Con el Auditorio a rebosar y el público completamente entregado, tuvo lugar hace unos días el Concierto Homenaje a Mario Vargas Llosa en el Auditorio madrileño, a cargo de la Orquesta Nacional de España, dirigida por Miguel Harth-Bedoya, y del tenor peruano Juan Diego Flórez. Es esta la tercera vez que escucho a Florez cantar en Madrid, y en las tres ocasiones ha levantado al público de sus asientos. Seguramente su voz no tenga el recorrido y la potencia de un Pavarotti o de un Domingo, pero tiene una tonalidad maravillosa, de enorme calidez, y una personalidad escénica que le resulta cercana y entrañable al público español.
Disfruté enormemente del concierto, pese a que la Orquesta Nacional de España me resultó muy mediocre. Pero el programa fue bonito y, sobre todo cuando se le calentó la voz, Flórez cantó maravillosamente. Comenzó con una pieza preciosa, Sémele, de Haendel; luego bordó Una furtiva lágrima, Come uno spirito angelico y La Favorita, de Donizetti, y terminó la primera parte con Il popoli dell'Egitto de Meyerbeer. Después del descanso, Paxarín tú que vuelas, de La Pícara Molinera de Pablo Luna; el Te quiero morena, de José Serrano; Je veux encore entendre ta voix, de Jérusalem, de Verdi; Máppari, de Martha, y A mes amis, de Donizetti. Con el respetable enfervorizado, llegaron las propinas, entre ellas las canciones Amapola y La flor de la canela, dedicada especialmente a Vargas Llosa que, sentado entre el público, le agradeció efusivamente el gesto.
Aquí tenéis a Juan Diego Flórez cantando Una furtiva lagrima:
!!! Bienvenido ¡¡¡
Gracias por entrar. Antes de irte, echa un vistazo y comparte con nosotros. Nos interesa conocer todo lo que quieras compartir. ¿Has hecho algún descubrimiento deslumbrante? ¿Una película, un poema, un cuadro, un disco? ¿Una ciudad, un paisaje? Ábrenos una ventana y nos asomaremos.
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lunes, 25 de noviembre de 2013
domingo, 24 de noviembre de 2013
No a la Ley AntiProtesta
Greenpeace desplegó ayer esta enorme pancarta en el Edificio Madrid, en la Plaza de España, mientras una multitud de ciudadanos se manifestaban contra la ley mordaza que el gobierno pretende imponernos.
"Seguridad", por David Trueba
"El resumen de los dos primeros años de legislatura de Mariano Rajoy es la ley de seguridad que se perpetra en el Parlamento. Viene arropada por la mayoría absoluta, que es la verdadera mayoría silenciosa, porque ni da argumentos, ni entra en debate, ni pacta, sino que arrasa calladamente con todo. Y es el merjor resumen de legislatura porque se dirige de manera directa contra la única oposición que ha encontrado el Gobierno en la devaluación de la ciudadanía. Al terminar la huelga de basuras de Madrid, con el convencimiento ciudadano de que era una protesta razonada y explicable, la alcaldesa de la ciudad corrió a decir que era urgente limitar el derecho de huelga. ¿Y limitar el derecho a la explotación de los trabajadores de servicios públicos? Por ejemplo.
Por ahí campa nuestro futuro. Si hay razones para la huelga y la protesta, suprimamos la protesta y la huelga. Si somos incapaces de atajar el descontento. Entonces prohibamos el descontento. Cuántas risas nos echamos a costa de la ridiculez de crear un Ministerio de la Felicidad Suprema en Venezuela, pero acaso no es lo mismo nuestra ley de prohibición suprema. Multemos al que pida limosna o al que reclame la acción política frente a los desahucios bancarios. Si nadie te va a devolver un techo tal y como exige la Constitución, prohibamos invocar la Constitución en la vía pública. Si una filmación de la actividad policial ha servido para encausar a agentes que traspasaron la línea del exceso, no esperen una petición de disculpas, sino una ley para impedir que nadie los vuelva a filmar. Nunca una ley de seguridad se empeñó tanto en asegurar al poder y desproteger al ciudadano.
A la espera de la privatización de los teatros, con nuestros edificios de millonarias reformas pagadas por nosotros y sus lugares de privilegio cedidos por nosotros, la ley de seguridad puede servir de inspiración a la ley de sanidad o educación, gremios también en vías de precarización y posterior venta. Basta con prohibir enfermar a los enfermos y prohibir as los fracasados escolares fracasar, y si no que se atengan a las consecuencias. Aunque los jóvenes españoles empiezan a tener las cosas más claras que sus padres: el dinero dicta la ley. Con toda seguridad."
Por ahí campa nuestro futuro. Si hay razones para la huelga y la protesta, suprimamos la protesta y la huelga. Si somos incapaces de atajar el descontento. Entonces prohibamos el descontento. Cuántas risas nos echamos a costa de la ridiculez de crear un Ministerio de la Felicidad Suprema en Venezuela, pero acaso no es lo mismo nuestra ley de prohibición suprema. Multemos al que pida limosna o al que reclame la acción política frente a los desahucios bancarios. Si nadie te va a devolver un techo tal y como exige la Constitución, prohibamos invocar la Constitución en la vía pública. Si una filmación de la actividad policial ha servido para encausar a agentes que traspasaron la línea del exceso, no esperen una petición de disculpas, sino una ley para impedir que nadie los vuelva a filmar. Nunca una ley de seguridad se empeñó tanto en asegurar al poder y desproteger al ciudadano.
A la espera de la privatización de los teatros, con nuestros edificios de millonarias reformas pagadas por nosotros y sus lugares de privilegio cedidos por nosotros, la ley de seguridad puede servir de inspiración a la ley de sanidad o educación, gremios también en vías de precarización y posterior venta. Basta con prohibir enfermar a los enfermos y prohibir as los fracasados escolares fracasar, y si no que se atengan a las consecuencias. Aunque los jóvenes españoles empiezan a tener las cosas más claras que sus padres: el dinero dicta la ley. Con toda seguridad."
sábado, 23 de noviembre de 2013
Una desilusionante The World Orchestra en el Auditorio
Hace unos días hizo su debut en Ibermúsica The World Orchestra, un interesante proyecto que pretende reunir a jóvenes músicos de diferentes países, gestionado por East-West Music en colaboración con Juventudes Musicales. Y lo hizo con un precioso programa, la primera parte dedicado a Ravel (el maravilloso La Valse, de aperitivo, y después las Cinco canciones para soprano y orquesta de Shéhérazade, con la soprano Ángeles Blancas como solista); y, tras el descanso, la Suite II y La muerte de Tebaldo, perteneciente a la Suite I, de Romeo y Julieta de Prokofiev. La orquesta se presentó bajo la dirección de su titular, Josep Vicent.
Sufrí durante todo el concierto, pero sobremanera durante la ejecución de La valse, una composición que me gusta especialmente. Sentí los balbuceos de la orquesta, que tocaba descompaginada, durante el inicio de su ejecución, y luego, cuando se sintió más segura, sus excesos con viento y percusión. ¿Por qué las malas orquestas convierten la música en un chan-chan insufrible? Pero no quiero cebarme. Se les veía esforzados e ilusionados, quizá solo necesiten madurez. Me resultó enternecedor su afán por parecerse, en gestos y maneras, a la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar dirigida por Dudamel.
Os ofrezco La Valse interpretada por la Orquesta Nacional de Francia, dirigida por Bernstein:
Sufrí durante todo el concierto, pero sobremanera durante la ejecución de La valse, una composición que me gusta especialmente. Sentí los balbuceos de la orquesta, que tocaba descompaginada, durante el inicio de su ejecución, y luego, cuando se sintió más segura, sus excesos con viento y percusión. ¿Por qué las malas orquestas convierten la música en un chan-chan insufrible? Pero no quiero cebarme. Se les veía esforzados e ilusionados, quizá solo necesiten madurez. Me resultó enternecedor su afán por parecerse, en gestos y maneras, a la Orquesta Sinfónica Simón Bolivar dirigida por Dudamel.
Os ofrezco La Valse interpretada por la Orquesta Nacional de Francia, dirigida por Bernstein:
viernes, 22 de noviembre de 2013
Maya Plissetskaia: El Bolero de Ravel
Os ofrezco un documento de una belleza extraordinaria: Maya Plissetskaia bailando el Bolero de Ravel, con coreografía de Maurice Bejart. Infinitas gracias, José.
jueves, 21 de noviembre de 2013
El Círculo de Bellas Artes de Madrid
El Círculo de Bellas Artes de Madrid es uno de esos lugares entrañables en los que recalo a menudo, bien para disfrutar de cualquiera de sus interesantes exposiciones o simplemente al hacer un alto en mi deambular por los alrededores de la Plaza de Cibeles y tomar un café o almorzar en su restaurante, acompañada de la prensa o cualquier libro recién adquirido en la bien surtida librería que se encuentra en los bajos del edificio. Después de los años allí me encuentro como en casa.


El edificio que alberga el Círculo desde 1880 es una construcción singular, cuyo eclecticismo le otorga una innegable personalidad. En alguna ocasión he traído a Mi casa las hermosas vistas de la ciudad que se contemplan desde la azotea, un lugar encantador para visitar cuando el tiempo acompaña. Con motivo de mi visita a la exposición dedicada al fotógrafo Catalá-Roca, de la que os hablé hace unos días, recorro el edificio procurando sortear a los vigilantes, pues se supone que solo los socios pueden acceder a algunas de las salas.

Como veis, el interior tiene un enorme encanto. Las sinuosas curvas de la escalera, los efectos que surgen de espejos y vidrieras. Encabezo el comentario con una vista de la Calle de Alcalá desde el bar de la última planta. Un lugar delicioso.



El edificio que alberga el Círculo desde 1880 es una construcción singular, cuyo eclecticismo le otorga una innegable personalidad. En alguna ocasión he traído a Mi casa las hermosas vistas de la ciudad que se contemplan desde la azotea, un lugar encantador para visitar cuando el tiempo acompaña. Con motivo de mi visita a la exposición dedicada al fotógrafo Catalá-Roca, de la que os hablé hace unos días, recorro el edificio procurando sortear a los vigilantes, pues se supone que solo los socios pueden acceder a algunas de las salas.

Como veis, el interior tiene un enorme encanto. Las sinuosas curvas de la escalera, los efectos que surgen de espejos y vidrieras. Encabezo el comentario con una vista de la Calle de Alcalá desde el bar de la última planta. Un lugar delicioso.

miércoles, 20 de noviembre de 2013
"La inquietud que nos quema", de Xuan Bello
La inquietud que nos quema
Al principio estaba muy solo. Mi alma era
una isla rodeada por mujeres y yo quería
hablar con mi padre. A los catorce años
el mar es algo importante; suéñese ser
grumete o capitán, lo que se quiere,
las manos en el timón que tiembla,
es oír el canto de la sirena. Presentimiento
de Nausicaa acaso; pero sobre todo
la seguridad de tener un cómplice
ante la perplejidad. Te hablaría
de las interminables noches mirando la luna
de la literatura. Pero no buscaba, padre,
que a mi soledad le diesen la razón.
Te buscaba a ti, que estabas solo, y sólo quería
un gesto que nos hiciese iguales. Muerto
ya sabes lo que es mirarse en el espejo de la nada
y tus manos de viña crecen en el secreto
que nos consume. Padre, te lo voy a contar todo:
te quería y a huir aprendí por veredas
que aún no acierto.
Tenía catorce años cuando dejé
de hablarte. Tampoco tú a mí te dirigiste
con la reverencia que se debe a quien de si depende.
O tal vez sí, y no te entendí, y esta carta,
que le envío al silencio de tu ausencia,
sea una torpeza más de un niño consentido.
Padre: nunca hemos hablado.
Padre: te lo voy a contar todo.
Al principio, ¿recuerdas?, estaba muy solo:
el resquicio de la puerta donde el ojo acechaba,
la caricia brusca y la seguridad de que no había
donde agarrarse. Escuchaba a Janis Joplin
como si comulgara con un Dios que creía en mí.
Aprendí a pasar desapercibido escribiendo
y pronto comprobé que nada hay más efectivo
para ocultar un secreto que escribirlo en un libro.
Escribir, escribir: fingir que tengo
una vida más alta. Eso ha sido mi vida
en estos años últimos. Y sin embargo, Padre,
te tengo que confiar dos cosas:
la primera es que muchas veces la vida se parece
a lo que he escrito; la segunda, cosa extraña,
es que el pasado escrito, finalmente, florece en la memoria
y el rosal que no se marchita araña
con su tela de araña la realidad.
Padre,
padre mío: cómo me duele que te hayas muerto
sin decirte que era lunes y agosto y París encendida;
cómo me duele no haberte dicho,
en el rincón oscuro de la bodega,
cuánto me gustan las mujeres.
Padre, ten paciencia:
éste es el cuento que le cuento a tus huesos calcinados.
A no oírnos ya estamos acostumbrados
pero qué quieres que te diga:
no me basta con soñar contigo a veces
en la noche que aúlla como un lobo.
No me basta con tenerte cerca, aquí, por dentro.
Quiero estrecharte la mano; quiero que me abraces
y me lleves al mar, al mar que se reserva
al primogénito. Mar de viñas
los de tu tierra, mar quemado
los de tus ojos.
Llévame allí, Padre, y dime
lo que ahora sé y entonces ni intuía:
hermanos somos en la inquietud que nos quema.
martes, 19 de noviembre de 2013
Tanta belleza suelta...
Desde hace unos días debo acudir cada mañana a una cita en el Paseo de la Castellana, muy cerca de la Plaza de Cuzco, y aprovecho para volver caminando a mi barrio, un largo paseo que disfruto, a pesar del ruido del tráfico y las papeleras rebosantes de basura.

Esta mañana la caminata me resultó especialmente grata. Hacía frío, el viento arremolinaba las hojas secas, las ramas de los árboles formaban una maraña de sombras en el suelo, cúmulos blanquísimos se paseaban por el intenso azul del cielo, ese dulzor del otoño... Entré en una librería que hasta ahora me había pasado desapercibida, "Eres lo que lees", y salí con dos libros: Un niño, de Thomas Bernhard, con el que el autor concluye el relato de sus recuerdos de juventud (no pude resistirme y comencé inmediatamente a leerlo: deslumbrante, ya os hablaré de él) y Por el camino de Swann, de Proust. No he leído En busca del tiempo perdido y creo que este es mi momento.

Cuando llegué a la altura de Azca cambié el rumbo y me introduje en este microcosmos de cristal y acero, tan ajeno al alma madrileña. Viví mi infancia y mi primera juventud muy cerca de aquí; conocí esta zona cuando era un descampado donde se instalaba el circo y las pandillas que bajaban de Tetuán y Bravo Murillo organizaban verdaderas batallas campales con los "señoritos" del barrio. Presencié como cambiaba su fisonomía y se convertía en este núcleo hermoso, pero algo desolado, que pretende ser el centro financiero de la ciudad. Un poco pretencioso, me parece.

Aprovecho la cercanía de la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre para visitar la exposición de fotografía de William Christenberry (no conocía su obra y ha sido un magnífico descubrimiento) y vuelvo a casa feliz. Hay tanta belleza suelta que es un crimen desperdiciarla. Y es gratis.

Esta mañana la caminata me resultó especialmente grata. Hacía frío, el viento arremolinaba las hojas secas, las ramas de los árboles formaban una maraña de sombras en el suelo, cúmulos blanquísimos se paseaban por el intenso azul del cielo, ese dulzor del otoño... Entré en una librería que hasta ahora me había pasado desapercibida, "Eres lo que lees", y salí con dos libros: Un niño, de Thomas Bernhard, con el que el autor concluye el relato de sus recuerdos de juventud (no pude resistirme y comencé inmediatamente a leerlo: deslumbrante, ya os hablaré de él) y Por el camino de Swann, de Proust. No he leído En busca del tiempo perdido y creo que este es mi momento.

Cuando llegué a la altura de Azca cambié el rumbo y me introduje en este microcosmos de cristal y acero, tan ajeno al alma madrileña. Viví mi infancia y mi primera juventud muy cerca de aquí; conocí esta zona cuando era un descampado donde se instalaba el circo y las pandillas que bajaban de Tetuán y Bravo Murillo organizaban verdaderas batallas campales con los "señoritos" del barrio. Presencié como cambiaba su fisonomía y se convertía en este núcleo hermoso, pero algo desolado, que pretende ser el centro financiero de la ciudad. Un poco pretencioso, me parece.

Aprovecho la cercanía de la sala de exposiciones de la Fundación Mapfre para visitar la exposición de fotografía de William Christenberry (no conocía su obra y ha sido un magnífico descubrimiento) y vuelvo a casa feliz. Hay tanta belleza suelta que es un crimen desperdiciarla. Y es gratis.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Una imagen
Hice esta foto hace unos días, en el Jardín Botánico. Sé que no es gran cosa, pero como me gusta, os la ofrezco.
domingo, 17 de noviembre de 2013
"Una gabardinina para el otoño", por Xuan Bello
Una gabardinina para el otoño
Veni l’autumnu… En la memoria, tarareándola, llevaba una de
las canciones de Franco Battiato que más me gustan, una canción que canta en
siciliano, y que es, como el alma humana, triste y alegre a la vez. Una canción
muy sentimental, que a veces parece que está en asturiano (chi estranu e
complicatu sintimentu); paseaba con los míos por el muro de San Lorenzo, muy
feliz y echando de menos a amigos antiguos y recientes. Echaba de menos a
Martín López-Vega, que ya anda por Iowa delimitando horizontes, y echaba de
menos a Isaac Xubín, un poeta gallego que vive en Irlanda con quien bebí, el
brazo descuidado sobre su hombro, unos golpes de aguardiente mientras
hablábamos de Seamus Heaney y Xosé Lois Méndez Ferrín en la Isla de San Simón
en la ría de Vigo. Echar de menos, por cierto, en un expresión importada de
Portugal a nuestra lengua: no se echa de menos, sino que se «acha» de menos.
Achar en portugués significa encontrar y quien encuentra de menos, quien en la
ausencia presiente la presencia, pues sufre saudade, melancolía, señaldá. Yo
había venido con los míos a pasear por el Muro de San Lorenzo y saludar, como
conviene, al otoño. El mar bravo, la luz oblicua, el nordeste que nos recuerda
nuestra condición de hombres sin raíces que se abrazan, en las esquinas del
aire, cada uno en su soledad.
Por la playa, mientras la marea subía, los pasos alegres de
mi hija tras el cachorro Bernardo. Bernardo, de cuatro meses apenas, nació en
Cabo de Gata y allí, en la playa de San José, lo encontramos abandonado. Fue él
quien eligió ser de Lena, pues el instinto del amor es así: entrega libérrima
que no admite elección para quien lo siente; Bernardo, un pintcher sin pedriguí
que se sepa, un perro-hámster como lo llama Lena, también echará de menos la
luz de otros días. Ahora ya comienza a comer de su plato pero hubo que
enseñarle; al principio sólo comía de la mano o se arriesgaba con la comida que
robaba con gran ingenio a los gatos. Ahora está aquí, en la playa, feliz y con
frío. ¿Me entenderán si digo que le quiero comprar una gabardinina? La ternura
es frágil como las campanas del silencio.
El mar se levantaba erizado con olas de cuatro o cinco
metros; la marea avanzaba impaciente; y de repente sucedió la calma, una calma
inexplicable, y la mar se puso bella, llana como la luna en la pupila de un
niño, como el aliento de quien se ama y que llega, casi casi, al beso. En un
momento puede suceder cualquier cosa: una llamada por teléfono, una mirada, un
relámpago de sentido en el cielo de la confusión.
Veni l’autumnu, tarareaba con el pie del corazón mi memoria;
ha llegado el otoño me decía yo advirtiendo en la decadencia una promesa
inequívoca de primavera. Estaba aquí con su viento cálido a veces, con su
nordés impaciente otras, iluminando con su rumor de gaviotas hambrientas
cámaras secretas donde las palabras con verdad se esconden. Lo había advertido,
pero no tan claramente como ahora. Esa luz que envuelve nuestras vidas debe de
ser la estela de un barco donde un dios, quizás aquel Bran de las sagas, se ase
firmemente al timón surcando la eternidad del instante. También él, como usted
y como yo, teme naufragar.
Xuan Bello, diario El Comercio, 10 de noviembre de 2013. La
fotografía es de Susana Muns
sábado, 16 de noviembre de 2013
"Gloria", de Sebastián Lelio
Gloria, del director chileno Sebastian Lelio, es una buena película. A ratos cómica, a ratos dramática (como la vida misma), cuenta la historia de una mujer de mediana edad, divorciada, independiente económicamente, con una excelente relación con su exmarido y sus hijos, que decide no quedarse en casa sola, esperando la vejez, y sale a la calle a buscar su pedazo de felicidad. Frecuenta una discoteca donde se reunen personas de su edad y allí establece relaciones con hombres, contactos que fructifican en encuentros sexuales e incluso en una relación sentimental a la que se entrega con entusiasmo. Y cuando sale mal parada de la aventura, en vez de recluirse en su soledad a lamerse las heridas, vuelve a dar a la vida una nueva oportunidad.

Así contada, la temática de la película es ciertamente atractiva. Además, está dirigida con ternura, delicadeza y oficio, y el trabajo de la actriz principal, Paulina García, resulta espléndido. Sin embargo no acabaron de interesarme las peripecias de esta señora, ni me resultaron muy creíbles esas ansias locas de amor y sexo que manifiesta. Pero, insisto, es una buena película que merece la pena ver.
Aquí tenéis el trailer:

Así contada, la temática de la película es ciertamente atractiva. Además, está dirigida con ternura, delicadeza y oficio, y el trabajo de la actriz principal, Paulina García, resulta espléndido. Sin embargo no acabaron de interesarme las peripecias de esta señora, ni me resultaron muy creíbles esas ansias locas de amor y sexo que manifiesta. Pero, insisto, es una buena película que merece la pena ver.
Aquí tenéis el trailer:
viernes, 15 de noviembre de 2013
Catalá Roca en el Círculo de Bellas Artes
"Lo relevante está en la mirada del fotógrafo, en hacer sencillo y directo el impulso de fotografiar; en restar en vez de sumar, en mirar de frente, encuadrar desde la cintura, disparar desde el corazón, en estar dotado de curiosidad y empatía por todo lo humano". Con estas palabras resumía Francesc Catalá-Roca, a mi modo de ver uno de los fotógrafos españoles más relevantes del pasado siglo, sus prioridades a la hora de colocarse tras la cámara y apretar el disparador. Estos días podemos disfrutar de una amplia muestra de su trabajo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, el mismo al que está ahogando el Ayuntamiento racaneándole las ayudas.

La fotografía documental adquiere extraordinario valor artístico en las obras de este fotógrafo catalán, que manifestó: "Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían muy rápidamente, lo presentía; al cabo de cinco años ya no habría podido hacer estas fotografías." Catalá-Roca recorrió España y nos dejó un testimonio impagable de la realidad y de los cambios que se iban operando en nuestro país, con sus enormes contrastes. La vida en el campo y en las ciudades; el desarrollo de una incipiente burguesía y el retraso sempiterno de la España más oscura y abandonada.


Me han conmovido las 150 imágenes que conforman la exposición, la mayor parte perteneciente a la década de los 50. Me producen la misma tristeza que las películas que retratan aquellos años, un país en blanco y negro.

La fotografía documental adquiere extraordinario valor artístico en las obras de este fotógrafo catalán, que manifestó: "Me di cuenta de que estaba siendo testigo de cosas que desaparecerían muy rápidamente, lo presentía; al cabo de cinco años ya no habría podido hacer estas fotografías." Catalá-Roca recorrió España y nos dejó un testimonio impagable de la realidad y de los cambios que se iban operando en nuestro país, con sus enormes contrastes. La vida en el campo y en las ciudades; el desarrollo de una incipiente burguesía y el retraso sempiterno de la España más oscura y abandonada.
Me han conmovido las 150 imágenes que conforman la exposición, la mayor parte perteneciente a la década de los 50. Me producen la misma tristeza que las películas que retratan aquellos años, un país en blanco y negro.
jueves, 14 de noviembre de 2013
Un regalo para Jeff Koons
Esta "cosa" que estáis viendo detrás de su satisfecho creador es Balloon Dog (Orange), y él es el "artista" norteamericano Jeff Koons. El martes pasado, la "cosa" fue subastada en Nueva York por la casa Phillips y el precio alcanzado superó todas las expectativas, ya de por sí astronómicas: se vendió por 58.405.000 dólares. "Es un símbolo, como el Caballo de Troya, tiene algo mítico", declaró Koons. Desde luego, un símbolo sí que es. Es el símbolo perfecto del grado de idiocia, esnobismo y manipulación reinante. De la decadencia de una sociedad desnortada. Me llamaréis demagoga, pero que esta desfachatez, que este escándalo tenga lugar a la vez que en Filipinas miles de supervivientes al horror del último huracán se estén muriendo de hambre y sed, me enferma. Sé que este visionario "artista" nunca leerá mis irrelevantes palabras, pero como hoy me siento generosa voy a ofrecerle un par de ideas para sus próximos montajes: creo que la crítica internacional se maravillaría ante un chupa chup gigante, con celofán y todo; y alcanzaría un orgasmo colectivo si le brindara una instalación colorista y aromática tal la que os muestro abajo. Podría titularse Madrid embotellado. De nada.
miércoles, 13 de noviembre de 2013
"La herida", de Fernando Franco
Es esta una película terrible, desoladora. Fernando Franco prácticamente no despega la cámara de la cara de Marián Álvarez y nos hace testigos de la pura desesperación de una mujer con un grave trastorno sicológico, atrapada en un dolor insoportable. Al borde de la ruina total, la protagonista continúa con su vida, su trabajo, y nadie parece escuchar sus gritos de agonía. Una película impresionante, espléndidamente dirigida y con una actuación sobresaliente a cargo de la protagonista, pero de la que salí demudada.

Ana es una joven de 28 años que vive con su madre y se dedica a conducir ambulancias. Cuando está con los enfermos se muestra alegre y cariñosa, pero en cuanto se queda sola se sumerge en el horror de una mente autodestructiva que la imposibilita para mantener una relación normal con los que la quieren. A pesar de su innegable calidad, no sé si resulta muy recomendable.
Os dejo con el trailer:

Ana es una joven de 28 años que vive con su madre y se dedica a conducir ambulancias. Cuando está con los enfermos se muestra alegre y cariñosa, pero en cuanto se queda sola se sumerge en el horror de una mente autodestructiva que la imposibilita para mantener una relación normal con los que la quieren. A pesar de su innegable calidad, no sé si resulta muy recomendable.
Os dejo con el trailer:
martes, 12 de noviembre de 2013
Una tarde con Bach
Difícil imaginar mayor felicidad, mayor consuelo que una tarde con Bach. Da igual el estado de ánimo con el que ocupes tu butaca, los nubarrones que cubran el corazón o las amenazas que acechen los días venideros: Bach todo lo diluye y nota a nota va inyectando en tu alma un fluido luminoso y cálido, pura magia. Te eleva hasta paisajes asombrosos de belleza inigualable, y eres otra cuando escuchas el último acorde. Regresas al mundo en paz.
Entre tanto ruido, tanta fealdad, cercados por la vulgaridad y la banalidad reinantes, aún puede salvarnos la música. Y Bach es la exquisitez. El concierto comenzó con dos Partitas para violín, la núm. 3 y la maravillosa núm. 2, interpretadas por Viviane Hagner. Pero lo realmente extraordinario fueron las Variaciones Golberg, que me han acompañado toda la vida y que escuché en vivo ayer (hace unos días para vosotros) por primera vez. Me entusiasmó la interpretación del ruso Alexei Volodin. En 1741, el conde Hermann Karl von Keyserlingk encargó a Bach la composición de una serie de variaciones para ser interpretadas por el clavecinista a su servicio, Johann Gottlieb Goldberg, con la finalidad de aliviar su insomnio. "El conde estaba enfermo a menudo y sufría de insomnio. En esos momentos, Goldberg debía pasar la noche en una habitación contigua, de manera que pudiera tocarle cualquier cosa durante su vigilia. El conde hizo saber a Bach que le agradaría tener algunas piezas para su músico, piezas de carácter reposado y un poco alegre, que pudieran reconfortarle en sus noches de insomnio. Desde entonces, el conde las llamó sus variaciones. Jamás se cansó de ellas y, durante mucho tiempo, a cada noche de insomnio decía: querido Goldberg, tócame una de mis variaciones. Jamás, quizá, Bach fue tan bien recompensado por una composición. El conde le entregó una copa de oro repleta con cien luises de oro", recoge Folkel en su biografía de Bach.
Os dejo con el Aria da Capo:
Entre tanto ruido, tanta fealdad, cercados por la vulgaridad y la banalidad reinantes, aún puede salvarnos la música. Y Bach es la exquisitez. El concierto comenzó con dos Partitas para violín, la núm. 3 y la maravillosa núm. 2, interpretadas por Viviane Hagner. Pero lo realmente extraordinario fueron las Variaciones Golberg, que me han acompañado toda la vida y que escuché en vivo ayer (hace unos días para vosotros) por primera vez. Me entusiasmó la interpretación del ruso Alexei Volodin. En 1741, el conde Hermann Karl von Keyserlingk encargó a Bach la composición de una serie de variaciones para ser interpretadas por el clavecinista a su servicio, Johann Gottlieb Goldberg, con la finalidad de aliviar su insomnio. "El conde estaba enfermo a menudo y sufría de insomnio. En esos momentos, Goldberg debía pasar la noche en una habitación contigua, de manera que pudiera tocarle cualquier cosa durante su vigilia. El conde hizo saber a Bach que le agradaría tener algunas piezas para su músico, piezas de carácter reposado y un poco alegre, que pudieran reconfortarle en sus noches de insomnio. Desde entonces, el conde las llamó sus variaciones. Jamás se cansó de ellas y, durante mucho tiempo, a cada noche de insomnio decía: querido Goldberg, tócame una de mis variaciones. Jamás, quizá, Bach fue tan bien recompensado por una composición. El conde le entregó una copa de oro repleta con cien luises de oro", recoge Folkel en su biografía de Bach.
Os dejo con el Aria da Capo:
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