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lunes, 24 de octubre de 2011

Un viaje a Segovia



Dice la leyenda que Segovia fue fundada por Hércules Egipcio, bisnieto de Noé, en el año 1076 a. d. C. De lo que sí se tiene certeza es de que en ella habitaron íberos, arévacos, vacceos y celtas. Pero fueron los romanos, hace dos mil años, los que colocaron a esta ciudad en la historia.













Quizá el imponente puente romano y el Alcázar sean, junto con la Catedral, los monumentos más conocidos de Segovia, pero su encanto reside en sus rincones, en sus calles y plazas, en los palacios e iglesias diseminados por toda la ciudad. Comenzando por su impresionante Catedral, cuya primera piedra se colocó en 1525. No es la primera vez que viajo a Segovia, pero el puente romano me sigue maravillando como si lo fuera. Se trata de una construcción del siglo I d. d. C. realizado con sillares en seco, sin ningún tipo de cemento o argamasa, de 728 metros de longitud y casi 29 de altura. El agua corría por un canal trazado en la parte superior del acueducto.













El interior de la Catedral es una joya y alberga un conjunto de obras de arte impresionantes. Tallas de Juan de Juni, de Gregorio Fernández, retablos de Sabatini, pintura de Ambrosio Benson. Cada capilla lateral es una belleza. Mientras realizaba la visita un organista probaba el magnífico órgano de la Catedral. Todo un lujo.





























Como veis, las capillas son magníficas. La que os muestro a la izquierda creo recordar que es la del Sacramento, con el Cristo de la agonía, de Manuel Pereira, talla que perteneció a los marqueses de Lozoya. A la derecha, la preciosa entrada al claustro, que os muestro a continuación.














Los claustros de conventos, monasterios y catedrales siempre me inspiran la sensación de algo secreto e íntimo, misterioso.



















No recuerdo el nombre de esta capilla, pero me encantaron los cuadros que adornan sus laterales, sobremanera el que os muestro abajo, en cuya parte superior puede leerse la siguiente leyenda: "Mira que te has de morir, mira que no sabes cuando. Mira que te mira Dios, mira que te está mirando."


















No puedo terminar sin mostraros tres maravillas que llamaron mi atención: la Sala Capitular, que alberga un precioso crucifijo del siglo XVI perteneciente a la Escuela de Valladolid, el facistol de Vasco de la Zarza, de estilo plateresco, ubicado en el centro del Coro; y la carroza custodia precedida por los símbolos de los cuatro Evangelistas, obra de Ragael Gonzalez, del siglo XVII.



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