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domingo, 8 de enero de 2012

"Mañana en la batalla piensa en mí", de Javier Marías



" Nos avergonzamos de demasiadas cosas, de nuestro aspecto y creencias pasadas, de nuestra ingenuidad e ignorancia, de la sumisión o el orgullo que una vez mostramos, de la transigencia y la intransigencia, de tantas cosas propuestas o dichas sin convencimiento, de habernos enamorado de quien nos enamoramos y haber sido amigo de quienes lo fuimos, las vidas son a menudo traición y negación continuas de lo que hubo antes, se tergiversa y deforma todo según va pasando el tiempo, y sin embargo seguimos teniendo conciencia, por mucho que nos engañemos, de que guardamos secretos y encerramos misterios, aunque la mayoría sea triviales. Qué cansado moverse siempre en la sombra, o aún más difícil, en la penumbra nunca uniforme ni igual a sí misma, con cada persona son unas zonas las iluminadas y otras las tenebrosas, van variando según su conocimiento y los días y los interlocutores y las ambiciones, y nos decimos constantemente: "Ya no soy lo que fui, he dado la espalda a mi antiguo yo". Como si llegáramos a creernos que somos otros de los que creíamos ser porque el azar y el descabezado paso del tiempo van variando nuestra circunstancia externa y nuestros ropajes."

Recupero de mi librería Mañana en la batalla piensa en mí, de Javier Marías, uno de tantos libros que compré en su día y nunca leí, no sé bien por qué. Me la recomendó un amigo escritor, Ricardo Menéndez Salmón, espléndido novelista de cuya obra os he hablado en alguna ocasión, y la he leído de un tirón. Él me adelantó, y luego pude comprobar, el fantástico arranque de la novela, y me hizo ver la dificultad de mantener su pulso hasta el final cuando las primeras cincuenta páginas poseen esa fuerza. Solo un pero: esa vocación exhaustiva de Marías, ese afán por dejar constancia de todo matiz, de cualquier alternativa a la cuestión que está planteando resulta, en ocasiones, agotador, y termina distrayéndome. Así y todo, sin grandes alharacas, una buena novela.

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