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viernes, 24 de mayo de 2013

El Roto

El Roto, diario El País, 24 de mayo de 2013

10 comentarios:

  1. Que no, Sol, que no me desajunto. Fatalmente estamos embarcados en un viaje vertiginoso en dirección hacia la constelación de Hércules y este Jano bifronte (si fuese sólo bi...) no afloja la mordida. Portero de galones y cancerbero en una pieza, guardo y franqueo puertas de incierto itinerario...
    Puede que allegro (ma non troppo), nunca lento, vivace (decías), siempre scherzando, andante empedernido, ataco con brío no siempre justiciero, si cuadra maestoso..., más trágico que comediante, o así me percibo en los libretos que me han tocado en suerte (para mí que Júpiter me tiene ojeriza: alguna ninfa le habré levantado).
    Pero qué importa mi daguerrotipo, Sol; se va yendo la gente que nos colmó de flores la mente juvenil. Lo cierto es que miro en derredor y no advierto a casi nadie con aquel carisma añorado; a lo mejor soy yo que tengo cerrados los poros por los que penetren los destellos capaces de conmoverme igual que antes. Pero claro que aún quedan muchas cosas por las que vivir. Sólo que -inexorablemente- hemos cambiado. Siempre digo que para mejor. Pero esta convicción a veces me flaquea.
    Georges Moustaki in memoriam.

    Un beso, amiga mía.

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    1. Sí, hemos cambiado. Al menos yo, que ya no creo ni en la belleza de las piernas de Miss Universo. Pero, cuando escucho a Moustaki, y a algunos otros, vuelvo a ser la que fui, y al compararme con quien soy no me disgusta ni el resultado ni el camino. El mundo no es el que soñé, pero al menos disfruto de mi compañía. No es poco; eso creo.
      Parece ser que Moustaki me pone estúpidamente solemne. Mis disculpas, y un beso.

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  2. Yo sí creo en la belleza de las piernas de Miss Universo (no hace falta mirar tan alto: las de Miss Olloniego te aseguro que son muy bonitas). Pero no las cambiaría por las mías, sobre todo si fuese para subir al puerto ("tengo de subir al puerto aunque me cubra la nieve...") Estoy seguro de que tampoco por las tuyas, ya que son los pilares de un edificio delicado y armónico y, aunque queden fuera de encuadre, se suponen de arquitectura acorde con lo que veo que emerge entre nimbos y cirrocúmulos. Y ahora me sobreviene el recuerdo de la enlutada Juliette Greco. Ahí queda eso.
    Y ya en serio..., yo también estoy encantado de haberme conocido. Pero -cosa curiosa- hubo veces en que me hubiese cambiado por cualquier simple de Marca, videoclub y vacaciones en Benidorm. Eso es cuando aprieta la galerna y, entre relámpagos y rachas huracanadas, me cuestiono el sentido de ... Pero creo que no digo nada original, todos tienen su corazoncito y no conviene despreciar el almita de la gente. Pero lo dicho: aguantado el tirón de los elementos, enderezado el rumbo, concluye uno en que ha tenido la suerte de poseer cierta rareza en la mirada, que hace de él un pescador de aguas abisales. Y a veces cobra alguna pieza memorable.
    Y, eso, Sol: no me cambio por cualquiera. Como vos hacéis, señora.
    Y, aventada al espacio cibernético esta soflama de sábado in the morning, me voy a ver cómo va la floración de mis árboles, que el otro día estaban que parecían nevados.
    Besos, Sol.

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    1. Santa Bárbara bendita! Has tenido que elegir Olloniego; no podías haber dirigido tu mirada a las piernas de Miss Lugones, Ibias o Tapia de Casariego? Directo al corazón de la cuenca de mis ojos!
      Besos domingueros

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  3. Deduzco, Sol, que bien pudiéramos ser parientes porque, en uno de esos mamotretos de heráldica, hallé pistas que entroncaban uno de mis apellidos con el de los señores de la Torre de aquella localidad ribereña del Padre Nalón. Y lo deduzco, en parte, por esa exclamación tuya tan elocuente que me pone en la pista de tus tiernas raíces de xana trasplantada al secano mesetario.
    Lejos de mí la curiosidad impertinente, me reservo no obstante el derecho a maquinar ensueños de caballero en cota de mallas que exige, adusto, el peaje a unos cómicos castellanos que han cruzado el puente. Vio el caballero a la beldad que descendía del carromato y prendose della en el momento. Cortó de un tajo una rosa de camelia y ofreciósela galán a la doncella, que sobrecogida, diole las gracias entre arreboles y cándidas miradas, asaz elocuentes del trémulo acorde que le vibraba en el pecho. Amáronse por cinco meses, al cabo de los cuales el caballero hubo de partir con sus mesnada en auxilio del Rey de Castilla, que asaltaba las murallas de Toledo. Murió en la lid mi caballero, al tiempo que en las Asturias de Oviedo le nacía una su hija... (to be continued).

    ¿Quién dice que se aburre, si tiene un lápiz y un papel al alcance del alma, Sol?
    Un beso.

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    1. Jajajaja, me encantas. Eres total. Pero no soy de Olloniego, sino de Uvieu de toda la vida. Si leyeras más mi blog (o sea, si me fueras un poco fiel), te habrías enterado, porque traigo a mi ciudad cada dos por tres. Son otros los lazos que me unen a la Cuenca en general y a Olloniego en particular, más referidos al trabajo y a raíces laborales familiares. Allí trabajó mi abuelo, uno de los pocos jefes de pozo que bajaban todos los días, boina en ristre, cuando la silicosis era azote de propios y extraños. Yo seguí sus pasos años después, aunque colateralmente. La historia no hace más que repetirse, mi buen caballero. Pero acepto encantada esa camelia. Besos

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  4. No te veo yo bajando al pozo, con la boina calada hasta las cejas y una lámpara minera colgada del escote...
    No.

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    1. No, con boina, no. Siempre he bajado con mi casco.

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  5. ¡¡¡¿¿¿¿¿¿¿!!!
    Glub.

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