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lunes, 20 de febrero de 2012

Luis García Montero, un poema


Un jueves telefónico

Sobre las diez te llamo

para decir que tengo diez llamadas,

otra reunión, seis cartas,

una mañana espesa, varias citas

y nostalgia de ti.

Sobre las doce y media

llamas para contarme tus llamadas,

cómo va tu trabajo,

me explicas por encima los negocios

que llevas en común con tu ex-marido,

debes sin más remedio hacer la compra

y me echas de menos.

El teléfono quiere espuma de cerveza,

aunque no, la mañana no es hermosa ni rubia.

Sobre las cuatro y media

comunica tu siesta. Me llamas a las seis para decirme

que sales disparada,

que se queda tu hijo en casa de un amigo,

que te aburre esta vida, pero a las siete debes

estar en no sé dónde,

y a las ocho te esperan

en la presentación de no sé quién

y luego sufres restaurante y copas

con algunos amigos.

Si no se te hace tarde

me llamarás a casa cuando llegues.

Y no se te hace tarde.

Sobre las dos y media te aseguro

que no me has despertado.

El teléfono busca ventanas encendidas

en las calles desiertas

y me alegra escuchar noticias de la noche,

cotilleos del mundo literario,

que se te nota lo feliz que eres,

que no haces otra cosa que hablar mucho de mí

con todos los que hablas.

Nada sabe de amor quien no ha perdido

por amor una casa, una hija tal vez

y más de medio sueldo,

empeñado en el arte de ser feliz y justo,

al otro lado de tu voz,

al sur de las fronteras telefónicas.

domingo, 19 de febrero de 2012

Kenny Lattimore. " I Love You More Than You'll Ever Know "



Maravillosa y conmovedora canción. "Te quiero más de lo que puedas imaginar".

La democracia como culpa, por Luis García Montero


"Las tijeras del moralista están afiladas. Su trabajo histórico ha consistido siempre en cortar las ideas, las alegrías y los pecados de los otros. Ahora se muestran también eficaces al recortar los derechos sociales y las inversiones públicas. Cualquier recortador necesita confundirse, si es que puede, con el papel del moralista. Intenta cortar por lo sano, ya sea en una falta contra la decencia o en un derecho cívico.

De todos los papeles que la crisis económica está repartiendo en la farsa de la política española, uno de los más dañinos para la democracia es el de los moralistas que justifican el desmantelamiento de los servicios públicos como una necesidad para acabar con el despilfarro. En vez de explicar las raíces profundas del declive, la construcción deficiente del Estado europeo y las estrategias de la economía especulativa, prefieren acomodarse en su sentido atávico de la penitencia: ustedes deben pasarlo mal ahora, porque durante años han vivido en pecado y por encima de sus posibilidades. Hay moralistas que se lo creen de verdad, por su educación cristiana, forjada entre los excesos del carnaval y el ayuno de la cuaresma. Otros moralistas son simples estrategas políticos que venden la aplicación de su avaricia neoliberal como si fuesen opciones para crear empleo, combatir la corrupción y acabar con el despilfarro.

La generación de este sentimiento de culpa ha calado con facilidad en España. No resulta complicado entenderlo. Además de la hipocresía que los partidos políticos han mantenido ante la corrupción de algunos de sus cargos públicos y sus aparatos, ocurre que en la memoria de nuestra sociedad queda muy cercana la pobreza. No hace falta ser un anciano venerable para recordar escenas de miseria. Los españoles que rondan la cincuentena conocieron en su infancia y su adolescencia un país humillado. Basta con repasar el blanco y negro o el primer color chillón de las fotografías colectivas.

Una imagen nos habla de los trajes de domingo que salían un martes o un miércoles del armario de los pueblos para subirse en un autobús y viajar durante horas por carreteras intransitables hacia la capital. Allí los esperaba la consulta de un médico, o la cola interminable delante de una ventanilla mal atendida, o la penumbra de una comisaría, o la caridad de un conocido con dinero o el desamparo de una sociedad sin derechos.

Otras muchas imágenes nos hablan, por ejemplo, de niños sin escolarizar, de jóvenes trabajando en una casa o un negocio por la comida y una propina, y de mujeres con pañuelos negros sentadas en una silla, sin dentadura, casi apartadas de la vida a los 60 años. También hay imágenes que recuerdan los sacrificios de los padres que renunciaban a sus caprichos para que el hijo mayor, que no había podido conseguir la beca, estudiara en la universidad. Imágenes de muchas bocas abiertas cuando empezaron a llegar los turistas, los veranos de las suecas, y cuando el televisor nos enseñó cómo se vivía en Francia o Alemania. La piel maltratada de un campesino andaluz pertenece, como los trenes sucios, el pañuelo del emigrante o los bañadores heredados del servicio militar, a la miseria que yo vi en mi infancia.

Después llegó la democracia. Como vivíamos en Europa, la democracia no significó sólo votar cada cuatro años. La democracia vino también con hospitales comarcales, carreteras decentes, trenes modernos, ventanillas atendidas, becas generalizadas, educación de adultos, viajes por España y el mundo, policías respetuosos, rostros no cuarteados por el sol, contratos laborales dignos y mala conciencia ante las desigualdades económicas o de género. No se llegó nunca a la media europea, pero se avanzó mucho.

Todas las mejoras que conocimos bajo la democracia se convierten ahora en despilfarro. Y la gente nacida en la miseria asume el sentimiento de culpa, confiesa su propensión al derroche y acepta el sacrificio por haberse creído con derecho a los servicios públicos y la dignidad laboral. Los moralistas de la crisis recortan así con sus tijeras la dimensión de las palabras política y democracia. En su significado cabe el voto, la corrupción, el sectarismo y la mentira, pero queda excluida la posibilidad de dignificar la vida de los ciudadanos."

Artículo de Luis Garcia Montero publicado por el diario Público el 15 de enero de 2012

sábado, 18 de febrero de 2012

"El abono de Javier", por Carlos Álvarez


"Era manco. Esto hay que decirlo al principio y así descartamos el final sorpresa; sin trampa ni cartón. El señor mayor que estaba en el palco sentado delante de mí era manco y por eso no aplaudía, pero yo no me di cuenta hasta el final del concierto.

Mientras, pensé en un aficionado implacable; más aún, impasible; no es que no aplaudiera nunca, es que tampoco hacía ni siquiera el ademán. Le cogí ojeriza. En un momento me pareció ver que los dedos de su mano repicaban sobre el apoyabrazos de la silla y deduje que debía de ser músico, un pianista; celos profesionales o, tal vez, un virtuoso intolerante. Digamos que sobre la ojeriza se quería imponer el respeto hacia un profesional exigente.

No aplaudió con Satie. De acuerdo. He escuchado mejores versiones de los Nocturnos. No era ese Satie lleno de delicadeza que fluye de manera natural, orgánica; sutil y rotundo, juguetón, poderoso; vale que más que nocturnos parecieran mañanitas, pero no más que por cortesía debía de hacer, al menos, el gesto del aplauso.

En el palco también había tres mujeres; todas aplaudieron con más displicencia que pasión, pero aplaudieron; él permanecía sentado con los brazos en el regazo y yo redoblé con furia los aplausos, convencido de que ella, al saludar había mirado hacia nuestro palco y había visto que aquel individuo no aplaudía. Puesto en pie, me rompí las manos para lavar la afrenta. Y cuando salí del palco, la indignación se imponía sobre el respeto a la exigencia profesional por muy Barenboim que fuera; y no lo era.

En la segunda parte estuve a punto de llamarle la atención, pero no lo hice porque el abono era de Javier, que está abonado a todo para no tener tiempo de nada, y no iba a regañar, tal vez, a un ‘su mejor amigo que hacía mil años que no veía‘. Mi abono me lo había pedido el director del periódico para un compromiso y por si el Barenboim ese era amigo de Javier, me contuve.

Las dos obras de Debussy las interpretó de forma magistral. Children’s Corner, colorista, viva, chispeante, algo atolondrada al final del Doctor Gradus, de acuerdo, y la canción de cuna del elefantito falta de colorido y en el Pastorcillo se le fue el tempo, pero aplaudir ya no era cuestión de cortesía, sino de justicia. Con L’île joyeuse el virtuosismo llegó al esplendor, lástima con el arranque, que es habanera y parecía chotis; pero el final, magnífico. Y ahí sí, ahí fue cuando me di cuenta de que era manco. Se le cayó el programa al suelo y al recogerlo se me hizo presente la manga hueca de su americana, mientras todo el teatro, menos él, aplaudía.

A la propina, el Nocturno nº 5 de Satie que no estaba en el programa y podía haberse ahorrado, entendí que no aplaudiera aunque ni fuera crítico ni hubiera sido músico y tuviera enteritas las dos manos; yo estuve a punto de hacerlo.

Ya en el pasillo escuché que le preguntaban por el concierto y la pianista.

―Tiene unas manos… preciosas ―le oí decir.

Y deduje que era el nuevo crítico. La competencia."


Firma este relato Carlos Álvarez, periodista, guionista, novelista, hombre multidisciplinar, amigo, a él debemos el guión de la película Ciudadano Negrín, dirigida por Imanol Uribe, que ya podéis encontrar en la red. Si queréis conocer más de su trabajo visitad su página, Hora antes, editorial.

viernes, 17 de febrero de 2012

Schumann, bajo la batuta de Sir John Eliot Gardiner


Tarde dedicada a Schumann en el Auditorio Nacional. La Mahler Chamber Orchesta (de la que recuerdo una 4ª de Mahler preciosa, dirigida por Fabio Luisi) junto con el Monteverdi Choir, en esta ocasión bajo la batuta por un director que me encanta, Sir John Eliot Gardiner, nos ofreció un programa muy especial, que tuvo una regular acogida entre el público. Arrancó con Nachtlied (Canto Nocturno, 1849), una obra para coro y orquesta en la que Schumann musica un poema de Friedrich Hebbel que no conocía y me encantó. El programa de mano da cuenta de una anécdota que nos habla del carácter del compositor y que no me resisto a contaros. Deja constancia de ella el propio Hebbel, tras realizar una visita al compositor en julio de 1847: "Tras un recibimiento casi mudo, me senté con él (Schumann) durante un cuarto de hora. No habló, solo me miraba fijamente. Yo estaba también en silencio, intentando comprobar cuánto tiempo podía durar esto. No abrió la boca. Fue entonces cuando me levanté de la silla en desesperación". Esa tendencia al silencio hace que aún me resulte su música más atractiva. El propio Schumann escribió: "No tengo nada que ofrecer. Casi no hablo, por la noche algo más, pero sobre todo lo hago a través del piano".

La primera parte del concierto se completó con el Requiem für Mignon, en el que acompañaron al coro seis sopranos y dos bajos, y la Sinfonía nº 4 en re menor. La segunda parte estuvo dedicada a Manfred, un drama sicológico escrito por Lord Byron inspirado en Goethe y en el paisaje de los Alpes suizos donde Byron se recluyó tras su fracaso matrimonial y su relación incestuosa con su media hermana Augusta Leigh. El dolor del conde Manfred, su arrepentimiento y su búsqueda de consuelo invocando a los espíritus está, pues, muy influenciado por la propia autobiografía del poeta. Puro romanticismo. Pero el texto en alemán, recitado por un narrador ( preciosa voz la de Gert Voss) a veces se hace un poco pesado.

Os dejo con Nachtlied.

"Arrugas", de Paco Roca


Ya os hablé hace un tiempo de otro cómic de Paco Rota, El invierno del dibujante, e hice referencia a este Arrugas que acabo de terminar con la sonrisa en los labios. Quizá sea por lo cerca que me queda el alzheimer, he sentido una enorme ternura por este anciano que va poco a poco perdiendo su identidad, por las anécdotas que salpican su deterioro, por su abrumadora indefensión. Me ha conmovido la historia que con tanta delicadeza y mimo nos cuenta Rota, una historia de amor.





















Un cómic adorable que os recomiendo. Arrugas fue Premio Nacional del Cómic 2008. En estos días se estrena el largometraje de animación, una adaptación de la novela gráfica dirigido por Ignacio Ferreras que estoy deseando ver. Ya os comentaré. Os dejo un trailer.

jueves, 16 de febrero de 2012

"Libro de familia", de Félix Grande


Hay libros que a veces por razones misteriosas se enzarzan a tu vida, quedan como hilvanados a tu camino y van creciendo contigo, apareciendo una y otra vez con nuevos mensajes, nuevos deslumbramientos. Libros que crecen a tu ritmo, que parecen bordear tus mismas grietas y mantener siempre un puente tendido. A veces incluso ocurre con el conjunto de la obra de un autor, que acompasa su ritmo al tuyo, acompañándote a través de los años. A mi me ha pasado con Félix Grande y Paca Aguirre, su mujer. Aparecieron en mi vida a través de las Rubaiyatas de Horacio Martín, un regalo lleno de intención de alguien a quien quería, un regalo que supuso mucho más que el goce de compartir la belleza de unos poemas. Luego yo regalaría el mismo libro con idéntica intención, y la obra de Félix formaría un bucle en mi vida al que se han añadido múltiples significados. Más tarde tuve la oportunidad de visitar su casa, conocer a Paca y gozar de su hospitalidad, su calidez y su enorme calidad humana. Y llegaron más libros, los que ambos han ido publicando a lo largo de estos años, y todos se han acoplado a mi vida como si su sitio les hubiera estado esperando.

Ahora le toca el turno a Libro de Familia, la última entrega de Félix, publicado por Visor. ¿Cómo hablar de un libro cuando se trata de algo tan íntimo, sin caer en la sensiblería? Tanto la obra de Félix como la de Paca comparten la cualidad de su desgarradora y luminosa autenticidad. Ninguno de los dos hacen juegos florales con el lenguaje, a veces me da la sensación de que ni siquiera pretenden hacer literatura. Simplemente, con las herramientas que tienen a mano (la lengua, y su maravilloso don de crear belleza a través de ella) manifiestan su verdad, para perdonar y ser perdonados, para amar y ser amados. Para comprender y ser comprendidos. Cuando la literatura es verdad se palpa, y Libro de familia rezuma verdad.

La mujer de mi vida
duerme lucha en la cama a tos partida, contra
su catarro septuagenario.
Amor mío cúrate cúrame.
Tu tos brama en el cráter de mi miedo.
Oh cráter de mi culpa.
¿En qué barranco de mi infancia
rodeé de perros tu inocencia, todos
rabiosos? Ah tus pulmones: mira
cómo señalan con su dedo neumónico hacia
mi pasado materno. Y ahora qué
con esa tos, esa tos juez, esa ventana irreparable
tan abierta como mis ojos, tan cerrada
como este nudo de perdón en la mitad del cuello?
(...)
Cúrate, Curra. Tengo
una sorpresa polifónica
temblando en canas para ti:
¿Te acuerdas de hace medio siglo?

Libro de Familia es un enorme canto de amor a la vida, a Paca, al flamenco, a Bach, a los hermanos Machado, a César Vallejo, a su madre, a Lorenzo Aguirre. Un libro hondo y conmovedor, que leí con el corazón sobrecogido y he dejado plagado de asteriscos, llamadas, subrayados y esquinas dobladas. Lo traeré a Mi casa en más de una ocasión.

(...)
Contempla todo esto, mujer de tu hombre.
Pongo a tus pies mi oferta de alegría,
lo que me queda por vivir, el arrepentimiento
agusanado, la gratitud florida. Tenme.
Pongo a tus pies lo que me queda.

Siempre fuimos más jóvenes que hoy:
nunca tan juntos. Nunca tan destino.
Éste era el premio. Y aquí está. Y ahora:
precisamente arrugamente ahora.
Nuestra vida reunida, cauterizada, entera: mírala.
Mírale la carita a la palabra Ahora:
cinco letras omnipotentes.
...Yérguete de la silla. Apóyate en mi brazo.
Ponte guapa, que estamos convidados
a una pizca de tiempo inmenso.

miércoles, 15 de febrero de 2012

El Prix Pictet expone en Madrid sus mejores trabajos


Kofi Annan, presidente honorífico del Prix Pictet, manifestó respecto a las obras presentadas en la última edición del certamen: "Estas imágenes profundizan nuestro conocimiento de los cambios que tienen lugar en nuestro mundo, aumentan la concienciación pública sobre la magnitud de la amenaza a la que nos enfrentamos y la urgencia de tomar medidas preventivas." En la sala de exposiciones del Jardín Botánico he visto una selección de las fotografías que han concursado el pasado año, todas referidas al crecimiento insostenible, a la degradación de la vida en la tierra. Y algunas son realmente impactantes, como la que abre el comentario, firmada por Chris Jordan.











American power es el título de la serie a la que pertenecen estas dos fotografías, firmadas por Mitch Epstein, el trabajo que se llevó el máximo galardón en la presente edición del premio.













Los rascacielos de Hong Kong son los protagonistas del trabajo presentado por el fotógrafo alemán Michael Wolf.












A la izquierda, una de las imágenes que el fotógrafo Nyaba Leon Ouedraogo captó en Ghana, y a la derecha una fotografía del artista coreano Yeondoo Jung perteneciente a su serie Evergreen Tower, en la que muestra un conjunto de imágenes de distintos apartamentos de este bloque de viviendas, todos idénticos pero decorados de forma diferente, 32 retratos de familia amables y coloristas, cuyo efecto, sin embargo, resulta desasosegante.

El año pasado fue la Delegación de Asturias en Madrid la que acogió en sus salas de exposiciones las obras galardonadas, exposición de la que os hablé en una entrada anterior. Recuerdo la belleza del trabajo ganador, el río Yang Tsé fotografiado por Nadav Kander.

martes, 14 de febrero de 2012

El Roto


El Roto, diario El País, 14 de febrero de 2012

Un lamento por el prerrománico


Hace unos días un amigo me recordaba algo no por obvio menos tan a menudo olvidado por los asturianos: los más importantes tesoros culturales de nuestra tierra, lo que le otorga su carácter de excepcionalidad son el arte prerrománico y el arte prehistórico. Cómo es posible que contando con un conjunto de joyas arquitectónicas únicas en el mundo hayan merecido históricamente tan escasa atención por parte de los poderes públicos? La fotografía que veis sobre estas líneas corresponde a Santa María del Naranco, un palacio construido en el siglo IX por el rey Ramiro I a pocos kilómetros de Oviedo, muy cerca de San Miguel de Lillo, abajo a la izquierda, iglesia mandada edificar por el mismo rey durante el mismo período. En ambos casos se permite la circulación rodada hasta casi el pie de los edificios, con los peligros subsiguientes para su conservación. Más grave aún es el caso de la iglesia de San Julián de los Prados (abajo a la derecha), también conocida como Santullano, mandada construir en el siglo IX por Alfonso II, hoy a las puertas de Oviedo y prácticamente lindando con la autopista que une a la capital del Principado con Gijón.












Hace unos días el diario El País se hacía eco de la presentación de una página web que recoge información sobre 4.000 monumentos románicos ilustrada con 60.000 fotografías digitales exclusivamente referidas a la península ibérica, en proyecto una próxima incorporación de la relativa a Italia y Francia. La iniciativa ha sido puesta en marcha por la Fundación Santa María la Real que preside el arquitecto y dibujante José María Pérez, más conocido por el nombre con el que firma sus viñetas, Peridis. Cuánto menos laborioso resultaría hacer lo propio con el prerrománico, circunscrito a un territorio tan pequeño como Asturias. Alguna institución de mi tierra podría tomar ejemplo.

lunes, 13 de febrero de 2012

El champú, por Juan José Millás


"Te mueres si haces cuentas, mejor no saber. Así, de entrada, fíjate, está el recibo de la luz, el del teléfono, el del agua, el recibo del gas, el de la comunidad de vecinos, el de la hipoteca, también el impuesto sobre bienes inmuebles, sobre la recogida de residuos urbanos, por no hablar del IVA de la carne, del de las verduras, del de los pañales del niño, por no hablar del IVA de la puta leche, y no te olvides de la letra del televisor, del coche a plazos, de la aspiradora a plazos, del ordenador chungo a plazos.

Te levantas de la cama, enciendes la lámpara de la habitación y ya está el contador dando vueltas dentro de la caja como una idea obsesiva dentro de la cabeza. Abres luego el grifo del agua y destapas el tubo del dentífrico para cepillarte los dientes, y sin haber puesto el pie todavía al pasillo has arrojado 30 céntimos por el sumidero del lavabo, como si en lugar de limpiarte las muelas las echaras. No hablemos de la espuma de afeitar ni del gel de baño ni del champú con acondicionador. El champú con acondicionador, fuera, sale más barato el anticaspa. Pero no tenemos caspa, dice ella. Como si la tuviéramos, dice él, y en cuanto al pasillo, desde hoy, a oscuras, lo conocemos de memoria. Pero a mí me da miedo, dice ella, por las apariciones.

¿Y quién se te aparece?, dice él. Tu madre, dice ella, la he visto dos veces en camisón corto, me hace un gesto así con la mano, como pidiéndome que me acerque para enseñarme una herida. Pues a mí se me aparece Ángela Merkel, dice él, y me echa el aliento en las narices. ¿A qué huele el aliento de Ángela Merkel?, dice ella. A chucrut podrido, dice él. Será que tiene caries, dice ella. Será, dice él, pero sigamos con las cuentas, a ver por dónde recortamos. ¿Y si nos liamos un porro y vemos una peli? dice ella. Vale, concluye él, pero el champú, anticaspa."

Publicado por el diario El País el 10 de febrero de 2012.

En el tren


Una pareja de mediana edad, a mi derecha, dormita beatíficamente, él con la boca abierta y ella con un suplemento de moda en el regazo, mientras el tren va recorriendo los últimos kilómetros que nos separan de Castilla. Asturias es estrecha, a un paso el Cantábrico de tierras castellanas.
Con la nariz pegada al cristal, me voy despidiendo de mi tierra.













Qué placer disfrutar de esta sucesión de imágenes portentosas, los broncos perfiles asturianos suavizados por la nieve, ese sol pálido iluminando apenas las nubes. En pleno día, un paisaje en blanco y negro. Y la temperatura cálida de mi vagón, La Traviata en mis auriculares, el Libro de Familia de Félix Grande a mano, y mi casa esperándome. Una fortuna.













Escribe Félix:

"Y cuando el Poder llegue, y de dolor el corazón te anegue
... con tu remoto espanto... y con la rabia, la belleza, el llanto
y el ritmo de la herida... ¡defiende a muerte y a compás tu vida!"














"Su nómina de llagas lo hizo nuestro maestro
mientras le salía afuera la luz del corazón"

Dedica estas palabras Félix a César Vallejo, y se me ocurre que bien podíamos referirla a él. Su nómina de penas, su luz del corazón. En fin. La belleza.

domingo, 12 de febrero de 2012

Whitney Houston, "I Will Always Love You"



Adiós a Whitney Houston.

George Grosz, "Un niño en la cámara de los horrores", por Manuel Vicent

"Sus primeros recuerdos eran imágenes de la planta superior de la logia masónica que regentaba su padre, donde se decía que el esqueleto de un Maestro Venerable dormía el sueño eterno dentro de un ataúd. El pequeño George oía comentar en voz baja a sus amigos del colegio que los masones sabían el día y la hora exacta de su muerte. Eso sucedía en la pequeña ciudad de Stolp, en la región de Pomerania. Cuando murió su padre y la familia se trasladó a Berlín para buscarse el sustento, Georg Ehrenfried, conocido luego por Grosz, siempre recordaría aquel paisaje de su niñez, el bosque, los prados, el río, los felices días de verano con olor a heno, y también las ferias con tómbolas, bailes y circos con payasos, que en su memoria iban unidos a los espectros de aquella siniestra buhardilla familiar y a la fantasía erótica de una noche en que a través de una ventana iluminada observó con la respiración contenida desde la oscuridad del jardín a una mujer joven, la madre de un compañero, que se desnudaba en su dormitorio antes de meterse en la cama con movimientos que le desvelaron por primera vez el misterio del cuerpo femenino.



















A George Grosz le fascinaban los relatos de crímenes y sucesos macabros que los sacamuelas exhibían con grandes carteles e ilustraciones panorámicas en los días de mercado popular. En 1910 la sociedad alemana todavía estaba inmersa en los valores aristocráticos, la brutalidad no se había apoderado de la vida pública, la gente aún se compadecía si moría de frío algún vagabundo, por eso en la fantasía del pequeño Georg todavía había orden en las cosas y el niño se divertía con los primeros garabatos extraídos de las historias de indios y tramperos que describía Karl May, el autor más famoso de la época; se extasiaba ante los heroicos húsares de Blücher y los ataques de la caballería pintados por Röchling. Copiaba ingenuamente las batallas de la guerra ruso-japonesa que venían en las revistas, pero este placer de las cosas en su sitio daba paso a la inquietud morbosa que sentía en la cámara de los horrores cuando llegaba la feria donde presenciaba escenas espantosas. Estaba lejos de imaginar que un día no lejano esta crueldad ficticia sería real y se convertiría en una obsesión estética que ya no lo abandonaría.












La armonía de aquel mundo feliz de la pequeña ciudad de Pomerania fue siempre un sustrato de la memoria de Grosz cuando en 1909 ingresó en la Königliche Akademie de Dresde para hacerse pintor. En 1912 siguió los estudios en el Museo de Artes y Oficios de Berlín, pero realmente George Grosz no tuvo maestros. Nunca le interesaron las lecciones de composición y perspectiva tal como se enseñaban entonces. El cubismo acababa de convertir la realidad en un montón de vidrios rotos. Eso mismo sucedía en la sociedad. No había más que mirar la calle. El artista perdió la ingenuidad rural y sirviéndose solo de su propia virginidad en los ojos comenzó a ver al mundo que le rodeaba como una profusión de insectos humanos. Su primer dibujo se publicó en la revista Ulk, suplemento satírico del diario Berliner Tageblatt. En 1913 George Grosz se fue a París. Bajo la influencia de Toulouse-Lautrec y Daumier comenzó a realizar dibujos obscenos y provocativos con una mente despiadada y de regreso a Berlín se dedicó a absorber la tragedia que se avecinaba por medio de personajes deformados por los placeres hedonistas bajo una perspectiva oblicua que en sus cuadros generaba una sensación de caos. Vientres abotargados como cubas, piernas de mujeres ajamonadas, caballeros esqueléticos con pinta mortuoria amontonados en peluches de los cabarés. Imitaba los dibujos satíricos que se publicaban en la revista Simplicissimus, de Bruno Paul. Bajo la premonición de una guerra inevitable los ciudadanos berlineses se divertían. Y llegado el momento sobrevino la explosión de cadáveres. Los cuadros de los expresionistas alemanes, de Otto Dix, de Schiele, Beckmann, Kirchner, comenzaron a tener sentido, pero Grosz era el más duro, el más sincero, el más suicida."

Me fascina la obra de George Grosz, personificación del arte degenerado repudiado por los nazis, el Grosz inclemente que grita su desprecio al poder, a lo burgués, a la belleza convencional, aunque, como señala Manuel Vicent en la fantástica semblanza del pintor cuyo arranque os ofrezco: "La historia de George Grosz es la de un artista que encontró su genio en medio de un mundo macilento, decadente y grosero de aquel Berlín de entreguerras y una vez colocado en medio del esplendor del capitalismo de Nueva York perdió la inspiración y sus cuadros comenzaron a amanerarse hasta resultar inexpresivos". Me fascina el Grosz predecesor de Lorca y Dalí en su persecución de "lo putrefacto". El texto de Vicent lo encontrareis completo en el diario El País de ayer sábado.

Un fotógrafo español gana el World Press Photo de 2011


Esta fotografía se ha alzado con el World Press Photo de 2011, y ha sido realizada por el fotoperiodista español Samuel Aranda. "Fue en octubre, en Sanáa (Yemen). Viajé con un encargo del New York Times: tres meses para fotografiar la revuelta. La tomé la primera semana. Era un día de manifestaciones. Los francotiradores del Gobierno disparaban a los manifestantes. La mujer tapada con el niqab estaba sentada junto a un hombre herido en la puerta de una mezquita convertida en hospital. Esperaba que la llamaran con entereza", declara Aranda en una entrevista publicada por el diario ABC ayer sábado. La foto es impactante y conmovedora, una actual La Piedad de Miguel Ángel.












El premio al mejor retrato ha correspondido a la poderosa imagen que veis a la izquierda, obra de Laerke Posselt. Y a la derecha otra fotografía impactante, ganadora en la categoría Temas contemporáneos. Según nos informa la Revista Arcadia.com en la imagen vemos a María, una prostituta adicta a las drogas, retratada en la habitación donde recibe a sus clientes. Firma la foto Brent Stirton.












Damir Sagolj captó la imagen de la izquierda, premiada en la categoría "Vida diaria", en la que vemos unos edificios de Pyongyang al anochecer y, decorando una de las ventanas, el retrato del fundador de Corea del Norte, Kim Il-Sung. A la derecha, la obra que recibió el primer premio en la categoría "Reportajes de temas contemporáneos". En la imagen vemos a Tahani, una niña yemení de seis años vestida de rosa, posando junto a su marido Majed, de 25. Cerca de ellos, su compañera de clase, Ghada, junto a su futuro marido. La firma Stephanie Sinclair y fue publicada en National Geographic.

sábado, 11 de febrero de 2012

A propósito del proceso a Baltasar Garzón














El Roto y Forges firman estas viñetas, publicadas por el diario El País el sábado 11 de febrero de 2012

Música de cámara en el Auditorio


Si una sinfonía o un concierto ejecutado por una gran orquesta tiene la virtud de envolverte y transportarte a otro mundo, la música de cámara parece susurrarte al oído, hablarte desde la intimidad del bis a bis propiciando la introspección. El dialogo que se establece entre dos o tres instrumentos te permite seguirlos en cada uno de sus movimientos, presenciar sus juegos como si te introdujeras entre las notas. Ayer el Auditorio nos ofreció un concierto precioso, con Adolfo Gutiérrez al violonchelo y Graham Jackson al piano, interpretando Fantasiestücke de Schumann, la Sonata núm. 1 para piano y violonchelo de Brahms, la Sonata núm 5 en re mayor de Beethoven y la Sonata para violonchelo y piano de Franck. Un programa maravilloso. Me llegó al alma especialmente la Sonata de Brahms, honda como toda su música. Carrascosa Almazán nos cuenta en el programa que el compositor la terminó en la primavera-verano de 1862, cerca de Baden-Baden, en una vivienda que alquiló en las inmediaciones del río Oos, rodeada de bosques. Solía levantarse temprano y dar un largo paseo. Luego componía hasta media tarde, con un breve descanso para el almuerzo. Me encanta imaginarme a Brahms paseando por el bosque, empapándose de las sensaciones que luego volcaría en el pentagrama. La sonata de Beethoven tiene un Adagio con molto sentimento d'affetto-attaca dulcísimo. Pero lo mejor de la noche, para mi gusto, fue la Sonata de César Franck, un regalo de boda del compositor al violinista Eugène Ysaÿe. Fue estrenada por este y por la pianista Madame Bordes-Pène en un museo de Bruselas durante un atardecer, sin utilizar más luz que la natural, de manera que cuando esta escaseó los instrumentistas tuvieron que finalizarla prácticamente de memoria. Su éxito fue inmediato, y no me extraña nada. Es dulce y melancólica, con tintes dramáticos y momentos de un enorme lirismo. Es hermosísima. Un descubrimiento.

Os dejo con Brahms.

"Defectos especiales", por Fernando Savater


¿Cuál es la diferencia entre un rostro bello y uno realmente atractivo? Pues que el bello omite los defectos y el atractivo los tiene, pero irresistibles. La perfección que respeta todas las normas clásicas merece el encomio gélido del museo, pero cuando la imperfección acierta nos la queremos llevar a casa y vivir con ella y para ella. Se hace admirar lo que cumple las pautas y se hace amar lo que las desafía. Y eso en todos los campos, eróticos o artísticos. Hasta en política...

Desde luego, así ocurre en literatura. Hace pocas semanas, confidencias internas de esas que nunca faltan en los jurados más opacos nos hicieron partícipes de los motivos por los que Tolkien no consiguió en su día el premio Nobel, como tampoco Graham Greene o Lawrence Durrell (por cierto, ese año se lo llevó Ivo Andric, que no era desde luego mal escritor). El presidente de los académicos suecos estableció que la prosa de Tolkien no estaba a la altura de las exigencias del reputado galardón. Probablemente la misma insuficiencia aquejaba a los otros dos escritores ingleses rechazados, por no hablar de Patricia Highsmith o Agatha Christie, que jamás fueron siquiera tomadas en cuenta a la hora de calibrar méritos.

Por lo visto para el académico sueco, de cuyo nombre no quiero acordarme ni me acuerdo, la prosa de los novelistas tiene vida propia: debe cumplir unos determinados requisitos ideales de excelencia, hable de lo que hable. Es como un rebozado, que debe ser crujiente y sin grasa tanto si cubre una gamba como un calamar. Yo puedo entender perfectamente que a alguien no le guste El señor de los anillos, allá cada cual con sus miserias, pero en cambio no comprendo que se desdeñe a Tolkien por su prosa. Vamos a ver, ¿qué prosa debería haber utilizado para contar su historia? ¿Una modelo Proust? ¿O quizá mejor tipo Lezama Lima? Y que conste que tampoco estos autores fueron premiados con el Nobel... Según ese exigente escandinavo ¿qué tono debería haber sido el de Tolkien para que no olvidásemos a Frodo y a Sauron? Porque da la casualidad de que con su prosa defectuosa no se las arregló mal del todo para hacerlos memorables. Pedirle una prosa mejor suena casi a reprocharle que no escribiera un libro peor...

Quizá en el fondo de lo que se acusa a Tolkien (como a Graham Greene y los demás) es de ser demasiado popular. ¡Cuándo sus libros gustan a tantos algo debe ser de baja calidad, por lo menos la prosa! Pero veamos otra prosa nada elevada, en este caso la de un autor más bien recóndito y desconocido del gran público: Raymond Roussel. Acaba de aparecer en castellano una excelente edición de Locus solus (Capitán Swing Libros), su obra principal, enriquecida con los comentarios de sus admiradores: Jean Cocteau, Michel Leiris, Michel Foucault, Gilles Deleuze, etcétera. Uno de ellos, Clément Rosset, habla precisamente del estilo de Roussel: "de una banalidad paradójicamente admirable... no admite en él más que el lugar común conocido y constatado, la expresión gastada y convenida, la palabra absolutamente plana y muda... que va victoriosamente en contra de todo lo aconsejable y recomendable". Sin embargo, no a pesar de una prosa tan censurable sino precisamente gracias a ella, Locus Solus es uno de los libros más original e imaginativamente literarios del siglo XX. Qué le vamos a hacer, habrá que resignarse a ello...

Desde luego, lo del Nobel es una anécdota que no debe magnificarse. Quienes lo han ganado sin duda lo merecían, aunque otros tampoco hubiesen desentonado en su palmarés: Tolstoi, Proust, Joyce, Kafka, Baroja, Borges... Cada uno con su prosa y sus defectos especiales, que les censuran los académicos y tanto les agradecemos los lectores."

Fernando Savater, diario El País, 31 de enero de 2012

viernes, 10 de febrero de 2012

A Baltasar Garzón


Luis Pérez Ortíz (LPO) es el responsable de esta viñeta.

Fantástico Maazel al frente de la Orquesta de París

El concierto que nos ofreció el martes pasado la Orquesta de París con Lorin Maazel a la cabeza fue una delicia. Uno de esos conciertos preciosos que te despiertan una sonrisa de placer al primer movimiento y continúas ronroneando como un gato ahíto de caricias cuando termina. Un concierto para todos los públicos, porque en buena parte estuvo dedicado al mundo de los niños. Y a Ravel, siempre tan brillante. Comenzó con Ma mère l'Oye, la pieza que Ravel dedicó a los hijos de sus amigos Cyprien e Ida Godebski (Cyprien era hermanastro de una mujer fascinante de la que os hablaré uno de estos días, Misia Godebska, el gran amor de Mallarmé, casada primero con Thadée Natanson, luego con Alfred Edwards y finalmente con José María Sert, musa de artistas), para la que se inspiró en los cuentos de Perrault. Se trata de una pieza deliciosa que, si no conocéis, os recomiendo fervientemente. Está compuesta por cinco movimientos correspondientes a otros tantos cuentos: Pavana de la Bella Durmiente del Bosque; Pulgarcito; Laideronette, emperatriz de las pagodas; La conversación de la Bella y la Bestia y El jardín de las hadas. El homenaje al cuento infantil contó también con El aprendiz de brujo, de Paul Dukas, que todos tenemos asociado a la película de Walt Disney, con Miki Mouse haciendo bailar a las fregonas, pero que escuchado en directo, interpretado por una orquesta espléndida y con el inmenso talento de Maazel a su servicio cobró una dimensión nueva para mí.



El resto del concierto volvió a estar protagonizado por Ravel. Philippe Aïche bordó como solista un precioso Tzigane; luego llegó la Rapsodia española para concluir con La Valse. El auditorio estaba entregado, y Maazel nos regaló un fragmento de La arlesiana, de Bizet. Una gozada.

Os dejo con el arranque de La Valse.