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jueves, 3 de mayo de 2012

El suicidio de Thomas Chatterton


Buscando en una sala de la Tate Gallery londinense el cuadro Lady Hamilton as Circe (hace tiempo que tengo pendiente hablaros de esta singular mujer, de apasionante biografía), pintado en 1782 por George Romney, me encuentro con este pequeño óleo firmado por Henry Wallis en 1856 y que representa el suicidio de Chatterton. Tomé nota de él porque en aquel tiempo tenía proyectado escribir sobre Pinturas suicidas, esto es, pinturas que representen suicidios, uno de tantos proyectos que han quedado en el tintero. Pero me sirvió para investigar algo sobre este personaje singular, convertido en héroe por los románticos, según algunos el inspirador de uno de los personajes más apasionantes de la literatura universal, el protagonista de Bartleby, el escribiente, de Herman Melville. También Thomas Chatterton trabajaba como escribiente en el despacho de un abogado.

Es muy probable que a Chatterton también le quepa la satisfacción de haber sido uno de los primeros escritores en crear un heterónimo. Su historia no tiene desperdicio. Huérfano de padre, en la escuela demostraba tal desinterés que fue expulsado argumentando sus profesores algún tipo de minusvalía intelectual. Tenía 5 años. A los 8 leía incansablemente asuntos tan alejados de los habituales intereses infantiles como medicina, música, astronomía o heráldica. A partir de la lectura de unos pergaminos del siglo XV que cayeron es sus manos se familiarizó con su lenguaje y, a los once años, escribió la égloga Eleonure y la vendió como un viejo manuscrito del XV. A partir de entonces se dedicó a la falsificación de textos antiguos, historias y poemas que copió en pergaminos y vendió como manuscritos medievales. Su autor, el inexistente monje medieval Thomas Rowley.


La madre Wikipedia dice: "A Rowley se sumaron otras figuras fantásticas, aunque todas ellas con algún asidero en la historia oficial. Chatterton les hizo componer poemas, baladas, genealogías, biografías y autobiografías, piezas periodísticas y teatrales y sátiras. Los hizo conocerse mutuamente, escribirse cartas, editarse, anotarse, traducirse. Creó un mundo paralelo. Avejentó su ortografía y su papel untándolo con ocre y restregándolo contra el piso de ladrillo, y compuso un diccionario Rowley-Inglés/Inglés-Rowley basado en diversos diccionarios y obras antiguas."

Poco a poco los expertos fueron sospechando, Thomas vio su medio de vida amenazado y fue cayendo en una depresión de la que sus amigos pretendieron sacarle enviándole a pasar una temporada a Londres. Allí luchó por sobrevivir escribiendo cuentos y canciones para publicaciones populares. Pero el 24 de agosto de 1770 se suicidó tras ingerir arsénico, a los 17 año. "En el fondo de sus extraordinarios ojos grises había un incendio", dicen que escribió Horace Walpole, autor del Castillo de Otranto, libro que adoro y del que ya os hablé hace algún tiempo. Y el poeta Samuel Taylor Coleridge, aún sabiendo que todo era una falsificación, aseguró que estaban escritos "en el inglés más puro que haya existido jamás." Su muerte fascinó a artistas y escritores del XIX. Y a mi.

3 comentarios:

  1. Si no la has leído, te aconsejo la buenisima obra de Alfred de Vigny, Chatterton. Saludos

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  2. Muchísimas gracias, queda apuntado. Lo buscaré. Un abrazo

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