
He elegido un hotel frente al Guggenheim y, al llegar, se produce el milagro. Se abre una grieta entre las montañas de nubes y el sol ilumina el museo. Las placas de titanio se vuelven doradas, su silueta se refleja en las losas de caliza húmeda del pavimento. Este museo es una joya a la que la luz viste caprichosamente de colores. Un espectáculo extraordinario.
Ha dejado de llover. La ciudad brilla. Camino por la Gran Vía de Bilbao, veo pasar a la gente, abrigada y presurosa, con esa distinción característica. Me entretengo contemplando las magníficas fachadas de sus edificios, los escaparates de las tiendas. Y recuerdo el poema de Blas de Otero, poeta bilbaíno:
"Si algo me gusta, es vivir.
Ver mi cuerpo en la calle,
hablar contigo como un camarada,
mirar escaparates
y, sobre todo, sonreír de lejos
a los árboles..."
Blas de Otero habla en muchas ocasiones de Bilbao en sus poemas, explícita o implícitamente. Pero el suyo es el Bilbao industrial, indigente, beato, adúltero e hipócrita de aquella época oscura. Es el infierno que algunos autores vascos de este siglo y de finales del anterior satanizaron. El que encontramos en su poema Muy lejos.
Llovía en Bilbao, pero a mi la lluvia me abraza, levanta esos olores de la tierra que necesito tanto como el comer, y que tanto añoro.



Así le canta Ute Lemper a la ciudad. Me encanta este Bilbao song compuesto por Kurt Weill musicando el poema de Bertolt Brecht.
Creo que los pavos de la familia real noruega, tambien van a ir a Bilbao y "of course" vivirán como los bilbáinos, beberán chacolí y por supuesto verán ese mural del casco viejo esquina J.ETXEBARRIA "KAMAROI" KANTOIA. Seguro que despues del viaje "asiático" y tras vivir como el "pópolo", no irán al maravilloso museo que muestras, pues como serán "paletos", no les dejara, entrar. Además, y dicho sea de paso, seguro que es el frio, pero el/lo/la responsable del comunicado tiene las neuronas congeladas y no para ver cultura. Bonitas fotografías.
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