




A finales de octubre. El día está revuelto, como el mar. Cuando llego el cielo está cubierto y el mar, oscurísimo, es una masa amenazante. Pero se desata el viento y las nubes se van abriendo. A ráfagas fortísimas (luego me entero de que alcanzaron los 120 Km por hora), pierdo pie y me veo arrastrada si no me agarro a la baranda de madera. El mar se revuelve y se aclara, grandes masas de espuma blanca saltando sobre la roca, grandes lenguas blancas lamen la base de los farallones.


A la derecha del cabo se recorta la costa asturiana hasta donde alcanza la vista, los prados asomándose al mar. A la izquierda, aristas rocosas vivísimas se precipitan. El viento levanta gotas de agua y me azota, empapándome. El faro se yergue a mi espalda.



Hola, me pasaba de casualidad.
ResponderEliminarDejo mi huella :)
Un beso!
http://ahoraquenosbesamostandespacio.blogspot.com/
Buena baranda de madera tenía que ser y peligroso rondar por allí, pero 120 Km/h creo que sí te habrían tirado, hay quien dice que hasta los 140/150 no vuelas. Para ir a esos sitios con ese tiempo, hay que tomar precauciones, aunque la belleza es tal, que te hace cometer locuras. Por cierto, yo tambien he visto el doble arcoiris enterito en el mismo sitio.
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