
Hoy me he debatido entre entrar en el texto que me estoy estudiando o no. Siento la vida ligera y zángana. Me he rodeado de belleza y me he dado mimitos, pero no consigo despegarme del hecho: sola. ¿Sola y feliz? ¿Sola y libre? Puede ser. Allá está el texto y aquí estoy yo. Me mira. Me inquiere. Yo, impertérrita (o lo intento). Cuando miro mi texto, creado únicamente para mí, me tengo que agarrar un poquito al asiento. Le temo y le ansío. Ese viaje fascinante también espejo de mi debilidad. Procuro entregarme a él, pero hoy va a ser que no. Hay días que son para una misma. Para decir un a la mierda grande y vigoroso. Hay días que ni siquiera son para escribir. Son para contemplar.
Hoy he hecho un poco de todo, pero sobretodo me he fagocitado a Marlango. Un grupo que cada día me tiene más asombrada, con esa mezcla de candidez, frescura y sencillez. Lo liviano de su último disco me tiene como una abejita frente a su encantadora. Me transporta. Y sus componentes destilan sabiduría en las entrevistas que me voy encontrando. Entonces todo tiene conexión. Entonces la belleza, el mar con su planeta, y lo artístico confluye en una mirada única. Les comprendo y eso hace que, en el día de hoy, sonría más ampliamente. Por esa luz renovadora y mágica. Por el arte.
María de Santiago
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