
Olvidar es facultad de dioses, y tiene que ver con pasar página, mirar hacia delante, no guardar rencor ni a los otros ni a la vida. Ver la botella medio llena, y no medio vacía, ayuda a ser feliz. Porque ser feliz no depende tanto de lo que es como de la manera en que lo percibimos. Es una manera de mirar, una actitud. Y es el reflejo de haber cerrado el círculo en nuestro interior, de haber logrado la suficiente armonía como para trasladarla a la realidad, por mediocre que esta sea.
Pienso en estas cosas esta mañana, mientras escucho, una vez más, el Concierto de Año Nuevo retransmitido por TV desde Viena, y sucumbo a la tentación del balance. ¿Cuánto me he traicionado? ¿cuantas veces no me he atrevido? ¿cuánto he perdido, qué he ganado? ¿cuánto he de perdonarme y perdonar a los otros? ¿cómo transformar en sueños las pesadillas? ¿cómo aceptar el fin de lo que amamos y seguir amando la vida? Cada cual es un problema matemático que sólo a cada uno cabe resolver.
Sé que a mi me salva la belleza.
Te salva la belleza y el amor, tal vez son la misma cosa. Qué rápido pasa todo ¿verdad?, Qué vértigo. Y esa amante, la felicidad, que siempre va dos pasos por delante.
ResponderEliminarTe deseo, de verdad, toda la felicidad
Ax2+Bx+C[derivada del tiempo/infinitesimal del espacio]* Pura vida = FELICIDAD. Que tengas de todo ello, mucho.
ResponderEliminarVilo también, escuchelo pero no pregunteme nada acerca, ni del presente, ni del futuro. Sólo dejé que deslumbraseme.
ResponderEliminarSiempre, la felicidad que mereces. Y besos, a mansalva.