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miércoles, 26 de septiembre de 2012

Celebrando a mi padre

Cuando mi padre me ve me mira fijamente, con el ceño fruncido y sus ojos azules insistentemente posados en mi cara. No hay reconocimiento ni extrañeza en su expresión. No hace tanto tiempo su cara se iluminaba cuando me veía y, aunque sin palabras, afloraba a sus labios esa sonrisa levemente torcida que le caracteriza. Ahora escucha mi saludo y recibe mis besos como si estuviera enfrascado en otro asunto que acapara toda su atención. Algo que vive en su mente y solo a él concierne. Por lo general, tiene una revista en las manos, y enseguida sus imágenes vuelven a acaparar su interés.

Pero solo hay que dejarle tiempo. Al cabo de un rato vuelve a mirarme, y con un leve movimiento de cabeza me incita a acercarme y recibir sus besos. Si me mantengo próxima, sonriéndole, extiende la mano y me acaricia la cara, la barbilla, el pelo. Me inclino sobre él y entonces recibo un aluvión de besos, el último muy apretado. Al separarme descubro un rastro risueño en sus ojos y la media sonrisa ladeada en su boca. Mi madre me recordaba hace unos días una frase atribuída a Maragall haciendo referencia a su familia. Algo así como: "no sé quienes sois, pero sé que os quiero".

Qué privilegio tenerle aquí, cerca de nosotras, poder cuidarlo y darle impunemente todos los mimos que, hace unos años, el respeto que le profesábamos nos impedía ofrecerle. Ahora se deja besar, abrazar y acariciar y nos aprovechamos de ello. Dócil como un corderito, aquel hombre firme como una roca. El alzhéimer no ha mellado su caballerosidad ni su porte distinguido. No sé por qué espacios navega su mente, pero aunque ya no recuerde quién fue, aunque no reconozca a sus padres en las fotos, aunque no sepa que somos sus hijas, sabe que mi madre es suya, sigue intacto el vínculo con nosotras, sigue disfrutando de la comida, de nuestros besos, de la música. A veces escuchamos juntos boleros, o Marina (siempre sostuvo que es la más operística de nuestras zarzuelas, en la única en la que no recuerdo si el tenor o la soprano lanza un do de pecho poco después de su inicio), o La Traviata. Cuando comienza a sonar la música su ceño se relaja y todo su cuerpo parece escuchar. A veces me mira y hace un gesto afirmativo con la cabeza. Escuchamos cogidos de la mano, yo prendida en sus ojos.

Camina muy despacio, aquel hombre de largas zancadas. A veces le abrazo por la espalda, me pego a su cuerpo y caminamos así, mi paso acompasado con el suyo. Nos asomamos a la ventana y llamo su atención sobre los árboles, las nubes o cualquier cosa que se me ocurra. No desvía la mirada de un punto concreto, aparentemente indiferente a mis palabras, pero de repente alza la mano y señala algo en la lejanía. Y me mira. No sé qué quiere mostrarme, pero le digo que sí y le lleno la cara de besos. Si fuera capaz, pensaría que estoy tonta.

Las manos de mi padre, las que nos hacían la cruz en la frente cuando venía a la cama a darnos las buenas noches, las manos que remetían sábanas y colcha estirándolas tanto que nos dejaba sin respiración. Las fuertes manos de mi padre; su  peculiar manera de lavárselas, haciendo desaparecer la pastilla de jabón en un sincopado movimiento circular; esos dedos romos siguiendo cualquier ritmo sobre la guitarra, sobre la mesa, sobre nuestras espaldas. Qué alegría tenerlas cerca, sentir su tacto. Qué privilegio poder cuidarte, padre.


18 comentarios:

  1. Quedé perpleja con tu relato, asociado de algún modo al mío( http://wp.me/Pm2kM-LZ )y, probablemente, con tantos otros.

    Saludos desde Baires,
    APG

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    1. He leído el tuyo, espléndido, tan tierno y tan certero. Invito a todo el mundo a hacerlo, y te mando un abrazo muy fuerte.

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  2. Precioso y emotivo relato, un saludo muy cordial Sol.

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    1. Gracias, Casimiro. Otro muy cariñoso para ti

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  3. Solpau, que felicidad me transmite tu escrito. Felicidad, porque aún en la tragedia que supone esa terrible enfermedad, sabes apreciar el regalo de tener a tu padre físicamente cerca y devolverle de alguna manera el amor que sin duda él te dio a tí. Tengo muy presente el alzheimer y otras enfermedades similares en la edad avanzada porque trabajo en un centro para mayores, y veo estos casos todos los días. Mi propia madre tiene otra dolencia parecida, y aunque su situación mental no es comparable, veo como se deteriora día a día, entrando en una situación de dependencia que parece insólita para cualquiera que sepa qué clase de mujer fue. Voy a visitar a mis padres todas las semanas, y cada visita es un regalo. Anticipo el tiempo en el que ya no estarán conmigo y me bebo su imagen, su fragilidad, sus amor infinito, y los atesoro para cuando ya sólo sean un recuerdo. Sólo me angustia no estar a la altura de lo que merecen, no poder demostrar mi amor suficientemente.

    Un abrazo.

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    1. Querida Ilona, qué decirte? No sabes hasta que punto participo de tus sentimientos. Estamos en una etapa especial de nuestras vidas, dura porque vemos debilitarse a nuestros padres y tememos su partida; espléndida porque somos conscientes de nuestro privilegio y podemos quererles con impunidad. No me cabe duda de que se sienten queridísimos por ti. Un beso fuerte, querida.

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  4. Qué hermoso texto sobre tu padre, Sol; ¡cuantísimo amor alberga! Ten la certeza de que, en su mundo, percibe el cien por cien del amor que tu madre, sus cuatro hijas y todos sus nietos les ofrecéis cotidianamente.
    ¡Qué suerte la tuya de tener a tus padres al frente! Como sabes, hace 4 y 31 años respectivamente que los mios no me besan antes de dormir, ni me remeten las sábanas exactamente igual que a ti... ¡Dios mio, cómo los echo de menos!
    Supongo que se alegrarán al saber que les sigo necesitando y llorando como el primer día.

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    1. Piensa que ahora te toca a ti con tus nietos, eso da mucha alegría. Un abrazo fortísimo, José.

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  5. Ahora soy un mar de lagrimas hermana.Tús palabras son las mias.Hay una cosa que agradecer a esta enfermedad y es todos esos besos y abrazos que le damos que recordaremos siempre,quizás nunca lo hubieramos hecho.Valle

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  6. Sí. Ya sé que mis palabras con las tuyas, las de las cuatro. Besos hermana

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  7. Precioso Sol. Si tú padre pudiese leerlo estaría orgulloso de tí.De las 4 y de su mujer que le cuida con tanto mimo.Sigue dandole muchos besos y uno grande de mí parte. Como hace algunos años que no le veo tengo la suerte de recordarle como aquel hombre alto, elegante....un "figurín", y mi prima a su lado ¡¡vaya pareja¡¡.
    Un beso para tí ( que seguro que lo necesitas tanto como él).
    Tu tia Paz

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  8. Gracias Paz, eres un cielo. Le daré el sábado uno especial de tu parte. Muchísimos para ti

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  9. ¡¡Maravilloso!!, creo recordar que en una entrada anterior decías que con esta enfermedad se olvidan de quiénes son, pierden su personalidad. Con tus entrañables palabras haces que, incluso los que no le hemos conocido, le queramos. Seguro que tu padre también siente ese enorme amor que le rodea.
    Un fuerte, fuerte abrazo de sesentona

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    1. Gracias amiga mia. Recibo tu abrazo y te envío uno mio, enorme.

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  10. Sol, gracias. Ojala fueramos capaces de mostrar ese amor cuando el ser querido aun nos conoce, pero somos tan complicados... Un abrazo muy fuerte y sincero.

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    1. Gracias a ti, David. Hay cosas que los padres saben siempre, no hace falta explicitarlo. Los que tenemos hijos lo sabemos bien. Un beso enorme para ti.

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  11. Hermana que te voy a decir, precioso y tal cual. Yo como Valichín llora que te llora, en fin lo importante es que le tenemos con nosotras y le seguimos disfrutando y nos lo comemos a besos y él a nosotras. Y quiero aprovechar para agradecer a mamá infinitamente, lo bien que le cuida, lo tranquilas que estamos sabiendo que no puede estar mas pendiente y con mas dedicación y cariño. Gracias mami.
    Mil besos.Dolorines

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