha, uno de sus primeros trabajos expuestos, perteneciente a su etapa constructivista, Tríptico cemento-2/ La Tolteca, de 1929.











martes, 7 de mayo de 2013

El incordio del amor

Mañana de domingo. Sentada en la terraza de mi plaza, ante un café, repaso los suplementos culturales de los diarios que no he tenido tiempo de leer. No me da la vida. Y topo con un artículo del crítico de arte Francisco Calvo Serraller que, bajo el título Chispa, utiliza el arranque de la película norteamericana Ruby Sparks, de los directores Jonathan Dayton y Valerie Faris, para hablar del mito de Pigmalión, una leyenda que siempre me ha fascinado y de la que, a lo largo de la historia, se han hecho eco todas las artes. Pigmalión, rey de Chipre, no encuentra mujer lo suficientemente perfecta para despertar su amor. Desesperado, decide abandonar su búsqueda y, a través de la escultura, crear a la mujer de sus sueños, la belleza perfecta. Y creó a Galatea, y tanto le complació su obra que se enamoró. Así lo cuenta Ovidio en Las metamorfosis; "Pigmalión se dirigió a la estatua y, al tocarla, le pareció que estaba caliente, que el marfil se ablandaba y que, deponiendo su dureza, cedía a los dedos suavemente, como la cera del monte Himeto se ablanda a los rayos del Sol y se deja manejar con los dedos, tomando varias figuras y haciéndose más dócil y blanda con el manejo. Al verlo, Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos." La diosa Afrodita se conmovió ante la pasión que la estatua había despertado en el escultor, y concedió la vida a Galatea.

Siempre he pensado en el rollo insoportable que habrá sido la vida de ambos, uno reflejo del otro, "narcisos" eternamente contemplando su par en el espejo. Y lo que es aún peor: ¿cómo se puede convivir con un ser perfecto? Calvo Serraller habla de que todos buscamos desesperadamente alguien distinto, un adorable incordio. Y así es, realmente. Nos enamora la diferencia aunque, una vez que hemos conseguido su amor, trabajemos denodadamente para destruir aquellas singularidades que nos enamoraron y asemejar lo más posible al amado a nosotros mismos, hasta convertirlo en un nuestro clon: lograr que piense como nosotros, comparta nuestra escala de valores, gustos y aficiones. Y desenamorarnos en cuanto lo logremos. Porque lo realmente apasionante es lo otro, lo que no logramos aprehender, aquello que se escapa a nuestro control, incluso a nuestro entendimiento. Aunque, en palabras de Carvo Serraller, resulte un incordio.

lunes, 6 de mayo de 2013

Un sábado de primavera

Primer fin de semana primaveral en Madrid, donde esta estación dura un soplo. Hasta ayer, abrigos y paraguas, calefacción en casa y terrazas desiertas. Hoy huele a calor, aunque aún no se haga sentir; los árboles se han vestido de verde de repente y apetece salir a caminar, sin el incordio del abrigo. En menos que canta un gallo llegará el verano aplastando a los sufridos madrileños contra el hirviente asfalto, y todos soñaremos con salir huyendo. Así que aprovechando esta mini estación me lanzo a la calle después del desayuno, cuando aún se desperezan las aceras, la circulación es casi inexistente y solo los dueños de perros pasean ensimismados su viacrucis diario.












Los dueños de perros y un centenar de madrileños que hacen cola a las diez de la mañana a las puertas de la Fundación Mapfre, atraídos irresistiblemente por la pintura impresionista. Una paradoja más: un estilo tan denostado, tan rechazado e incomprendido en su momento es hoy alabado hasta la nausea por toda persona de buen gusto. Ninguna otra época artística inspira tamaña adoración. Don Ramón María del Valle Inclán, muy cerca de la sede de la Fundación, en el Paseo de Recoletos, parece meditar sobre ello.












Parada obligatoria en el Café Gijón para tomar un café y echar una primera ojeada al diario, pese al robo a mano armada que supone pagar por él casi cinco euros. No recuerdo que la última vez que aquí recalé hiciera tamaño dispendio. El resto de los clientes parecen extranjeros, fotografiando con entusiasmo cada rincón. Quizá las nuevas guías de la ciudad hayan incluido este mítico establecimiento entre las atracciones turísticas, y eso haya disparado los precios. Bueno saberlo para no volver.













Continúo mi paseo. Me gusta cuando las ciudades son tomadas por los ciudadanos y se viven, dejando de ser solo un lugar que se atraviesa con el coche camino o de vuelta del trabajo, un escenario muerto. Tumbarse en el césped a tomar el sol, leer la prensa sentado en un banco, jugar al ajedrez con el abuelo. Y para que mi felicidad sea completa, la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión ha colocado sus casetas en el Paseo. Qué disfrute. Comienzo el recorrido con el firme propósito de no comprar nada, solo mirar, pero es imposible. Después de renunciar a muchas joyas de precio más que interesante me llevo por tres euros el volumen 2 de los Cuentos Completos de Juan García Hortelano, editados por Alianza en 1992 (no encuentro el volumen 1), y por cinco Una grieta por donde entra la nieve, antología poética de Félix Grande. Nunca puedo resistirme a un libro de Félix, aunque parte de su contenido lo tenga ya en algún otro volumen. Y dos maravillas más: la Guía del artesano, de E. Paluzie y Cantalozella, editado en 1905; y una Historia de España publicado por la Librería Católica de Barcelona en octubre de 1911. Pero de ellos os hablaré otro día. Retomo mi paseo cargando con mi bolsa. Qué barato resulta ser feliz.


domingo, 5 de mayo de 2013

Kamikazes de la imagen

Kamikazes de la imagen es un colectivo de fotógrafos con síndrome de down que decidieron lanzarse a la calle con el objetivo de captar lo que más llamara su atención, con frescura y desenvoltura, con una creatividad sin artificio. Por una vez no son ellos los que posan sino los que nos ofrecen su mundo a través de una cámara. Y el fruto de su trabajo se expone en el Centro Cibeles.























"Las alcantarillas llevan a otros mundos y en ellas hay ratoncillos, basura y pavos reales", afirma José Manuel Sicilia, y ahí las tenemos, alcantarillas-puertas, alcantarillas-ventanas, como el agujero de Alicia. A Marc Castells le interesan los árboles "porque todos son árboles pero todos son diferentes, diferente forma, las hojas de diferente color (rojo, verde, amarillo), de diferente altura".






En un collage se muestra el resto de los trabajos. Algunos se centran en lo que tienen más cerca, los objetos cotidianos; otros fotografían a sus amigos, a gente que paran por la calle, edificios, objetos del mobiliario urbano. Una exposición encantadora. En la imagen de la derecha, los artistas.



sábado, 4 de mayo de 2013

"La caza", de Thomas Vinterberg

Del director danés Thomas Vinterberg solo recuerdo haber visto Celebración, cuando se estrenaba el Grupo Dogma y nos dejaba a todos un poco perplejos y bastante fascinados su forma de contar, aunque he de decir que en algunas ocasiones su afición a mover la cámara a rabotazos me produjo bastante mareo. Ahora se proyecta La caza, una película protagonizada por un magnífico Mads Mikkelsen que muy merecidamente recibió la Palma de Oro al mejor actor en la última edición del Festival de Cannes.











Una película espléndida que trata, como recoge el cartel, de como una mentira puede destruir a un inocente. Trata de abusos a menores, de como una pequeña comunidad reacciona ante un eventual delito de esta índole. La historia es perfectamente creíble y está contada con delicadeza, matices y sobriedad, y con esa frialdad tan característica del cine del norte de Europa, una distancia que abunda aún más en el espanto de la situación que recrea. Y, como siempre, mejor verla en versión original.

Os ofrezco el trailer.

El Roto

El Roto, diario El País, 30 de abril de 2013

viernes, 3 de mayo de 2013

"Los iluminados", en la sala pequeña de El Español


No recomiendo ir a ver "Los Iluminados" en la sala pequeña de El Español, sólo porque Mónica Dorta, Javier Albalá, Jorge Muriel y el resto del elenco estén magníficos, exudando oleadas de verdad durante toda la representación; no sólo porque la puesta en escena y la dirección de Fuentes Reta sea espléndida y,  si me apuras,  ni siquiera por la garra y la luz que arroja sobre nosotros la potencia del texto de Derek Ahonen, aunque sin duda todo esto bastaría para acercarse al teatro.
Recomiendo "Los iluminados" porque os sumergiréis en el túnel de emociones que ofrece el teatro bien hecho, viviréis el gozo, la reflexión, la ternura, el dolor, el amor, la contradicción... en definitiva, la pulsión de vivir. Y saldréis de la sala con el corazón más grande. No os la perdáis.

Este apasionado comentario pertenece a mi hija, actriz y, como tal, sabia degustadora de cine y teatro. Yo todavía no he tenido ocasión de ver Los iluminados, pero pretendo subsanarlo enseguida. Os dejo su recomendación por si os animáis.


Natalie Dessay en Lucia di Mammermoor



Natalie Dessay interpretando Lucia di Lammermoor en el Metropolitan. Extraordinaria.

jueves, 2 de mayo de 2013

Margaret Bourke-White, Momentos de la historia

La Fábrica dedica un espléndido libro a la obra de Margaret Bourke-White, fotoperiodista norteamericana, la segunda mujer corresponsal de guerra tras Gerda Taro y la primera en recibir autorización para trabajar en el frente durante la Segunda Guerra Mundial. Nació en Nueva York en 1904 y recibió una educación atípica en su época, basada en la libertad y en la igualdad de géneros. Su padre, un ingeniero judío de origen polaco, gran aficionado a la fotografía, alimentó su conciencia social y política, le dio alas desde muy joven y  alimentó su espíritu aventurero y su determinación..














Bourke-White comenzó fotografiando edificios, fábricas  y viviendas, y la calidad de su trabajo llamó la atención de prestigiosas revistas como Fortune  y Life. Comenzó entonces una espléndida serie con la Gran Depresión como protagonista, que  recuerda el trabajo de otra fotógrafa excepcional, Dorothea Lange, cuya obra he traído a Mi Casa en más de una ocasión.






















En 1930 se fue a trabajar  a la Unión Soviética, y cinco años después la revista Life la contrató como reportera gráfica. Allí vivió la ocupación alemana y la liberación de los campos de concentración. Algunas de sus imágenes son escalofriantes. Todas ellas, se trate de mostrar fábricas, rostros devastados o ruinas, poseen una potencia demoledora.


miércoles, 1 de mayo de 2013

Caballero Bonald, "En mi poesía está lo que pienso y lo que no pienso"


"Creo honestamente en la capacidad paliativa de la poesía, en su potencia
consoladora frente a los trastornos y desánimos que pueda depararnos la historia. En
un mundo como el que hoy padecemos, asediado de tribulaciones y menosprecios a
los derechos humanos, en un mundo como éste, de tan deficitaria probidad, hay que
reivindicar los nobles aparejos de la inteligencia, los métodos humanísticos de la
razón, de los que esta Universidad -por cierto- fue foco prominente. Quizá se trate de
una utopía, pero la utopía también es una esperanza consecutivamente aplazada, de
modo que habrá que confiar en que esa esperanza también se nutra de las generosas
fuentes de la inteligencia. Leer un libro, escuchar una sinfonía, contemplar un cuadro,
son vehículos simples y fecundos para la salvaguardia de todo lo que impide nuestro
acceso a la libertad y la felicidad. Tal vez se logre así que el pensamiento crítico
prevalezca sobre todo lo que tiende a neutralizarlo. Tal vez una sociedad
decepcionada, perpleja, zaherida por una renuente crisis de valores, tienda así a
convertirse en una sociedad ennoblecida por su propio esfuerzo regenerador. Quiero
creer -con la debida temeridad- que el arte también dispone de ese poder terapéutico
y que los utensilios de la poesía son capaces de contribuir a la rehabilitación de un
edificio social menoscabado. Si es cierto, como opinaba Aristóteles, que la “la historia
cuenta lo que sucedió y la poesía lo que debía suceder”, habrá que aceptar que la
poesía puede efectivamente corregir las erratas de la historia y que esa credulidad
nos inmuniza contra la decepción. Que así sea."

Así concluye el discurso pronunciado por José Manuel Caballero Bonald en el acto de entrega del Premio Cervantes 2013.