Claudio Tolcachir, según los críticos uno de los directores argentinos de teatro más interesantes de la actualidad, ha traído a los teatros del Matadero, este Festival de Otoño en Primavera, una trilogía: La omisión de la familia Coleman, Tercer cuerpo y El viento en un violín. Me perdí las dos primeras, pero el sábado he podido ver la tercera. Entre paréntesis, me encanta la remodelación realizada en el que fuera matadero de Madrid (en el portón que daba acceso a la sala podía leerse en un azulejo empotrado en la pared: cerdos), convertido hoy en un espacio cultural multidisciplinar.



Por la cuenta que me trae (soy madre), me interesó su tratamiento de la maternidad, ese ansia, muchas veces agobiante, por proteger a nuestros hijos y buscar desaforadamente su felicidad. Y me hizo pensar: no se trata, en ocasiones, de un acto de máximo egoísmo? Su infelicidad nos arruina la vida, y es nuestra imposición la que, a menudo, les impide encontrar su camino, privándoles de un sufrimiento consustancial al mero acto de vivir. La teoría es fácil, es la práctica la que todo lo embrolla. En fin, volviendo a la obra de teatro. Me gustaron la dirección de actores, la puesta en escena y las tesis que plantea la obra. Disfruté de una hora y media que pasó sin sentir. Quizá me sobró un cierto histrionismo, una manera "gritona" de decir. En cualquier caso, si tenéis oportunidad, pasaros por el Matadero. Merece la pena.
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